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Comité de Ética Asistencial del HUA

Los miembros del Departamento de Bioética y del Comité de Ética dan la bienvenida a los lectores de este espacio. Semanalmente se publicarán comentarios de noticias de último momento relacionadas con bioética,[...]

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27/07/2012

Creencias controvertidas

El caso de los Testigos de Jehová

La muerte de una joven en Entre Ríos y el grave riesgo para su vida de un joven en la capital por rechazar una transfusión debido a sus convicciones religiosas reactualizó una polémica: ¿Tiene límites la libertad de conciencia?
Sergio Rubín
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Los recientes casos de una mujer que murió en Entre Ríos por un grave cuadro de anemia y el riesgo de vida que corrió un joven baleado en un intento de robo en Buenos Aires, ambos tras rechazar una transfusión de sangre debido a sus convicciones religiosas como testigos de Jehová, reactualizó el debate acerca de si el respeto a la libertad de conciencia y religiosa debe ser absoluto o si el Estado tiene que poner algún límite.

La sensibilidad moderna, sumado a un ambiente cultural poco valorativo de las creencias religiosas, hacen que opciones como las de Iris Fracalossi y Pablo Albarracini -los protagonistas de los últimos episodios de una larga saga aquí y en todo el mundo- resulten incomprensibles, por no decir crueles, para muchos. Pero, más allá de una discusión teológica -los Testigos de Jehová se basan en una interpretación peculiar de la Biblia para rechazar una transfusión-, ¿puede cercenarse la libertad de conciencia y religiosa que, al decir de Juan Pablo II, por estar íntimamente anclada a la esfera más íntima de persona, constituye la razón de ser de las otras libertades?

El titular del Consejo Argentino para la Libertad Religiosa (CALIR) -que agrupa a expertos de diversos credos-, Octavio Lo Prete, destaca que la libertad de conciencia "es un derecho humano y, como tal, encuentra su fundamento en la dignidad humana. Lo cual exige que las personas sean ''dejadas solas'' por el Estado cuando deciden sobre cuestiones esenciales de su vida". Y señala que esa libertad, en general junto con la religiosa y de pensamiento, está reconocida en los principales instrumentos internacionales". De hecho, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre (1948) dice en su artículo 18 que "toda persona tiene derecho a la  libertad de pensamiento, de conciencia y de religión (…)".

Por otra parte, en la encíclica Pace in Terris, el Papa Juan XXIII subrayaba que "cada uno tiene el derecho de honrar a Dios siguiendo la norma justa de su conciencia". Y el Concilio Vaticano II dice, en Dignitatis Humanae, que los actos internos voluntarios y libres en el ejercicio de la religión "no pueden ser mandados ni prohibidos por un poder meramente humano".

 

Ahora bien: ¿Esa libertad tiene límites?

La doctora Nelly Espiño, miembro del Comité de Etica Asistencial del Hospital Austral, dice que "el caso del respeto a la decisión del paciente, como principio general, tiene excepciones importantes. Por ejemplo -señala-, que el paciente no tenga convicciones firmes, o tenga menores a su cargo, o sea único sostén familiar, o esté comprometida la salud pública". Pero precisa que "en términos generales, decisiones como no someterse a una transfusión de sangre deben ser respetadas, incluso en la certeza de que sin ella el paciente morirá".

La Dra. recordó que en el caso de Albarracini este manifestó su voluntad de no recibirla en un documento refrendado en sede judicial por su esposa. También Fracalossi había asentado por escrito su decisión. Lo Prete coincide con Espiño. Y agrega: "Los límites son necesarios para proteger la seguridad, el orden, la salud o la moral públicos, o los derechos y libertades de los demás; por eso, en materia de transfusiones, un padre no puede decidir en  representación de su hijo".

El vicepresidente de Relaciones Externas de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas, el pastor Gastón Bruno, introduce una diferencia relevante. Reconoce que "es indispensable garantizar la plena libertad de conciencia. Es una prerrogativa constitucional y un valor constitutivo de la vida en democracia". Destaca que "la conciencia expresa los valores, la  ética, la fe, y cualquier avasallamiento o violación de este derecho supone un grave acto de discriminación primero y de ilegalidad después. Como individuos nos definimos en base a nuestra conciencia, por encima aun de la construcción colectiva". Pero luego dice que "la defensa de la vida ocupa el primer lugar en un orden de prioridades. Después continúa la libertad de conciencia". Y completa: "También es cierto que los derechos personales tienen el límite de no transgredir los de los demás. No es justificable, en nombre de la libertadde  conciencia, la violación de derechos de terceros". Finalmente insiste en considerar "prioritario exclusivamente la defensa absoluta de la vida y su conservación".

El fallo de la Corte, que se pronunció a favor de respetar la voluntad de Albarracini luego de que su padre, en desacuerdo con la decisión de su hijo, presentara un amparo para que pudiera ser transfundido, mereció el acuerdo de Espiño y Loprete. Para Espiño, está "en un todo de acuerdo a las circunstancias familiares, la validez del documento de directivas anticipadas y tiene en cuenta que no hay intereses afectados. Además, agrega que para el máximo tribunal no existen razones para dudar de que el acto por el cual Pablo manifestó su voluntad fue hecho ''con discernimiento, intención y libertad''". Señala que aplica el artículo 19 de la Constitución que dice que "las acciones privadas de los hombres (…) están reservadas sólo a Dios". Y que tiene en cuenta la llamada ley "de muerte digna" recientemente aprobada. A su vez, el CALIR subrayó en un comunicado que "la aceptación de la decisión del paciente" por la que se pronuncia la Corte "se funda en su derecho a la intimidad y a la autodeterminación, pero también, y sobre todo, en su libertad religiosa y de conciencia".

 

Pero, ¿qué decirle a aquellos que cuestionan decisiones como las de los Testigos de Jehová y ven una expresión de fanatismo? Por el pronto, el pastor Bruno considera que el concepto "fanatismo" debe ser tomado con mucho cuidado dado que "es susceptible de avanzar sobre la libertad toda vez que ''alguien'' considere subjetivamente como fanatismo lo que, en realidad, es convicción. Si no se altera ''otro'' derecho, prima la libertad de conciencia".

En tanto, Lo Prete acepta que "son decisiones difíciles de comprender porque, en general, las decisiones tienen fundamentos religiosos y vivimos en una sociedad bastante secularizada". Pero dice que "hay que tratar de entender que muchas personas viven su fe de una manera seria y desean trasladar sus convicciones a todos los aspectos de su vida.  Resulta doloroso y desesperante para los familiares, pero considero que debe primar su voluntad. Es natural que se generen reacciones adversas. En este caso particular no veo fanatismo, sino coherencia. La persona no quiere morir, sino vivir de acuerdo con sus creencias".

AUTOR: SERGIO RUBIN


05/06/2012

Derechos del paciente, caso del Testigo de Jehová

Foto: lanacion.com

 

  Los derechos del paciente ante el fallo de la CSJN en el caso del Testigo de Jehová



El reciente fallo de la CSJN representa la primera aplicación práctica de la ley 26529. Publicitada como la ley que regiría la autodeterminación del paciente “in artículo mortis”, dejó en un segundo plano las directivas o voluntades anticipadas  que, desde la sanción de la ley, los ciudadanos de la Argentina pueden hacer en libre uso de sus facultades en cualquier momento.

Así es como Pablo Albarracini, se adscribió al culto religioso de los Testigos de Jehová grupo que, junto con Christian Science y Scientology concentran la mayor cantidad de dilemas en el mundo en cuanto a la atención sanitaria se refiere.

El caso que nos ocupa, el de Pablo Albarracini, por sus creencias religiosas como Testigo de Jehová, suscribió las directivas anticipadas en el 2008, por las cuales dejó expresada su voluntad: “no recibir transfusiones de sangre completa, glóbulos rojos, glóbulos blancos, plaquetas o plasma bajo ningún concepto aunque el personal médico las crea necesario para salvarme la vida”. Este documento fue declarado válido por la CSJN y tiene fuerza jurídica en la causa por haber pasado, anteriormente, por un escribano público.

En el fallo, la CSJN también estudia el grado de consolidación del paciente con el grupo religioso,  ya que su padre lo había puesto en duda incluso en varios medios de comunicación. La directiva nunca fue revocada hasta la fecha, e incluso el Sr. Albarracini formalizó matrimonio con una miembro del grupo en diciembre de 2011. Es por ello que el Tribunal, considera que  su adhesión a los Testigos de Jehová se encuentra firme hasta la fecha.

Su actual esposa y representante ante esta instancia de inconsciencia en la que se encuentra, manifestó, por otra parte, que negaba la transfusión para su marido alegando que no hay interés público involucrado en el caso. En cuanto al interés público al que se hace referencia, la Corte debió ponderar algunas situaciones como, por ejemplo, si el sustento de la familia dependía del trabajo del paciente, si el mismo tenía menores a cargo, razones de salud pública y el interés en mantener la integridad ética de la profesión médica cuyo objeto es procurar la salud de quienes se confían a su cuidado.

Toma en cuenta antecedentes jurisprudenciales en los que primó la libertad de conciencia y la libertad religiosa como principios constitucionales, pero en un tono armónico con la reciente ley 26529 de derechos del paciente y su reforma por ley 26742,  interpreta que esa decisión voluntaria, libre y discernida de firmar las directivas, conforman un ámbito de autonomía privada que el Estado debe respetar. Es decir, no perjudicar a terceros, aunque las razones del rechazo a las transfusiones puedan parecer irracionales. De allí que, en aplicación del art. 19CN sobre las acciones privadas, consagra la autonomía de la conciencia y la voluntad personal fundados en la libre creencia del sujeto en los valores que lo determinen.

Se destaca el aporte del Dr. Carlos Fayt sobre el esta garantía constitucional: ”Los derechos esenciales de la persona humana, relacionados con su libertad y con su dignidad, comprenden el señorío del hombre sobre su vida, su cuerpo , su identidad, su honor, su intimidad y sus creencias trascendentes que, en cuanto tales y en tanto no ofendan al orden, a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero gozan de la más amplia protección constitucional que llega incluso a eximirlos de la autoridad de los magistrados.”

En tales circunstancias y, mientras las directivas no sean revocadas ni por el representante designado ni por el paciente (si está en condiciones de hacerlo), la negativa o el rechazo de la transfusión “no significará la interrupción de aquellas medidas y acciones para el adecuado control y alivio del sufrimiento del paciente”- art. 2º. Y art. 11 de la Ley 26529.

Buenos Aires, Junio 2012

Autora: Nelly Espiño- Comité de ética asistencial HUA


23/12/2011

¿Qué es un embrión humano?

ROMA, jueves 15 diciembre 2011 (ZENIT.org).- Ofrecemos a los lectores un artículo clarificador de Francisco José Ballesta, de la Facultad de Bioética del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, de Roma, Italia, sobre lo que se entiende por embrión humano y las consecuencias de la reciente sentencia europea acerca de la imposibilidad de patentar productos de la experimentación con embriones.

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Por Francisco José Ballesta


El pasado 18 de octubre el Tribunal de Justicia de la Unión Europea emitió una sentencia (en el asunto C34/10) en la que, entre otras cosas, declaraba lo siguiente: “El artículo 6, apartado 2, letra c), de la Directiva 98/44/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 6 de julio de 1998, relativa a la protección jurídica de las invenciones biotecnológicas, debe interpretarse en el sentido de que: Constituye un «embrión humano» todo óvulo humano a partir del estadio de la fecundación, todo óvulo humano no fecundado en el que se haya implantado el núcleo de una célula humana madura y todo óvulo humano no fecundado estimulado para dividirse y desarrollarse mediante partenogénesis.”


El centro de la atención recayó inmediatamente sobre las circunstancias que habían causado esta declaración (el conflicto jurídico entre Oliver Brüstle y Greenpeace) y el reconocimiento de la condición de embrión humano a “todo óvulo humano a partir del estadio de la fecundación”, tradicional caballo de batalla en los debates sobre el aborto y las técnicas de reproducción asistida extracorpóreas. Toda la terminología biológica que distingue, desde el punto de vista descriptivo, entre las diferentes etapas del desarrollo embrionario (cigoto, mórula, blastocisto…) tiene exactamente el mismo valor que la que usamos para describir las etapas posteriores en el desarrollo fetal y postnatal (niño, adolescente, adulto…). En todos los casos estamos hablando de un ser humano en diversos momentos de su desarrollo (embrionario, fetal o postnatal). Importante contar con este tipo de declaraciones que resuelven las dudas sobre el asunto de quien todavía pudiera tenerlas después de las confirmaciones que nos da cada día la ciencia.


No menos importante es la afirmación de que también constituye un embrión humano “todo óvulo humano no fecundado en el que se haya implantado el núcleo de una célula humana madura y todo óvulo humano no fecundado estimulado para dividirse y desarrollarse mediante partenogénesis”. El óvulo humano es una célula muy especial, que podríamos calificar de “oro biológico”, muy cotizada en los sectores de la reproducción asistida y de la investigación de base sobre la reproducción humana y las primeras etapas del desarrollo. Esta célula tiene la capacidad, entre otras cosas, de reprogramar, hasta cierto punto, el DNA de las células diferenciadas poniéndolo en un estado similar al del DNA del cigoto. Sólo tenemos que acordamos de la oveja Dolly para saber lo que puede llegar a suceder en estos casos (clonación). Esta célula especialísima, tiene también la capacidad de iniciar el desarrollo embrionario sin la presencia de un espermatozoide que la fecunde (partenogénesis). La activación espontánea es rara en el ser humano aunque sucede alguna que otra vez, dando origen a desarrollos embrionarios que se desvían de la normalidad (Simard, 1957. Oliveira, 2004. Weiss, 2006). Existen muchos experimentos de clonación y de activación partenogenética artificial de los óvulos en diversas especies y también de óvulos humanos. La declaración que estamos considerando nos está diciendo que hay que ampliar la extensión del concepto “embrión humano”, con todo lo que ello significa, por lo menos a estas dos situaciones.
¿Qué sucederá en el futuro con muchos otros casos, análogos a los descritos, que son el resultado de los experimentos que se realizan en tantos laboratorios? (Findlay, 2007). ¿Llegaremos a admitir que se trata también de embriones humanos, o de la especie de que se trate en cada caso?


Una cosa es segura: existen muchas fecundaciones defectuosas, así como manipulaciones que dan origen a desarrollos embrionarios iniciales que después se detienen o desvían por causas diversas. Todo parece indicar que mientras este desarrollo es “normal” estaríamos ante un embrión desarrollándose, cuando empieza a manifestarse el desarrollo anormal podríamos hablar de un desarrollo embrionario patológico y, en el caso de una desviación extrema o de la detención del desarrollo, de un embrión que ha dejado de existir.


11/10/2011

Alegato a favor del respeto a la vida

Autor: Robert Spaemann
Stuttgarter Zeitung, 26 de octubre de 2005
(Traducción de José María Barrio)

 

La pretensión de dar muerte, a petición suya, a personas gravemente enfermas, o también a aquellas que ya no sean capaces de expresar ese deseo mediante una clara manifestación de su voluntad, está siendo nuevamente planteada de manera enérgica e insistente después de un período latente de unos cincuenta años. Incluso un ministro de la CDU ha respaldado la tesis de que habría que ir más allá de la legislación holandesa: poder dar muerte sin mediar el deseo del paciente.


Quienes reclaman la implantación de la eutanasia generalmente intentan que no se asocie su exigencia con la práctica criminal ejercida por los nazis. Pero esta asociación no puede obviarse. Hace ya mucho tiempo que se detectó. En relación con los procesos seguidos contra los médicos que practicaron la eutanasia en el III Reich, el médico americano Leo Alexander escribió en 1949 que «todos los que se ocuparon del origen de esos delitos manifestaron con toda claridad que fueron desarrollándose poco a poco a partir de detalles insignificantes. Al comienzo se apreciaban sutiles modificaciones de acento eutanásico en la actitud fundamental. Se empezaba diciendo que hay circunstancias en las que ya no se puede considerar que una persona lleva una vida digna, consideración ésta que es primordial para el movimiento pro eutanasia. En un estadio inicial esa postura se refería solamente a los enfermos graves y crónicos. Cada vez se fue ensanchando más el campo de quienes caían bajo esa categoría, y así se extendió a los socialmente improductivos, a los indeseables desde el punto de vista ideológico, a los que eran clasificados como racialmente indeseables… No obstante es decisivo reconocer que la actitud respecto a los enfermos incurables fue el sórdido detonante que tuvo como consecuencia ese cambio total de la conciencia».
La diferencia esencial entre la práctica de entonces y la seguida en la actualidad estriba en que las muertes de enfermos psíquicos de aquella época (en las cuales se probó por primera vez el método del gaseamiento) se produjeron sin fundamento jurídico alguno, por lo cual el obispo de Münster, Clemens August von Galen, pudo presentar también una denuncia por asesinato, que naturalmente fue rechazada. En aquel oscuro período órdenes secretas del Führer hicieron ineficaz el brazo de la Ley. Pero hoy en Holanda la ley también es ineficaz “sin órdenes de un Führer”. Después de legalizar la muerte a petición, las muertes despenalizadas sin petición previa han llegado a miles, de manera que los ancianos holandeses a menudo prefieren huir a las residencias de ancianos alemanes. Ya en el 2001 un tercio de estas eliminaciones se perpetró por dictamen médico, o por deseo de los familiares.


Se dirá que en aquel entonces los individuos enfermos eran eliminados en interés del bien del pueblo, con objeto de ahorrar costes sanitarios, mientras que hoy deberán morir por su propio interés, cuando la vida ya no posea ningún valor para ellos. Esta observación pasa por alto que los nacionalsocialistas también argumentaban sobre la base del interés del paciente y de su dignidad.
La película titulada Ich klage an (“Yo acuso”), que en su momento promovió Joseph Goebbels con actores de primera fila, muestra a una mujer joven enferma de esclerosis múltiple a la que un médico amigo rehúsa, por convicción, aplicar la inyección letal, y a la que su marido, igualmente médico, mata por compasión, después de una conmovedora despedida, denunciando posteriormente ante los tribunales la ley que le prohíbe semejante ayuda. Tampoco el teólogo debería cometer el error de socorrer a alguien informándole de que Dios ha dado al hombre el entendimiento de juzgar por sí mismo cuándo llega el momento de partir. Ante unos niños ingresados en la clínica con invalidez severa, a la mirada del médico le bastan unos pocos segundos para quedar ciega y comenzar a deslizarse por un plano inclinado que de hecho terminaría consolidando el abismo del asesinato en masa.


Los dictámenes psiquiátricos que en aquella época enviaban a los pacientes a la muerte no delatan que la cuestión en juego fuera el dinero, o el interés colectivo, sino más bien el interés de aquellos a los que habría que liberar de una vida carente de valor. Naturalmente que detrás de esto se hallaba el interés político, en especial de la política en unos tiempos tan oscuros. Ante el hecho de que la nueva llamada a la eutanasia halle hoy eco coincidiendo, de forma puramente casual, con un momento en que el desarrollo demográfico plantea de forma cada vez más aguda el problema de la asistencia a los ancianos… ¿quién desea hablar de buena conciencia? Hoy, como entonces, ahí se ofrece una salida que posee el encanto de una más barata solución final. ¿Pero puede permitirse tal salida una sociedad humana?


A mi juicio, los argumentos que se aducen en contra de la eutanasia son concluyentes para todo el que acepte la fuerza de la razón. El fundamento de nuestro ordenamiento jurídico es el respeto del hombre a sus semejantes. Ese respeto no debe condicionarse a la presencia de determinadas características o circunstancias. El único criterio que debe prevalecer es la pertenencia al género humano. De lo contrario cabría matar, por ejemplo, a las personas que estuvieran dormidas o inconscientes. Y generalmente sería una decisión de la mayoría la que determinara a qué hombres se les debe garantizar los derechos como persona y a cuáles no. Si fuera éste el caso, entonces el reconocimiento de los derechos humanos se convertiría en una concesión. Los hombres no pertenecerían a la familia humana por derecho propio, sino que serían adoptados en ella bajo determinadas circunstancias. Y así ya no se podría hablar de derechos humanos.
Se insiste entonces en que hay que considerar al hombre como sujeto libre precisamente porque se respeta su capacidad de disponer sobre su propia vida. De hecho, el ordenamiento jurídico no sanciona la tentativa de suicidio. Por cierto que ha habido filósofos, desde Platón a Wittgenstein, que han considerado el suicidio voluntario como algo esencialmente rechazable. Sin embargo, la competencia de la comunidad jurídica termina cuando alguien desea marginarse de esa estructura interpersonal. Si quiere hacerlo, entonces ha de hacerlo solo, puesto que todo el que se presta a ayudarle en esa actuación, o incluso la lleva a cabo en su lugar, se encuentra dentro de esa estructura. So pretexto de respetar al otro como sujeto libre, éste no puede destruir ese mismo sujeto de libertad. Aquí valen las palabras de Hegel: «La obra de la libertad absoluta es la muerte». Y ningún hombre tiene el derecho de exigirle a otro que le diga: «Tú no debes seguir existiendo».


Es obligado aclararle que él no posee ese derecho, pues si lo tuviera sería inevitable que ese derecho se convirtiera en deber. Si poseyera ese derecho, entonces también cargaría con la responsabilidad total por todos los cuidados y atenciones, por todos los costes y privaciones que devenga de sus semejantes. Podría librarse de esa carga de un plumazo en lugar de gastar el “patrimonio familiar”. ¿Qué hombre sensible no sentiría en tales circunstancias el deber moral de secundar el silencioso gesto que le está sugiriendo: “Ahí tienes la salida”? La posibilidad legal de la muerte a petición produce esa misma petición. Hay aquí una lógica férrea.


El tema de la autodeterminación sigue siendo problemático en este caso. Hay que hacer esfuerzos para no ver aquí una actitud cínica. Las investigaciones han puesto de relieve que la mayoría de las peticiones de suicidio asistido no se han debido a grandes dolores, sino a situaciones de abandono. Casi siempre desaparecen tales deseos —en caso de que no se trate de algo enfermizo— cuando un semejante, que puede ser incluso el médico, muestra un interés auténtico y efectivo por la vida del enfermo. En el momento de los dolores más agudos y de una autonomía muy reducida, en el que el paciente necesita precisamente la entrega abnegada del otro, la solidaridad y el alivio de sus dolores, constituye una excusa cínica poner en suerte una ficticia autodeterminación, en el fondo para sustraerse uno de esas obligaciones.


“Tú ya no debes existir” es la expresión más extrema de falta de solidaridad. Ante el paciente el médico representa la aprobación de su existencia por parte de la comunidad solidaria de los vivientes, aún cuando no le fuerce a vivir. Justamente en momentos de inestabilidad anímica, cuando la conciencia está en condiciones catastróficas, el médico, o incluso el psiquiatra, podría especular sobre el deseo del paciente de dejarse quitar de en medio, y esperar entonces el momento de poder ejecutar dicho deseo.


Entre las causas que objetivamente han contribuido a la reedición del pensamiento eutanásico también se encuentran las nuevas prácticas de prolongación artificial de la vida [medicina intensiva], con la consiguiente explosión en los gastos sanitarios. La oposición al movimiento eutanásico sólo puede justificar su firme resolución si tiene en cuenta estos factores objetivos. Es desde luego cierto que desde hace mucho tiempo en nuestro país se muere de forma miserable. Sobre todo en clínicas, es decir, en casas que no están hechas para morir, sino para curar. En una clínica se lucha contra la muerte, como es natural, aunque esa lucha finalice siempre con la capitulación. Pero la capitulación frecuentemente acontece demasiado tarde. Después de que los enfermos o ancianos sean obligados a vivir de cualquier modo, a pocos les quedan ganas de“bendecir lo temporal”. A la muerte finalmente se sucumbe. La “eutanasia activa”, es decir, matar, es tan sólo el reverso de un activismo que cree estar obligado a “hacer algo” hasta el último momento, si no con la vida, entonces con la muerte. A la vista de nuestras posibilidades técnicas, la medicina ya no puede continuar secundando el principio de mantener toda vida humana en todo momento mientras sea técnicamente posible. No puede hacerlo por razón de la dignidad humana, que también pide un digno dejar morir. El ensañamiento terapéutico tampoco es viable por razones económicas.


Los medios de que disponemos son, a su vez, limitados. A la hora de distribuirlos hemos de ponderar con criterios secundarios algo que de suyo es imponderable, la vida humana. Esto es evidente, por ejemplo, en el asunto de la escasez de órganos para donación y trasplante. También hay que tener en cuenta un criterio restrictivo en los gastos diagnósticos y terapéuticos, si bien en ningún caso vale ese criterio para los gastos relacionados con la atención y el cuidado. ¿Realmente tiene que soportar una persona anciana de 88 años, que ha sufrido una hemorragia cerebral y permanece inconsciente, una costosa operación dos días antes de su fallecimiento? ¿Hay que gravar con esos gastos a la comunidad solidaria de los asegurados?
A la vista de las crecientes posibilidades de la medicina, la ética médica tiene que desarrollar nuevos criterios para establecer los protocolos de la actuación ordinaria, criterios según los cuales hemos de sostener a las personas enfermas, prestándoles la atención y suministrándoles los cuidados médicos de acuerdo con la edad, expectativas de curación y demás circunstancias personales. Quien censura la renuncia al empleo de medios extraordinarios y la califica de muerte por omisión, prepara el camino —frecuentemente de modo intencionado— el camino para la “activa ayuda a morir” [eutanasia], esto es, para matar. El movimiento hospitalario, y no el movimiento pro eutanasia, es la respuesta digna y humana a la situación actual. La iniciativa y la solidaridad son las fuerzas que hay que movilizar ante los problemas que nos salen al encuentro, cuando la salida barata queda cerrada inexorablemente. Si el morir no se entiende como parte del vivir, entonces se abre paso la cultura de la muerte.


02/09/2011

El debate por el caso de Camila (II)

Artículo del diario La voz de San Justo, de Córdoba, para el cual entrevistaron a la Dra. Nelly Espiño, miembro del Comité de Ética Hospitalaria del HUA.

 

“No hay muerte digna, lo que es digno es el paciente”

El caso de Camila Sánchez, la niña de dos años que permanece desde su nacimiento en estado vegetativo permanente, reabrió en nuestro país el debate en torno a la muerte digna y el pedido de su familia de “desconectarla” no hace más que recrudecer la difícil situación. Varios proyectos para legislar sobre la materia esperan su revisión y debate tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado.
Los criterios acerca de cómo actuar en estas situaciones se multiplican en el seno de distintos comités de bioética. Los más conservadores recuerdan que el enfermo es un ser humano y que como tal merece respeto y cuidado. Además, señalan que el compromiso médico lleva a tener que cuidar del paciente hasta que se produzca su muerte espontánea, sin inducirla o forzarla.
“No hay muerte digna, el que es digno es el paciente. Lo que es pasible de dignidad es el ser, no el ‘no ser’ que es la muerte. Lo que tenemos es un paciente en este caso frente a la muerte que quisiéramos, no solamente ese paciente sino todos, que afrontáramos el proceso de muerte con la dignidad que merecemos como seres humanos”, aseguró la doctora en Bioética y Biojurídica, Nelly Espiño del Hospital Universitario Austral quien analizó el polémico tema en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO.
La doctora Espiño aseguró que “desde el punto de vista de la bioética estas dos palabras juntas ‘muerte digna’, han sido utilizadas por los militantes de la eutanasia en Europa y que llevaron al dictado de las leyes en los tres únicos países del mundo en los que está autorizada, que son Holanda, Bélgica y Luxemburgo”.
Espiño explicó que “la eutanasia no tiene rating en el mundo de la bioética, en el mundo cultural de hoy porque la medicina ha desarrollado toda una gama de cuidados que se llaman paliativos y que la Organización Mundial de la Salud ha considerado que son de extrema necesidad en toda institución médica el desarrollar la formación de médicos y la creación de departamentos de cuidados paliativos”.
Agregó que “cuando un enfermo está en una situación terminal o que ya la medicina realmente no tiene una posibilidad de sacar adelante al paciente, se le deben cuidados de analgesia para aliviarse el dolor. Estos cuidados paliativos implican no solamente la disminución de los dolores sino que proporcionan alivio a todos los síntomas angustiantes para el paciente, cuando está en una situación terminal”.
“Esto no implica ni acelerar, ni aplazar la muerte, simplemente esperarla como una situación natural de una situación médica en la que se encuentra un paciente determinado”, advirtió.
La doctora aseguró que “realmente son casos graves, pero para los cuales, desde la ética y aún desde la doctrina de la Iglesia hay respuesta. Cada caso es único y particular porque lo que es desproporcionado para un paciente puede ser proporcionado para otro, según las circunstancias”.


El caso de Camila que disparó el debate
La doctora Espiño aseguró que el caso de Camila “disparó” el debate en el Congreso. Estimó que antes de una ley “es necesario reglamentar la Ley 26.529 que contempla los derechos de los pacientes”.
Analizando el caso de Camila en particular y como integrante del Comité de Bioética de la Universidad Austral, la doctora Espiño consideró que “desde el punto de vista ético, aquí hay un tratamiento desproporcionado por los resultados, además de oneroso para la familia, se le puede retirar el respirador y se le debe dejar el sostén ordinario de hidratación y nutrición. A partir de allí queda en las manos de Dios”.
Aclaró que “integro el Comité de Ética de la Universidad Austral y para poder hablar de un caso tenemos que conocer las cuestiones y los detalles clínicos del caso, porque necesitamos dar a la opinión pública una fundamentación profesional de este caso en particular”.
Explicó que “Camila tiene un estado vegetativo persistente, son pacientes que tienen una injuria cerebral, que puede tener diversos grados de lesión en el sistema nervioso. Esto quiere decir que puede respirar más, que puede respirar menos, que su sistema circulatorio está bien, pero que no tienen una lesión del sistema encefálico como tienen quienes tienen muerte cerebral, que permitan declararlos muertos”.
Resaltó que “por eso digo que Camila está viva y es un ser tan digno como cualquier otro ser vivo. Hay pacientes en estado vegetativo permanente que no tienen respirador y están en su casa. Camila podría estar en su casa con el respirador previo conocimiento por parte de la familia en los cuidados”.


Encarnizamiento terapéutico
Al mismo tiempo aclaró que “el tema es que ante el grado de lesión cerebral que tiene Camila se considera a esta altura un encarnizamiento terapéutico y estudiando los datos clínicos de Camila consideramos que hay encarnizamiento terapéutico”.
Explicó que “el encarnizamiento terapéutico es el uso de métodos desproporcionados a los resultados que se esperan de recuperación de un paciente y que hacen posible el retiro de soportes vitales”.
"Esto es –detalló- porque Camila de por vida tendría que usar el respirador artificial, por lo tanto ella nunca va a poder tener independencia en alguna medida de ese respirador. Por supuesto que no se puede saber qué puede pasar cuando se le saque el respirador, acción a la que los médicos llaman destetado”.
Espiño aseguró que “en estos casos, habiendo un encarnizamiento terapéutico porque el tratamiento con el respirador no le va a dar ningún tipo de resultado a largo plazo, interrumpir ese tratamiento que es desproporcionado a los resultados que se pueden obtener, es legítimo”.
La especialista en bioética afirmó que “desde la bioética y desde la doctrina de la Iglesia este caso está contemplado, pero desde el punto de vista legal la institución necesita un consentimiento informado, firmado por ambos padres, en donde está la Patria Potestad y por lo tanto la responsabilidad sobre la persona y los bienes de sus hijos. Con este consentimiento desligarían de responsabilidad a los médicos sin necesidad de una ley”.


Antes de la ley se deben reglamentar normas
La doctora Espiño opinó que “el caso de Camila ha sido disparador para que se analicen proyectos en el Congreso. Los proyectos que existen no atienden el caso de estos enfermos de estado vegetativo persistente, son para los enfermos terminales y agónicos y no es el caso. Este caso se tomó como excusa para sacar este tipo de leyes”.
Recordó que “la Ley 26.529 que es la ley de derechos del paciente que no está reglamentada. Acá en Argentina primero tendríamos que reglamentar una ley marco de derechos del paciente que contuviera también la protección de la dignidad humana en el proceso del final de la vida”.


02/09/2011

El debate por el caso de Camila

En las últimas semanas, el caso de Camila Sánchez, la niña de dos años que permanece desde su nacimiento en estado vegetativo permanente, reabrió en nuestro país el debate en torno a la eutanasia y el encarnizamiento terapéutico. Los integrantes del Comité de Ética Hospitalaria del HUA participaron activamente en debates y artículos periodísticos para expresar su opinión. Compartimos la columna de opinión que escribió el Dr. Rafael Pineda, director del Departamento de Bioética de la Universidad Austral. Fue publicada en Clarín el 19/08/2011.

 

"El caso de Camila, la hija de Selva Herbón, ha replanteado el debate acerca de la “muerte digna”. Deseamos sumar elementos que contribuyan a aclarar qué se entiende por muerte digna y qué valoración merece, así como llamar la atención sobre la necesidad de comprender a los padres cuando, en la intensidad del dolor por el estado de su hija, solicitan que la “dejen ir”, sin olvidar que esta niña, como ser humano, exige el respeto a su condición. Los médicos tenemos la obligación de emplear los medios terapéuticos proporcionados para devolver la salud, siempre que sea posible. Para evaluar esa proporcionalidad, deben confrontarse el tipo de tratamiento, el grado de dificultad y el riesgo que comporta la aplicación, los gastos necesarios y las posibilidades de que su empleo sea beneficioso para el paciente. No es correcto aplicar medios terapéuticos desproporcionados. Tampoco es aceptable prolongar la vida a toda costa: es lo que se entiende como encarnizamiento terapéutico. En ese caso, los medios son absolutamente desproporcionados.

 

La cuestión central es la dignidad del paciente. Desde este punto de vista, se busca proteger la integridad de la persona brindándole los cuidados paliativos ordinarios: hidratación, alimentación e higiene. Estas normas constituyen no solo una especialidad médica, sino también la demostración más cabal de respeto del ser humano.

 

Si se entiende por muerte digna el rechazo del ensañamiento terapéutico o del empleo de medios desproporcionados, ésta sería aceptable. En este caso se estaría permitiendo que la persona muriera en paz, sin una intervención médica que la acelerara o la retrasara. Si, en cambio, por muerte digna se considera la provocación de la muerte de un paciente que aún tiene chances de vida, no sería éticamente correcto.

 

Lamentablemente, muchas veces se emplea el primer concepto en defensa del segundo. El gran tema de fondo es: ¿quién decide por la propia vida cuando uno es incapaz de hacerlo? ¿Pueden otros decidir en contra de lo que es el buen actuar médico?".


06/04/2011

Comités de bioética en el Hospital Austral

El departamento de bioética de la Facultad de Ciencias Biomédicas tiene una finalidad académica de investigación, docencia y asesoramiento. Pero en el Centro Académico de Salud, que forman esa Facultad y el Hospital Universitario Austral, funcionan dos comités, encargados de resolver cuestiones relacionadas con la bioética: el comité institucional de evaluación y el comité de ética asistencial.

 

Un vigilante de las investigaciones
El Comité Institucional de Evaluación (CIE) es un grupo de personas de distintos oficios y profesiones que se dedican a analizar y controlar ensayos o pruebas de investigación (protocolos) antes y durante su aplicación. La ciencia en general y la medicina en particular se basan en los resultados de estos ensayos para perfeccionar y progresar en sus áreas.
Uno de los objetivos principales del CIE es asegurar que la participación de personas en estas pruebas sea totalmente libre y voluntaria.
Otro, de mayor importancia, es establecer las normativas para que el paciente, que voluntariamente esté participando, no quede expuesto a riesgos inapropiados en relación con los beneficios que pueda recibir.
Para cumplir con estos objetivos, el CIE exige a las empresas que patrocinan el estudio, a los investigadores y al sitio donde se realizará la investigación, que cumplan con una serie de requisitos éticos y de seguridad.

 

Un organismo que asesora
El Comité de Ética Asistencial del Hospital Universitario Austral tiene funciones consultivas, educativas, de investigación y asesoramiento al Consejo de Dirección. Sus  funciones básicas son:

a) Estudiar, deliberar y ofrecer asesoramiento sobre los aspectos éticos de las consultas clínicas y administrativas que se le dirijan por parte del Consejo de Dirección, los Departamentos, Servicios y pacientes o sus familiares.
b) Hacer propuestas sobre los aspectos éticos del trabajo asistencial realizado en el Hospital.
c) Potenciar la sensibilidad y la educación sobre los problemas de ética biomédica de quienes trabajan en el Hospital.


Además, el Comité de Ética del Hospital podrá asumir otras funciones, tales como:
a) Colaborar en la preparación de materiales que sirvan para la educación ética de todo el personal sanitario.
b) Estudiar las implicancias éticas de los errores que hayan podido cometerse y que son puestos en conocimiento del Comité de Ética del Hospital para desarrollar medios y criterios que eviten su reiteración, mediante la reflexión conjunta con la persona implicada.
c) Promover la realización de trabajos de investigación en ética biomédica en estrecha conexión con el Departamento de Bioética de la FCB.
d) Recoger las inquietudes y problemas que puedan afectar a quienes trabajan en el Hospital y a aquellas personas que son asistidos en él.

Próximamente se publicarán artículos de los integrantes de estos dos comités.

 

Dr. Rodolfo Séller y Pbro. Gustavo Páez


15/03/2011

El testamento del doctor Nathanson

Buenos Aires, 15 Mar 11 (AICA)

 

El pasado 21 de febrero falleció Bernard Nathanson, el médico que de “rey del aborto”, como se lo llamó, se convirtió en uno de los más importantes defensores de la vida humana desde la concepción. Su cambio radical de médico abortero a médico pro-vida, se concretó a través de evidencias científicas. En 1992 escribió: “Como científico yo no creo sino que sé y conozco que la vida humana comienza en la concepción”. A casi un mes de su fallecimiento publicamos una carta pública escrita por el doctor Nathanson, que es como su testamento y que los propiciadores del aborto tratan de ocultarla para que no se conozca. Por eso la publicamos.

Nathanson se reconoció responsable directo de la muerte de 75.000 niños no-nacidos. Abandonó la industria del crimen del aborto en 1979. Su testimonio, especialmente mediante películas: “El Grito Silencioso” (1984) y “El eclipse de la razón” (1987) y de su autobiografía “La Mano de Dios” (1996), es capital para el esclarecimiento y la promoción de la defensa de la vida del niño no-nacido en todo el mundo.

En 1992, escribió una carta pública que constituye un testimonio excepcional y una advertencia a tener muy en cuenta, sobre todo en los países que sufren la presión abortista para legalizar el crimen del aborto. En dicha carta explica cómo se legaliza el crimen del aborto, cómo hacerse con los medios de comunicación, cómo falsificar estadísticas, cómo jugar la carta del anticatolicismo y cómo ignorar la evidencia científica.

El texto de la carta, que con motivo del fallecimiento del doctor Nathanson publicó el boletín electrónico “Noticias Globales”, es el siguiente:

 

Carta abierta del doctor Bernard Nathanson
“Soy responsable directo de 75.000 abortos, lo que me empuja a dirigirme al público poseyendo credibilidad sobre la materia.

Fui uno de los fundadores, en 1968, de la Asociación Estadounidense Pro Derechos de Aborto en los Estados Unidos. Entonces una encuesta veraz hubiera establecido el hecho de que la mayoría de los norteamericanos estaban en contra de leyes permisivas sobre el aborto. No obstante, a los 5 años logramos que la Corte Suprema legalizara el aborto, en 1973. ¿Como lo conseguimos? Es importante conocer las tácticas que utilizamos, pues con pequeñas diferencias se repitieron con éxito en el mundo Occidental.

Nuestro primer gran logro fue hacernos con los medios de comunicación; los convencimos de que la causa pro aborto era favorable a un avanzado liberalismo y sabiendo que en encuestas veraces seríamos derrotados, amañamos los resultados con encuestas inventadas y las publicamos en los medios; según ellas el 60% de los estadounidenses era favorable a la implantación de leyes permisivas de aborto.

Fue la táctica de exaltar la propia mentira y así conseguimos un apoyo suficiente, basado en números falsos sobre los abortos ilegales que se producían anualmente en los Estados Unidos. Esta cifra era de 100.000 (cien mil) aproximadamente, pero la que reiteradamente dimos a los medios de comunicación fue de 1.000.000 (un millón). Y una mentira lo suficientemente reiterada, la opinión pública la hace verdad.

El número de mujeres que morían anualmente por abortos ilegales oscilaba entre 200 y 250, pero la cifra que repetían continuamente los medios era 10.000 (diez mil), y a pesar de su falsedad fue admitida por muchos estadounidenses convenciéndolos de la necesidad de cambiar las leyes sobre el aborto.

Otro mito que extendimos entre el público, es que el cambio de las leyes solo implicaría que los abortos que se practicaban ilegalmente, pasarían a ser legales. Pero la verdad es que hoy el aborto es el principal medio para controlar la natalidad en los estados unidos. Y el número anual de abortos se incrementó en un 1.500%, 15 veces más.

La segunda táctica fundamental fue jugar la carta del anticatolicismo.

Vilipendiamos sistemáticamente a la Iglesia Católica, calificando sus ideas sociales de retrógradas; y atribuimos a sus jerarquías el papel del "malvado" principal entre los opositores al aborto permisivo. Lo resaltamos incesantemente. Los medios reiteraban que la oposición al aborto procedía de dichas jerarquías, no del pueblo católico; y una vez más, falsas encuestas "probaban" reiteradamente que la mayoría de los católicos deseaban la reforma de las leyes antiaborto. Y los tambores de los medios persuadieron al pueblo americano de que cualquier oposición al aborto tenía su origen en la jerarquía católica y que los católicos pro aborto eran los inteligentes y progresistas. El hecho de que grupos cristianos no católicos, y aun ateos, se declarasen pro vida, fue totalmente silenciado.

La tercera táctica fundamental fue denigrar o ignorar cualquier evidencia científica de que la vida comienza con la concepción.

Frecuentemente me preguntan qué es lo que me hizo cambiar. ¿Cómo pasé de ser un destacado abortista a un abogado pro vida? En 1973 llegué a ser Director de Obstetricia en un gran Hospital de Nueva York, y tuve que iniciar una unidad de investigación perinatal; era el comienzo de una nueva tecnología que ahora usamos diariamente para estudiar el feto en el útero materno. Un típico argumento pro aborto es aducir la imposibilidad de definir cuándo comienza el principio de la vida, afirmando que ello es un problema teológico o filosófico, no científico.

Pero la fetología demuestra la evidencia de que la vida comienza en la concepción y requiere toda la protección de que gozamos cualquiera de nosotros.

Usted podría preguntar: ¿Entonces, por qué algunos doctores, conocedores de la fetología, se desacreditan practicando abortos?

Cuestión de aritmética: a 300 dólares cada uno, un millón quinientos cincuenta mil (1.550.000) abortos en los Estados Unidos, implican una industria que produce 500 millones de dólares anualmente. De los cuales, la mayor parte van a los bolsillos de los doctores que practican el aborto.

Es claro que el aborto voluntario es una premeditada destrucción de vidas humanas. Es un acto de mortífera violencia. Debe de reconocerse que un embarazo inesperado plantea graves y difíciles problemas. Pero acudir para solucionarlo a un deliberado acto de destrucción supone podar la capacidad de recursos de los seres humanos; y, en el orden social, subordinar el bien público a una respuesta utilitarista.

Como científico yo no creo, sino que sé y conozco que la vida humana comienza en la concepción. Y aunque no soy de una religión determinada, creo con todo mi corazón que existe una divinidad que nos ordena terminar para siempre con este triste y vergonzoso crimen contra la humanidad”. Dr. Bernad Nathanson.

 

Fuente: AICA.


15/03/2011

“La legalización del aborto es innecesaria"

Elard Koch, doctor chileno experto en salud pública, expuso esta mañana en la Cámara de Diputados de la Nación los resultados preliminares de una investigación que refuta uno de los argumentos pro-abortistas más fuertes. Además, el especialista aseguró que las cifras de abortos en la Argentina están “sobreestimadas” y que la clave es la educación de la mujer.

Una reciente investigación de la Universidad de Chile demostró que no existe vínculo alguno entre la despenalización del aborto y la reducción de la mortalidad materna. Esto desafía el actual paradigma que defiende la legalización para resguardar la salud de la mujer. De hecho, los estudios, basados en la caída de la mortalidad materna en Chile en los últimos 50 años, hallaron que luego de la prohibición del aborto en ese país en 1989, las muertes disminuyeron.
El líder de la investigación, Dr. Elard Koch, presentó los hallazgos esta mañana en la Cámara de Diputados de la Nación. Entre 1960 y 2007 recopiló material tanto del período de aborto legal en Chile (de 1931 a 1989), como de la fase ilegal (de 1989 hasta hoy): “Nos interesaba pesar los argumentos científicos para ver si una ley que prohíbe el aborto es realmente nociva para la salud materna en el tiempo”, explicó.
El grupo analizó cada uno de los determinantes que influyeron en que el país trasandino goce hoy de la menor tasa de mortalidad materna de Latinoamérica y demostraron, en primer lugar, que “la legislación contra el aborto no aumentó la mortalidad materna por esta causa, sino que, por el contrario, la redujo un 84%”. En segundo lugar, descubrieron que fue la Ley General de Educación de 1965 la responsable de la mayor caída en la mortalidad materna: “Vimos que el factor principal, por encima del acceso a la cobertura de salud incluso, era la educación. La mujer chilena más culta cambiaba su conducta reproductiva, tenía mayor autonomía y más conciencia de lo que significa un embarazo y tener hijos”, aseguró Koch.
Otra de las conclusiones más importantes del estudio chileno es que la legalización del aborto aumenta los abortos. “Una eventual despenalización del aborto en la Argentina, incrementaría los abortos a petición 2 veces en los siguientes 10 años y 5 veces tras 50 años. Si el objetivo de un país es reducir el número de abortos, quedó demostrado que una legislación que protege la vida del ser humano por nacer combinado con estrategias de salud pública y de educación adecuadas, no solo disminuye la mortalidad materna, sino que en el tiempo logra controlar el problema del aborto y llevarlo a una estadística mínima como la que hoy tenemos en Chile”, culminó el Dr. Koch.

 

Cifras infladas
De acuerdo con el profesor Koch, “el número de abortos clandestinos informados para la Argentina recientemente, está sobreestimado”. Partiendo de estadísticas oficiales, aplicó un modelo de embarazos esperados en un año según la tasa de fecundidad y la proporción de mujeres en edad fértil, y llegó a la conclusión de que el número de abortos ilegales en el país ronda los 46.000 casos anuales. Un número muy alejado de los 400.000 planteados por Human Rights Watch en el 2010. 

 

Acerca del Prof. Elard Koch
El Dr. Elard Koch es profesor asistente y director de investigación en atención primaria y salud familiar en la Universidad de Chile. Es además Magíster en salud pública y actualmente dirige el Chilean Maternal Mortality Research Initiative (CMMRI), un proyecto de investigación de 3 años (2009-2011), impulsado por la Universidad de Chile, cuyo propósito es estudiar la mortalidad materna en los últimos 100 años (1909 a 2009), incluyendo la mortalidad por aborto.


08/10/2010

Jornada de periodismo, ética y salud

Los que integramos el Comité de Bioética del Hospital estamos organizando por primera vez una jornada en Pilar destinada a periodistas. La actividad, que se repetirá cada año, busca brindar herramientas teóricas y prácticas que sean útiles a la hora de informar noticias de ciencia.

Esta vez, contaremos con la presencia del Dr. Lap Chee Tsui, invitado especialmente de China, donde es vicecanciller y presidente de la Universidad de Hong Kong (http://www.answers.com/topic/lap-chee-tsui). Como líder durante dos años (2000-2002) del Proyecto del Genoma Humano, disertará sobre los desafíos científicos una década después.

Además, se realizará una Mesa Redonda con prestigiosos periodistas científicos locales, que compartirán las claves para tener en cuenta al cubrir noticias de salud, y plantearán los desafíos bioéticos y científicos al divulgar el conocimiento médico.

La actividad es gratuita y está auspiciada por la Universidad Austral, con el objetivo de realizar un aporte a la comunidad periodística y favorecer la calidad informativa sobre temas de salud y ciencia.

 

 

Fecha: Martes 16 de noviembre.
Lugar: Hospital Universitario Austral (Av. Pte. Perón 1500, Pilar, Bs. As.)
Hora: 9:30 a 13:30
Actividad Gratuita

Para más información: misrael@cas.austral.edu.ar


26/07/2010

Proteger al vulnerable

La palabra vulnerable proviene del latín: vulnera significa “heridas”. En sentido etimológico, un ser vulnerable es aquél que puede ser lastimado, y ése es el significado que da el Diccionario de la Real Academia Española.

En el uso habitual, una persona se encuentra en esa situación cuando pasa por circunstancias que la hacen más débil y, por lo tanto, no tiene posibilidades de defenderse. En la antigüedad, cuando primaba la “ley de la fuerza” como regla de convivencia, la  debilidad significaba, por lo general, la pérdida de derechos y, muchas veces, la muerte.

No hace falta retroceder hasta épocas muy primitivas: la esclavitud, por ejemplo, se remonta al siglo XIX en nuestro país y en muchas naciones occidentales. Cualquiera puede pensar en el escaso valor que tenían algunas vidas humanas hace unos siglos. Porque siempre se trataba de algunas vidas humanas, no todas. Recordemos las grandes injusticias, que dieron lugar a reacciones violentas, como las revoluciones de los siglos XIX y XX.

Pero la civilización avanza: ahora, generalmente, no hace falta defender los derechos por la fuerza. A base de errores se han ido reconociendo los derechos humanos, como dice el Preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”. Esta última parte es fundamentalmente importante: de todos los miembros de la familia humana.

Es notable que el hombre no termine de aprender, y vuelva a cometer los mismos errores. Parecería que con un poco de tiempo olvidamos las equivocaciones anteriores, y maltratamos a aquellos que no se pueden defender, por estar en condiciones de inferioridad. A aquellos que más necesitan de nuestra protección. Olvidamos que son seres humanos, semejantes a nosotros, y no los tratamos como nos gustaría que nos trataran.

Andrea Bocelli agradece en un video de YouTube que su madre no haya querido abortarlo. Esta mujer estaba embarazada cuando fue hospitalizada por un ataque de apendicitis. Cuando los médicos finalizaron el tratamiento, le aconsejaron que abortara porque el niño iba a nacer con alguna discapacidad. La mujer no abortó, y el niño es el reconocido tenor italiano. Puede verse el video en http://www.youtube.com/watch?v=6QfKCGTfn30.

Cuanto más vulnerable es el ser humano, más protección necesita de sus semejantes, de la sociedad, de las leyes. De ese modo avanzará la civilización, y no volveremos a cometer antiguos desaciertos.

 

Pbro. Gustavo Páez


13/07/2010

La relación entre un embrión y su madre

La revista Nuestro Tiempo de la Universidad de Navarra en su número 661 (marzo-abril 2010), ha publicado un artículo titulado "12 razones para la vida", en el que presenta motivos a tener en cuenta para no abortar.

 

Deseo detenerme en n° 2 que lleva como título “El embrión y la madre mantienen una comunicación desde el primer día de vida”, de la Dra. Natalia López Moratalla, Catedrática de Bioquímica y Biología Molecular.

 

Esta científica ha estudiado detalladamente los 14 primeros días de vida de los embriones humanos. Explica que el embrión comienza un diálogo molecular enviando moléculas que acogen los receptores específicos de su madre. A su vez, la madre comienza a producir sustancias que ayudan al crecimiento del embrión, le señalan el recorrido que debe realizar y el sitio donde debe anidar.

 

López Moratalla expone que la madre crea un ambiente de tolerancia inmunológica, para que el nuevo cuerpo no sea rechazado por las defensas del organismo de la madre. Algunas células madre del embrión pasan a la circulación materna, se almacenan en la médula ósea y rejuvenecen los órganos maternos.

 

Por último, expresa que, a través de neuroimágenes, pueden observarse los cambios en el cerebro materno, de acuerdo a las consignas que recibe del hijo: ”se crea en el cerebro materno el vínculo de apego, que inclina a comprender, cuidar y proteger a los hijos”.

 

Realmente es increíble cómo los avances de la ciencia nos permiten confirmar la identidad del nuevo ser, engendrado en el cuerpo de su madre.

 

Pbro. Gustavo Páez


10/05/2010

Dignidad: su significado profundo

La dignidad es un concepto abstracto para nada fácil de definir. Acompaña a las personas, pero no se percibe con los sentidos. Será por este motivo que, durante mucho tiempo y en numerosos lugares no fue tenida en cuenta.

 

Para comenzar, si buscamos en el diccionario de la Real Academia Española, encontramos, como principales significados de DIGNIDAD, los siguientes:

 

1. f. Cualidad de digno.

2. f. Excelencia, realce.

3. f. Gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse.

 

Si buscamos el concepto de “digno”, encontramos la siguiente respuesta:

 

1. adj. Merecedor de algo.

2. adj. Correspondiente, proporcionado al mérito y condición de alguien o algo.

 

Si tenemos en cuenta la relación entre los dos términos, podríamos afirmar que dignidad es lo que hace que una persona se haga merecedora de excelencia o realce. Dicho en otras palabras: el valor excepcional que tienen las personas (Cfr. SEIFERT, J., Dignidad humana: dimensiones y fuentes en la persona humana, en AA.VV., Idea cristiana de hombre, Eunsa, Pamplona 2002, p. 17).

 

Cuando observamos cómo se ha comportado la humanidad a través de la historia, podríamos decir que –simplificando, necesariamente–, se ha producido un progresivo reconocimiento de la dignidad de las personas. Pensemos, por ejemplo, en la situación de los esclavos, que durante tanto tiempo fueron considerados como objetos, negándoseles todo derecho humano.

 

Sin duda, la Declaración Universal de los Derechos Humanos representa un hito fundamental en ese proceso de esclarecimiento y efectiva aplicación de la dignidad humana. Valga como ejemplo el primer considerando de esa declaración: “Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana...”.

 

Sin embargo, todavía queda mucho por hacer, para que la dignidad humana sea respetada en todas las sociedades y a lo largo del tiempo. Pensemos, por ejemplo, cuánto falta para que la mujer no sea presentada como un objeto de placer en tantas propagandas comerciales actuales.

 

Justamente, la dignidad es la que permite hablar de sujetos, al referirnos a los seres humanos, distinguiéndolos de los objetos, que son los seres que la naturaleza nos ofrece para nuestro uso y consumo. ¿Será posible que en el siglo XXI podamos alcanzar el reconocimiento efectivo de la dignidad de todos los seres humanos? Sin duda es un desafío que todos debemos asumir.

 

Pbro. Gustavo Páez


18/03/2010

¿Qué hemos sido? ¿Qué somos? ¿Hacia dónde vamos?

Estas son las grandes preguntas, fundamentales, que cada uno debiera hacerse varias veces en la vida para poder entender para qué estamos en el mundo, a qué hemos venido y qué se espera de nosotros, allí donde nos toca vivir cada día de nuestra existencia.

Pero…  ¿nos las hacemos? ¿Tenemos la valentía de cuestionarnos si nuestros propósitos tienen trascendencia, si se ajustan a los valores humanos que, como pertenecientes a esta especie “distinta” de las otras que pueblan el planeta, tenemos la obligación de vivir en relación con nuestros pares, respetándolos como quisiéramos que nos respetaran a nosotros?

Semanas atrás reflexionaba, en este mismo medio, sobre nuestra actitud frente al devastador terremoto de Haití y frente a nuestras realidades cotidianas de pobreza, miseria y abandono humano –a las que parece que preferimos cerrar los ojos-  en el Chaco, en el NOA o en tantos otros lugares, tan cercanos como los que rodean a Rosario.


Las semanas que siguieron nos llenaron de dolor por el terremoto que asoló a nuestros hermanos chilenos, a los que hoy mismo estamos tratando de ayudar verdaderamente; y también fue Turquía, aunque en menor escala. No encontramos explicación a estos comportamientos de la naturaleza, porque nuestra racionalidad no alcanza a entender cómo, con tantos avances científicos, es imposible predecir estos desastres que dejan muerte, desolación, pobreza y gran dolor.

Pero, como los hombres nos diferenciamos de las “otras” especies por nuestra racionalidad, que es cualidad de racional (ser dotado de razón, facultad o acto humano de discurrir con el entendimiento) podemos, por lo menos, llegar a concretar nuestros actos a través de una elaboración racional que nos permita tomar decisiones con una lógica humana, lógica de respeto a nuestros iguales, de respeto a lo que fuimos al principio de nuestra existencia, lógica por la que debemos agradecer a nuestros padres porque permitieron que naciéramos y llegáramos a ser lo que somos hoy. No nos engañemos, todos los que estamos leyendo estas líneas podemos hacerlo porque nos han dejado nacer y vivimos para contarlo.

En estos días hemos asistido, nuevamente a la absurda discusión sobre si dos seres humanos concebidos, producto del reiterado abuso sexual de adolescentes por sus “padrastros”, deben ser abortados. Comités de Ética Hospitalarios que rechazan el aborto, para luego cambiar sus miembros para que lo acepten; jueces racionales que aplican la ley defendiendo la vida del no nacido –el más indefenso de los seres humanos- y otros que juzgan que el aborto debe ser practicado basado en la interpretación de un artículo del Código Penal claramente eugenésico.

¿Cuántos matrimonios desearían adoptar a estos niños? Cuántas jóvenes adolescentes pueden llegar a ser madres apoyadas y sostenidas psicológica y humanamente en el seno de una familia verdadera, contenedora y afectuosa. Cuánto daño se les está haciendo a estas jóvenes que, soportando por miedo, estoica y silenciosamente, la violencia de repetidos abusos por aquellos que dicen asumir figurativamente la función de padres, tienen ahora que soportar la otra violencia más grave, la de destruir una vida humana, influenciada por una madre que –con el aborto- quiere limpiar los actos inicuos de la que era seguramente consciente, y no fue capaz de denunciar para proteger a su hija.

¿Y los padrastros violadores? ¿Y las madres silenciosas? ¿Quién se ocupa de devolver a estas familias la función de proteger a las niñas del ambiente monstruoso en que han vivido buena parte de su existencia, porque las resoluciones legales nada hablan de esta imperiosa necesidad y solo el embarazo es la moneda de cambio de esta discusión.

Es necesario que tomemos conciencia de que la vida, toda vida humana, debe ser respetada, cuales quiera que sean las condiciones en que nacen y viven, porque son nuestros pares y debemos respetarlos por la misma razón por la cual exigimos ser respetados. Las mismas vidas de los embriones o fetos abortados con la complacencia de abuelos, jueces y médicos son las vidas de tantos seres humanos que padecen los efectos de los recientes terremotos.

Dr. Rafael Pineda

Publicado en el Ciudadano el 16/3/10  http://www.elciudadanoweb.com/?p=42613


17/03/2010

Nueva ley de salud sexual y del aborto en España

Como es de público conocimiento, el 6 de marzo de este año ha sido sancionada en España, la nueva ley “de salud sexual y reproductiva y de interrupción voluntaria del embarazo”.

Transcribimos la parte que se refiere a la ampliación del plazo para solicitar el aborto voluntario: “La presente Ley reconoce el derecho a la maternidad libremente decidida, que implica, entre otras cosas, que las mujeres puedan tomar la decisión inicial sobre su embarazo y que esa decisión, consciente y responsable, sea respetada. El legislador ha considerado razonable, de acuerdo con las indicaciones de las personas expertas y el análisis del derecho comparado, dejar un plazo de 14 semanas en el que se garantiza a las mujeres la posibilidad de tomar una decisión libre e informada sobre la interrupción del embarazo, sin interferencia de terceros, lo que la STC 53/1985 denomina «autodeterminación consciente», dado que la intervención determinante de un tercero en la formación de la voluntad de la mujer gestante, no ofrece una mayor garantía para el feto y, a la vez, limita innecesariamente la personalidad de la mujer, valor amparado en el artículo 10.1 de la Constitución”

(Ley orgánica 2/2010, de salud sexual y reproductiva y de interrupción voluntaria del embarazo, Preámbulo, II).

Lamentamos este nuevo atentado contra la vida humana inocente e indefensa. Recomendamos leer la ley entera, y las objeciones que se encuentran en el siguiente sitio de internet:
http://www.bioeticaweb.com/index.php?option=com_content&task=view&id=4765&Itemid=792.

Pbro. Gustavo Páez


05/03/2010

La fecundación asistida trae más riesgo de muerte

Un estudio realizado en el Hospital de la Universidad de Aarhus en Dinamarca reveló que los fetos que son fruto de reproducción asistida tienen un riesgo cuatro veces más alto de nacer muertos que los que son concebidos de forma natural.

Los resultados del estudio fueron publicados recientemente en la revista de la Sociedad Europea de Reproducción y Embriología Humanas Human Reproduction.

La investigación analizó más de 20.000 embarazos y arrojó como resultado que de cada mil mujeres que conciben de manera asistida, con métodos como IVF (fecundación in vitro) y el de ICSI (inyección intracitoplasmática de espermatozoide) 16,2 dan a luz un bebé muerto, mientras que el mismo número de mujeres que no acuden a ningún método de fertilización, el riesgo se reduce a un 3,7.

Pese a los resultados, la directora de esta investigación Kirsten Wisborg dijo que quienes se sometan a dichos tratamientos "no tienen que preocuparse", debido a que "esto no necesariamente indica que el aumento de riesgo de muerte fetal sea explicado por la infertilidad y puede ser más bien debido a otros factores como la tecnología con la que se aplican el IVF y el ISI o algunas diferencias fisicológicas en las parejas que se someten a estos tratamientos".

El estudio concluyó que las mujeres que mostraron menos riesgo de tener un bebé muerto al nacer fueron quienes habían concebido de manera natural, sin ningún tipo de tratamientos. Entre las que concibieron de forma espontánea en un lapso de 12 meses el riesgo fue de 3,7 por cada 1.000, y las que tardaron más de un año para concebir de forma espontánea el riesgo fue de 5,4 por 1.000.

Autora: Carmen Elena Villa
Fuente: ZENIT


10/02/2010

Tropezamos dos veces con la misma piedra

Dice el refrán que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”. Siendo como somos, inteligentes, tantas veces los animales nos enseñan a aprender la lección, y no volver a cometer un error del que ya tenemos experiencia. Curiosamente, esto sucede también en la ciencia, cuando se refiere al hombre: volvemos a caer en errores antiguos, que ya deberían estar superados.

Las guerras mundiales del siglo pasado tuvieron muchas consecuencias desastrosas, especialmente para las personas que tuvieron que sufrirlas en carne propia. Pero, al menos, podemos rescatar una consecuencia positiva: la revalorización de la vida humana y de su dignidad. Podemos afirmar que todo el mundo se horrorizó ante la cantidad de muertos y ante los excesos cometidos en los “campos de concentración”. Como fruto de esa reacción nació la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada el 10 de diciembre de 1948, por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

En el artículo 3° de esa declaración se lee: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona” (sugerimos leer el artículo que figura en la siguiente dirección de la web: http://derhumano.blogspot.com/2009/12/bioetica-espana-derecho-abortar.html).

En realidad, ese principio no era nuevo: de la mano de la civilización, del derecho, de la aplicación de la justicia, se ha venido dando un mayor respeto y reconocimiento al valor de la vida humana. Pero, cada tanto, el hombre olvida esta gran verdad. Como ejemplo podemos tomar la aprobación en España de una nueva ley que otorga a la mujer el "derecho" a abortar libremente hasta la semana 14 de embarazo sin alegar razón alguna. Esos embriones son individuos humanos que están amparados por la Declaración Universal. ¿No es superior ese derecho al supuesto derecho de la madre?

Podríamos abundar con otros casos, pero en este momento nos interesa hacer ver que estamos cayendo en los mismos errores del pasado, sobre los que ya tenemos experiencia. Aprendamos la lección que el pasado nos enseña. Sino, será imposible un auténtico progreso de la humanidad. Nuestros avances cederán ante estos innecesarios retrocesos. No volvamos a tropezar con la misma piedra.

Pbro. Gustavo Páez


30/12/2009

Sitio recomendado II

Recomendamos el sitio “Bioética en la red” o www.bioeticaweb: un lugar para poder profundizar sobre los diversos temas relacionados con nuestra materia (demografía, ecología, inicio de la vida, final de la vida, genética, etc), con un enfoque personalista.

El sitio tiene una parte de contenidos sobre los temas básicos y otra con artículos comentando novedades relacionadas con bioética de cada día. Realmente, un lugar para visitar regularmente.

Adjuntamos los datos que ofrecen los mismos autores del sitio:

Bioética en la Red es una plataforma que surge en enero de 2001
Objetivo:
Facilitar la información y el diálogo sobre temas de Bioética

Planteamiento:
Es posible avanzar en el conocimiento de la verdad ética, y para ello es necesario estudio y diálogo. Toda vida es respetable, pero la vida humana posee dignidad. Es necesario participar en el debate social.

Incorporación de textos:
Cualquiera puede participar enviando los textos para su publicación dirigidos a contacto@bioeticaweb.com

Pbro. Gustavo Páez


23/12/2009

Ensañamiento terapéutico: ¿hasta dónde tratar?

Considerada como la aplicación de métodos y herramientas de abordaje que son desproporcionados para una determinada situación médica, este procedimiento puede darse en los centros de salud cuando los equipos médicos, con el objetivo de legitimar el derecho a la vida de los pacientes, llevan adelante tareas, aún en los cuadros terminales, que no se justifican en función de los resultados que será posible obtener.

Atender a una persona cuya salud está en riesgo constituye un desafío para todos los profesionales que día a día trabajan en hospitales, sanatorios o centros de cuidado y rehabilitación.

Sin embargo, en ese afán por brindarle a cada uno lo mejor, muchas veces tanto los médicos como las enfermeras caen en excesos o cuidados que van más allá de la buena predisposición y lo estrictamente necesario.

De esto modo, se genera una situación que los especialistas describen como “de ensañamiento terapéutico” y que corresponde –tal como explica el Pbro. Gustavo Adolfo Páez, capellán del Hospital Universitario Austral (HUA), doctor en Filosofía y profesor de Teología- “al empleo de medios desproporcionados, teniendo en cuenta la relación entre el esfuerzo terapéutico realizado y los resultados obtenidos, con el objetivo de prolongar la vida”.

Si bien el de ensañamiento terapéutico es un concepto controvertido y por el cual muchas veces se producen intercambios de opinión entre los diversos sectores, son los médicos tratantes los que deberán decidir cómo proceder en cada caso. En el HUA existe un Comité de Ética (CE) que participa en la toma de decisiones sobre un caso: tiene funciones consultivas, educativas, de investigación y asesoramiento, pero además se encarga de analizar cada caso a fin de realizar propuestas sobre los aspectos éticos de la asistencia.

“El comité de ética ayuda a los médicos a descubrir el límite entre lo proporcionado y lo desproporcionado. Esto es especialmente importante si pensamos que, sobre todo los integrantes del Servicio de Terapia Intensiva, están acostumbrados a llevar adelante grandes esfuerzos”, agrega el Padre Páez, integrante de esta comisión.

Pero, ¿cuál es el fundamento sobre el cual se apoyan las discusiones en torno al ensañamiento terapéutico? ¿Por qué se considera la atención del paciente, aunque sea “exagerada”, una cuestión negativa o no conveniente?

“La cuestión central es la dignidad del paciente. Pensemos que por lo general quienes son sujetos de esta práctica se encuentran en fase terminal (muchos de ellos como consecuencia de enfermedades oncológicas), y al tener que soportar determinados cuidados pueden sufrir mucho. Desde este punto de vista se busca proteger la integridad y dignidad del paciente brindándole los cuidados paliativos ordinarios que hacen a esa cuestión: hidratación, alimentación e higiene. En tal sentido, estas normas constituyen no sólo una especialidad médica, sino también la demostración más cabal del respeto a la persona”, sostiene la Dra. Nelly Espiño, abogada, doctora en Bioética y Biojurídica.

Aclara que para que se pueda establecer la diferencia entre lo que es asistencia y, por ende, sumamente necesario, de lo que es contraproducente o doloroso para el paciente es necesario que los médicos y el resto del personal estén formados y trabajen sobre la toma de conciencia: “querer ir más allá de lo proporcionado en relación con los resultados esperados no es ético. Por esa razón en las legislaciones sobre deberes y derechos del paciente se rechazan este tipo de acciones”.

La Dra. Epiño, que es parte de la Sociedad Iberoamericana de Derecho Médico y del Comité de Ética del HUA, puntualiza que se sancionó recientemente la ley 26.529 que prevee la posibilidad de que toda persona capaz y mayor de edad pueda dejar por escrito las decisiones que desea sean tomadas por el equipo médico, y que pudieren derivar en prácticas de ensañamiento terapéutico.

Al, respecto la especialista señala que el art. 11 de dicha ley supone que “ […] las prácticas deberán ser aceptadas por el médico a cargo, salvo las que impliquen desarrollar prácticas eutanásicas, las que se tendrán como inexistentes”.


03/12/2009

Sitio recomendado

Para aquellos lectores interesados en profundizar en los fundamentos de la bioética, les aconsejamos visitar www.eticaepolitica, en el apartado dedicado a nuestra materia. Encontrará distintos temas de actualidad, enfocados desde un punto de vista de respeto a la vida de las personas.

Reproducimos aquí la presentación de la página en general: “www.eticaepolitica.net es una página que se propone facilitar el estudio y la profundización de problemas éticos y ético-políticos. Es una iniciativa personal de algunos profesores de ética y de teología moral de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma) [www.pusc.it], con la que se pone a disposición del público interesado estudios y opiniones ya publicados o todavía inéditos. En los estudios publicados se indica siempre la fuente. Los textos inéditos se pueden citar indicando su autor y su ubicación en la red. Las ideas y opiniones contenidas en cada texto son de exclusiva responsabilidad de quien lo firma. La gestión directa de la página corre a cargo de los profesores Angel Rodríguez Luño, Enrique Colom y Duarte Sousa Lara”.

Pbro. Gustavo Páez


27/11/2009

Caso Rom Houben: el hombre que creyeron en coma

La agencia de información Zenit presenta el caso de Rom Houben, un estudiante de ingeniería belga, que pasó 23 años en un supuesto estado de coma, luego de sufrir un accidente de tráfico.

Los médicos que atendieron a este paciente, diagnosticaron un coma, sin ninguna esperanza de que pudiera despertar de él. En el año 2006 consiguió comunicarse nuevamente por a un teclado especial, gracias a que el neurólogo Steven Laureys, de la Universidad de Lieja descubriera que los médicos se habían equivocado. Su historia aparece publicada esta semana en la revista BioMed Central Neurology.

Steven Laureys expresó que casi el 40 por ciento de los casos en que se diagnostica el estado de vida vegetativo persistente son equivocados, y que un estudio más profundo puede revelar varios signos de conciencia.

“Gritaba sin que nadie me pudiera escuchar”, aseguró Houben. “He sido testigo de mi sufrimiento mientras mis doctores buscaban hablarme, hasta el día en que renunciaron”.

Confiamos que, casos como estos, ayuden a reflexionar sobre la importancia de la vida, también cuando esta no puede manifestarse al exterior.

Pbro. Gustavo Páez


16/10/2009

Bioética en primera plana en España

Por estos primeros días de octubre hay dos noticias relacionadas con el comienzo y el fin de la vida humana que ocupan las primeras planas de los diarios españoles.

La primera de ellas, relacionada con la próxima y probable sanción de la Ley de Políticas Públicas para la Salud Sexual y reproductiva que, ampliando las posibilidades del aborto de la ley vigente en el país, da la facultad a las jóvenes a partir de los 16 años de poner fin a su embarazo hasta las 22 semanas de gestación de su hijo.

Se determina, por ley, que el niño concebido no es un ser humano y se tergiversan las definiciones dadas por la OMS para "salud sexual y reproductiva” que llevan a la protección de la maternidad, no a su destrucción. El aborto podrá llevarse a cabo sin la anuencia de los padres de las jóvenes, con lo que las mismas no sólo acabarán con la vida del niño gestado sino que el riesgo que corre además la vida de la menor debería ser afrontado por su cuenta, lo cual se opone a todas las leyes vigentes sobre responsabilidad civil y médica, fracturando aún más las debilitadas relaciones familiares.

Por otra parte, desconoce el derecho a la objeción de conciencia de médicos y de todo el personal sanitario basado en cualquier tipo de convicciones. Este proyecto legislativo, solamente apoyado por la mayoría gobernante, está dando lugar a una multitudinaria manifestación popular organizada por numerosas ONG, generando además todo tipo de artículos periodísticos aún en los más afines al Gobierno Central, que ha hecho oídos sordos al reclamo social.

La otra noticia, relacionada ahora con el fin de la vida humana, es el reclamo en todos los medios de comunicación de la Organización Médica Colegial del debido funcionamiento de los programas de atención a los enfermos terminales y más específicamente la equidad en la prestación de los servicios de Cuidados Paliativos para evitar la eutanasia.

Es que, la falta de presupuesto de aquellas autonomías o consejerías en las que gobierna la oposición no les permite contar con los servicios y la plantilla de personal capacitado en medicina paliativa, con lo que se estaría gestando una opinión pública favorable a la eutanasia.

La Organización Médica Colegial ha afirmado que: “Legalizar la eutanasia, antes de generalizar los cuidados paliativos, como ha ocurrido en Holanda, sería como empezar la casa por el tejado”.

Hoy se interpela, en toda España, a quienes desde las bancas legislativas defienden terminar con la vida humana voluntariamente, ya sea a su inicio o a su fin. El profesor Alfonso López Quintás, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, ha afirmado recientemente sobre la labor parlamentaria de diputados y senadores: “O saben que los derechos humanos tienen por fin promover la vida y no desguazarla, o lo ignoran. Si lo saben, deberían sentir escalofríos al conceder por ley el derecho a abortar o practicar la eutanasia. Si no lo saben, desconocen los fundamentos de la ética y da miedo verlos al timón del Estado”.

Es positivo asistir al despertar de las conciencias frente a estas nuevas leyes, animando a muchos países a no quedarse de brazos cruzados.

Dra. Nelly Espiño


13/10/2009

La decisión más difícil (II)

Nick Cassavetes dirige la película “La decisión más difícil” (My sister’s keeper, 2009), una adaptación de la novela de Jodi Picoult, que cuenta la historia de una familia (Fitzgerald) con una hija que padece leucemia (Kate, Sofia Vassilieva).

A los padres se les sugiere la concepción artificial de un “bebé medicamento” para resolver los problemas de salud de la hija enferma de leucemia. Desde el punto de vista fílmico, se trata de una emocionante película, con Cameron Díaz (Sara Fitzgerald) que se revela como excelente actriz, esta vez en el duro papel dramático de madre de Kate, y abogada que deja su profesión para ocuparse de la enfermedad de su hija.

Sara toma la decisión de encarar el procedimiento de concepción artificial de una nueva hija (Anna, Abigail Breslin) que será utilizada para tratar de curar la leucemia de Kate, a la vez que la obligará a someterse a numerosas intervenciones para la extracción de tejidos para ser trasplantados a su hermana enferma, en reiterados intentos de curación.

Anna, al llegar a los 13 años, busca la ayuda de un abogado exitoso (Campbell, Alec Baldwin) para tratar de obtener la emancipación de sus derechos médicos y evitar la presión de su madre que la obliga a donarle a Kate un riñón, como último intento de recuperar su salud. En esta situación, Sara se ve obligada a volver a los tribunales para enfrentarse con el abogado de su hija.

La película es un compendio de dilemas éticos que frecuentemente se plantean a los médicos en el ejercicio de su profesión. Aparece el conflicto ético de la creación de seres humanos compatibles para obtener tejidos de reemplazo que serán utilizados en enfermos que no tienen cura por otros procedimientos médicos, el encarnizamiento terapéutico, la difícil relación médico-paciente en jóvenes enfermos de cáncer, la solidaridad con ellos y el reconocimiento de los derechos personalísimos de los seres humanos.

Recientemente, varios medios periodísticos han tratado, de manera casi exclusiva, al discutir la película, el problema de la concepción de un “bebé medicamento” atento a que meses atrás la justicia federal, en la ciudad de Mar del Plata, autorizó un procedimiento similar para tratar una anomalía hereditaria.

En la película, este problema se plantea al pasar, sin profundizar las implicancias éticas del procedimiento que supone la concepción en el laboratorio de numerosos embriones a los que se les practica una técnica de selección genética (diagnóstico preimplantatorio) para encontrar aquel que sea más compatible con la enferma y transferirlo al útero materno, y esperar que al final de la gestación se obtenga el bebé deseado.

No se hace mención que el procedimiento constituye un claro ejemplo de manipulación de seres humanos recién concebidos y que implica la congelación –con un destino incierto- o el descarte de numerosos embriones que no llenaron los requisitos genéticos para lo que fueron creados.

La madre no tiene ningún reparo de utilizar a Anna, en varias oportunidades, como proveedora de tejidos de la médula ósea, con el consiguiente sufrimiento de esta niña pequeña, para intentar los trasplantes que permitirán la sobrevida de Kate a lo largo de casi 12 años.

Finalmente, la cuestión central de la película se refiere a la decisión materna de extraer a Anna un riñón para reemplazar el órgano destruido de Kate como consecuencia de los numerosos tratamientos quimioterápicos; procedimiento al que la misma enferma se niega, agotada por los numerosos tratamientos recibidos y ante la pobre perspectiva de la recuperación de su salud.

El encarnizamiento terapéutico al que se aferra la madre para mantener viva a su hija, desata la reacción de Anna, que busca ayuda en la justicia para evitar un nuevo sufrimiento que se sume a los ya padecidos y recuperar –a pesar de ser menor- el control de los derechos personalísimos sobre su cuerpo, esta vez apoyada por su hermana enferma.

En esta situación, aparece una jueza (Joan Cusack) muy sensible a la situación de la familia Fitzgerald por la enfermedad de Kate (ha perdido recientemente a su hija), pero muy humana al reconocer y otorgar los justos derechos a Anne.

La película trasmite una visión dolorosa, pero a la vez esperanzadora, sobre el final de la vida, muy opuesta a la cultura actual, en la que enfermedad y la muerte producen horror y rechazo. El culto al cuerpo, a la belleza física y a la estética de la figura humana han desplazado, en la sociedad de consumo, la naturalidad con que antes se enfrentaban esas situaciones, de hecho penosas.

Hoy la “conspiración del silencio”, el ocultamiento público o la negación de la enfermedad o del fin de la existencia humana, son las características de una sociedad que se niega a reconocer la finitud de toda vida. Frente a estas situaciones, la película ofrece la frescura de una juventud que no tiene reparos en hablar, con libertad y naturalidad, de la enfermedad de Kate y de su amigo, circunstancialmente conocido en un hospital de día mientras reciben tratamientos quimioterápicos.

La película rescata, también, la actitud humanitaria de los médicos y enfermeras que atienden a Kate, resaltando el proceder muy positivo de acompañamiento y sostén emocional a la paciente y a sus familiares, al punto de registrarse la presencia de algunos de sus médicos en el funeral de la enferma.

También es evidente la solidaridad de Anna para con Kate en el cuidado, acompañamiento y apoyo incondicional, durante los buenos y malos momentos que pasan juntas. Es de destacar, también, la sensibilidad y resignación del padre (Brian, Jason Patrick) quien en todo momento, y a pesar del dolor que sufre, trata de que su esposa Sara acepte la enfermedad de su hija Kate y la necesidad de que ella disfrute de sus últimos días de vida en compañía de sus seres queridos.

Habrá opiniones dispares en el tratamiento de los dilemas morales que plantea el film; algunos se sentirán fastidiados por la tristeza que ocasiona el tema de la película, la enfermedad terminal de una joven que ha luchado por años, hasta el agotamiento físico, por su curación con la insistencia obsesiva de su madre, casi rayana en la ferocidad, y otros la acusarán de melodramática o sensiblera, que no pierde la oportunidad de romper el corazón, como en otras realizaciones fílmicas de Cassavetes, pero, en mi opinión, se trata de un buen film que vale la pena ver y que deja muchas inquietudes frente a los dilemas que plantea.

Dr. Rafael Pineda


14/09/2009

Formación profesional + ética = ¿Medicina ideal?

Hace 50 años, la visita del médico a una casa comenzaba con los preparativos de todo lo necesario, como si fuera un acontecimiento, incluyendo la taza de café, con que lo invitaban al final, antes de la despedida. El médico era un personaje importante, en la vida de la familia. El mismo profesional, que había atendido a los padres, se ocupaba probablemente también de los hijos. Todos los integrantes de la familia tenían una gran confianza en él.

Sin duda, la medicina ha cambiado. Los avances en esta ciencia permiten llegar hasta límites antes insospechados, gracias al apoyo de la tecnología: angiógrafos, resonancia magnética, uso del láser, y un largo etcétera. Una clara demostración del progreso en este aspecto de la vida, es el aumento notable en el promedio de supervivencia de la población. Algunos autores prevén que este incremento podría no tener límites. Pero, como contrapartida, los médicos suelen verse obligados a integrarse a un sistema que cada vez les exige más: la cantidad de información nueva a conocer es enorme, lo cual demanda una permanente actualización, y el modo en que está organizada la atención de los pacientes obliga a tener que ver más enfermos en menos tiempo. El profesional se encuentra continuamente presionado por la falta del espacio vital necesario para formarse y poder estar con cada una de las personas que lo consultan.

¿Es ésta la medicina ideal? ¿Podemos confiar en nuestro médico como sucedía unas decenas de años atrás? Si bien se ha ganado en formación profesional, no sucede lo mismo en cuanto a la dedicación al paciente. Creo que si hiciéramos una encuesta de satisfacción, la mayoría de los pacientes pediría más disponibilidad por parte de los médicos. Me parece que en esto, los médicos no tienen la culpa: los pacientes deberíamos apoyar para que los médicos tuvieran posibilidades reales de atender menos gente, cobrando un honorario que sea razonable. Éste sería el primer ingrediente de la medicina ideal.

Además, todo paciente espera poder confiar en su médico, y para esto necesita que el profesional comparta sus mismos valores, porque lo que tiene entre sus manos es la vida de la gente. Éste era un presupuesto que debe ser tenido cada vez más en cuenta, y no puede darse como en una medicina cada vez más comercializada. ¿Se podrá hablar de progreso en este aspecto de la salud? ¿Ha crecido la ética de la mano de los adelantos tecnológicos? Me parece que no se puede dar una respuesta general. Lo que sí se puede afirmar es que el desarrollo de uno no garantiza el del otro. Es decir, un centro de salud puede contar con profesionales con un alto nivel pero con una ética que no responda a nuestros principios. Por lo tanto, el respeto de unos claros principios éticos debe ser el segundo ingrediente de la Medicina ideal, que buscamos.

¿Basta con la formación profesional y la ética para tener la Medicina ideal? Todavía no. Hace falta también que el médico recuerde que está tratando con una persona. El paciente no es sólo un cuerpo que hay que curar sino una persona que está enferma. Volviendo al inicio de estas líneas, comparando la medicina actual con la que había hace 50 años atrás, tal vez éste sea el principal déficit que se puede encontrar en la relación médico-paciente: haber perdido de vista el vínculo personal. El enfermo no es “una hernia” o “una apendicitis”, sino que es alguien, con nombre y apellido, y que quiere encontrar otra persona que lo ayude a ponerse bien. ¿Hemos llegado ya a la medicina ideal? Hemos recordado elementos imprescindibles de una Medicina posible. Muchas veces el adjetivo “ideal” refleja una meta inalcanzable, y de todos depende que esa medicina se haga realidad de cada día. La fórmula quedará: Medicina posible = formación profesional + ética + trato personalizado.


20/08/2009

La decisión de ir contra la naturaleza

Sigue en cartel el film “La decisión más difícil”, que ha llamado la atención por la propuesta que plantea: la concepción “in vitro” de una hija como donante de sangre para su hermana enferma de leucemia. Es un caso de los llamados “bebés medicamento”, seleccionados genéticamente, para evitar todo problema de incompatibilidad. 

El planteo ético que se propone opera en todo el desarrollo del film,  máxime al pretender recuperar la niña "sana" los derechos  personalísimos de decisión sobre su cuerpo, para lo cual es representada por un abogado.

Siendo evidente y doloroso que esta situación haya convertido a esta hija en víctima de la falta de reflexión de los padres al no prever las consecuencias de su decisión y sin preocuparles, por lo que se deduce del film, los sentimientos de su hija, la contención y, en definitiva, el cumplimiento de los deberes de asistencia, cabe preguntarse si la Convención de los Derechos del Niño ha servido para reparar estas situaciones de abuso de la patria potestad.

Este sistema de protección en nuestro país alcanza a las personas desde la concepción hasta los 18 años de edad y ya habido fallos judiciales que han habilitado a menores a su negativa a ser donantes  de órganos a pesar del consentimiento familiar.

Actualmente, las figuras del Defensor y la del Asesor General Tutelar, creados por las leyes 26061 y 1253 de la Nación y de la Ciudad de Buenos Aires respectivamente, son las adecuadas para garantizar los derechos de los niños, deseando que prevalezca, en caso de conflictos, la tendencia a consolidar la familia, evitando convertir a los menores en enemigos de sus padres y hermanos.

Ocurre en “La decisión más difícil”, que la relación entre la niña sana y su madre es la más controvertida, transformándose en su "contraparte" en sede judicial y dificultándose, por los hechos ocurridos, la generación natural de un vínculo mínimo de cariño materno–filial.
Hoy la biotecnología abre muchos caminos de “esperanza”, sin medirse, en muchos casos, las consecuencias en el corazón y la psiquis de las personas más cercanas y la destrucción de los hogares.

En un pasaje, el padre en la ficción razona: “Fuimos contra la naturaleza y había que pagar”. Dura reflexión que surge de la conciencia de no haber obrado bien.

Dra. Nelly Espiño


06/08/2009

La Bioética en la "Caritas in Veritate"

Ya comentamos, en un artículo anterior, la novedad de que la bioética entra a formar parte de la Doctrina Social de la Iglesia Católica. En este sentido, incorporamos algunos párrafos de un comentario del Dr. Fernando Pascual, Profesor de Filosofía del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma, aparecido en http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?IDNodo=-5&IdAccion=2&Id=41212.
 
Ante la tecnología que ofrece medios e instrumentos que pueden servir para mejorar la salud de los hombres, o que pueden ser usados para destruir a los débiles, indefensos o desamparados, la Iglesia tiene que recordar principios éticos que sirven para guiar el correcto uso de esos medios e instrumentos.
 
Al inicio del n. 28, el Papa alude a la relación que existe entre vida y desarrollo: “Uno de los aspectos más destacados del desarrollo actual es la importancia del tema del respeto a la vida, que en modo alguno puede separarse de las cuestiones relacionadas con el desarrollo de los pueblos. Es un aspecto que últimamente está asumiendo cada vez mayor relieve, obligándonos a ampliar el concepto de pobreza y de subdesarrollo a los problemas vinculados con la acogida de la vida, sobre todo donde ésta se ve impedida de diversas formas” (n. 28).

El Papa afronta así una mentalidad fomentada y acogida por muchas personas. Es cierto que la pobreza provoca una alta mortalidad infantil. Pero la solución ante este drama no está en el recurso al control de la natalidad a través del uso de anticonceptivos, e incluso a través del aborto, pues ambos “métodos” son gravemente inmorales.

Al mismo tiempo, la encíclica observa cómo, en los países más desarrollados, también existe una mentalidad antivida, que lleva a millones y millones de abortos cada año, y que ha provocado una situación demográfica que desembocará en una especie de “suicidio” colectivo: si no nacen hijos, los pueblos tienden a su propia desaparición.

“La disminución de los nacimientos, a veces por debajo del llamado «índice de reemplazo generacional», pone en crisis incluso a los sistemas de asistencia social, aumenta los costes, merma la reserva del ahorro y, consiguientemente, los recursos financieros necesarios para las inversiones, reduce la disponibilidad de trabajadores cualificados y disminuye la reserva de «cerebros» a los que recurrir para las necesidades de la nación. Además, las familias pequeñas, o muy pequeñas a veces, corren el riesgo de empobrecer las relaciones sociales y de no asegurar formas eficaces de solidaridad. Son situaciones que presentan síntomas de escasa confianza en el futuro y de fatiga moral” (n. 44).

En este contexto, Benedicto XVI constata y denuncia la actividad de grupos que promueven el aborto, la esterilización, la eutanasia, etc.: “Algunas organizaciones no gubernamentales, además, difunden el aborto, promoviendo a veces en los países pobres la adopción de la práctica de la esterilización, incluso en mujeres a quienes no se pide su consentimiento. Por añadidura, existe la sospecha fundada de que, en ocasiones, las ayudas al desarrollo se condicionan a determinadas políticas sanitarias que implican de hecho la imposición de un fuerte control de la natalidad. Preocupan también tanto las legislaciones que aceptan la eutanasia como las presiones de grupos nacionales e internacionales que reivindican su reconocimiento jurídico” (n. 28).

Por eso resulta urgente dar un fuerte aviso ante el mal que padecemos: si la sociedad opta por destruir la vida, “acaba por no encontrar la motivación y la energía necesaria para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre” (n. 28). En esta misma línea, hay que denunciar como incorrecta la tesis según la cual el aumento de población sería “la primera causa del subdesarrollo, incluso desde el punto de vista económico” (n. 44). Al contrario, son cada día más evidentes “signos de crisis que se perciben en las sociedades en las que se constata una preocupante disminución de la natalidad” (n. 44).

Como respuesta a la presión de las organizaciones o países que promueven la mentalidad antivida, el Papa propone la necesidad de reconocer que “la apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo” (n. 28), pues “la apertura moralmente responsable a la vida es una riqueza social y económica” (n. 44).

El auténtico desarrollo surge, por lo tanto, en las culturas que defienden la vida. “La acogida de la vida forja las energías morales y capacita para la ayuda recíproca. Fomentando la apertura a la vida, los pueblos ricos pueden comprender mejor las necesidades de los que son pobres, evitar el empleo de ingentes recursos económicos e intelectuales para satisfacer deseos egoístas entre los propios ciudadanos, y promover, por el contrario, buenas actuaciones en la perspectiva de una producción moralmente sana y solidaria, en el respeto del derecho fundamental de cada pueblo y cada persona a la vida” (n. 28).

Tal mentalidad ha de ser difundida a través de buenos programas educativos, sobre todo a las futuras generaciones, y de acciones políticas orientadas a tutelar y proteger a la familia.

“Por eso, se convierte en una necesidad social, e incluso económica, seguir proponiendo a las nuevas generaciones la hermosura de la familia y del matrimonio, su sintonía con las exigencias más profundas del corazón y de la dignidad de la persona. En esta perspectiva, los estados están llamados a establecer políticas que promuevan la centralidad y la integridad de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, célula primordial y vital de la sociedad, haciéndose cargo también de sus problemas económicos y fiscales, en el respeto de su naturaleza relacional” (n. 44).

Dr. Rafael Pineda


04/08/2009

Bioética: una ciencia que creció a los golpes

Cada tanto, alguna noticia relacionada con los avances o novedades de la Medicina da pie a debates de tipo bioético: la última fue el suicidio asistido de Edward Thomas Downes y de su esposa Joan, en un centro especializado de Suiza, llamado “Dignitas”. Como sucede en estos casos, el hecho tuvo una especial repercusión por la notoriedad de sus protagonistas. Los diversos medios de comunicación han puesto de manifiesto la cantidad de opiniones vertidas a favor y en contra, no de ese hecho en particular, sino de la conveniencia o no de entenderlo como un verdadero progreso para la humanidad. Los que se expresan a favor, suelen estar de acuerdo con un reconocimiento por parte de la legislación de cada país.

Pero no se trata de un caso aislado. Los rápidos avances de la tecnología prometen prontas primicias, al paso rápido con que avanzan los conocimientos y la técnica: la posibilidad de intervenir en la constitución genética del individuo, nuevas técnicas de fertilización asistida y la disponibilidad de tejidos y embriones humanos, son algunos ejemplos de una larga lista. La pregunta que surge es: ¿sabremos aprovechar esos adelantos de la ciencia? La respuesta parece obvia.

Sin embargo, la historia de la bioética parece ofrecer otra perspectiva. Clásicamente, sobre todo en la literatura anglosajona, se habla de cuatro principios que servirían para fundamentar la bioética:

a) autonomía (libertad del paciente para afrontar las posibles terapias),
b) beneficencia (maximizar las ventajas y reducir los riesgos),
c) no maleficencia (no producir daños),
d) justicia (repartir los riesgos y beneficios con imparcialidad). Estos principios tuvieron su origen en hechos muy concretos.

Durante los juicios de Nüremberg, los médicos que habían hecho experimentación sobre seres humanos argumentaron que actuaban en bien del avance de la ciencia. Muchos de esos estudios significaron la muerte llena de sufrimiento de prisioneros judíos, polacos, rusos e italianos. El Código de Nüremberg estableció que ningún ser humano podía ser sujeto de experimentación en contra de su propia voluntad.

Surgía así el principio de autonomía: no puede obligarse a una persona a colaborar con la ciencia, en contra de su propia voluntad.
En los años sesenta, una medicación (la Talidomida) se utilizó como sedante y como calmante de las náuseas durante los tres primeros meses de embarazo. Con el tiempo se comprobó un efecto colateral que no se conocía por falta de comprobación antes de la comercialización de la droga: provocó el nacimiento de miles de niños sin extremidades o con miembros excesivamente cortos.

La “Declaración de Helsinki” estableció que debía haber una proporción entre los fines y riesgos de la investigación y una evaluación sobre los riesgos y beneficios para el sujeto de la investigación. Quedó así definido el principio de beneficencia, que luego se desdobló, dando origen al de no maleficencia. Los beneficiarios de una nueva medicina, debían estar garantizados debidamente de que ésta no les iba a ocasionar un perjuicio por falta de prevención.

En los años setenta se descubrió que un grupo de investigadores de Estados Unidos estaba investigando sobre la evolución de la sífilis en personas infectadas con esta enfermedad, sin que ellas lo supieran y evitando darles la medicación que necesitaban. Los científicos argumentaron que esa población tampoco habría tenido acceso a la medicación que los curaría por motivos económicos. La comisión gubernamental que analizó los hechos, elaboró el “Informe Belmont” que agregó el principio de justicia. Aunque se pensara en el avance de la Medicina, no podía ser a costa del sacrificio de otros seres humanos.

Podemos observar que, en buena parte, la humanidad (y la bioética) han avanzado al descubrir que, supuestos progresos científicos, atentaban en realidad contra el mismo ser humano, al que pretendían servir. Es decir, se comprobaba que no siempre la tecnología ha beneficiado al hombre (y, por lo tanto, no ha sido un verdadero progreso).

Yendo más a fondo, da la impresión de que la Medicina siempre debe proteger a la persona. En los tres casos que hemos recordado más arriba, los científicos habían perdido esta perspectiva de protección al ser humano desvalido. Fue necesario que la reflexión de los humanos hiciera resaltar que, en esos casos, en lugar de cuidado, se estaba atentando contra individuos indefensos. Esta característica de la protección forma parte de la misma esencia de la bioética, en su defensa de la dignidad humana. La historia pasada nos servirá si sacamos las consecuencias para el presente y el futuro.

Volviendo a los ejemplos mencionados al comienzo, una persona que solicita el suicidio es un ser que no encuentra más sentido a su vida. Al buscar el suicidio, está buscando un remedio para su situación. ¿Será la muerte la mejor solución que le podemos ofrecer? En este caso, y en muchos otros, la bioética debe orientar a la ciencia para que proteja al ser humano. Así será una verdadera ciencia.

Pbro. Gustavo Páez


28/07/2009

Ciencia y Fe, un aparente conflicto redundante

La sociedad actual tiende a alejarse cada vez más de una postura religiosa, y los idealismos hegemónicos, tan presentes en los gobiernos "progres" actuales, buscan eliminar toda manifestación de religiosidad en los medios públicos, para encerrarlas en la intimidad y en las conciencias de los seres humanos. Hoy, en España, está mal visto que un aula tenga un crucifijo, o que en las escuelas pueda enseñarse alguna asignatura relacionada con la religión. Se rechaza toda forma de tradición moral y de valores, y el relativismo reina en los comportamientos sociales habituales. Una mal entendida libertad parece ser la manifestación habitual en la sociedad.

Este fenómeno alcanza también a las ciencias y hay innumerables ejemplos que muestran que cualquier aproximación al pensamiento racional puede ser mal visto y duramente criticado. La orientación de las personas que tienen alguna trascendencia política o social debe ser claramente "aséptica" o "políticamente correcta".

Un ejemplo es la propuesta del Presidente Obama para designar a Francis Collins como Director del famoso Instituto Nacional de Salud de EE. UU., el NIH (National Institute of Health). La personalidad científica de este extraordinario investigador, que dirigió el Proyecto Genoma Humano y que concluyó en 2003 con el conocimiento definitivo de la base genética de la especie humana, es indiscutible, pero ... siempre hay un pero, tuvo la malhabida idea de manifestar su ideal cristiano en un libro publicado en 2006 -The Language of God- en el que sostiene que ciencia y religión no deben excluirse y fundamenta su posición en la página web http://biologos.org/, en la que pueden hallarse numerosos artículos de su autoría respecto a la concordancia entre ciencia y fe.

La "tormenta" se desata porque semanas atrás, el NIH hizo públicas unas guías para el uso de células madre embrionarias provenientes de embriones "sobrantes" de la reproducción artificial, las que se emitieron para regular la utilización de fondos federales en la investigación con esas células, con motivo de la resolución de Obama de levantar la interdicción a esos fondos para este tipo de investigaciones. A muchos científicos y periodistas les molesta que un hombre de fe declarada sea el director de un instituto de la jerarquía del NIH, que debe regular actividades científicas ligadas a la destrucción de embriones, por miedo a la restricción de esos fondos.

Francis Collins demuestra que se puede ser científico de prestigio y creyente, que se pueden mostrar y defender valores morales y vivir en esta sociedad relativista.

Dr. Rafael Pineda


23/07/2009

Ante un fallo reciente, sobre el aborto

La Cámara en lo Contencioso Administrativo de la Ciudad de Buenos Aires ha resuelto, en mayo, desestimar la presentación de una ONG que demandó por la nulidad de la Resolución No.1174 / 2007 del Ministerio de Salud porteño dictada para ordenar el procedimiento en los hospitales de la Ciudad ante los casos de abortos no penalizados en nuestro derecho.

En dicha resolución el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ha seguido los pasos de sus colegas de la Provincia de Buenos Aires y Rosario, reglamentando los pasos a seguir por los médicos en casos de abortos despenalizados por el Art. 86 Código Penal de la Nación.

Llama la atención que, a pesar de la desestimación de la presentación hayan proliferado en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires proyectos de ley a fin de reglamentar el procedimiento para la atención integral de los abortos no punibles en el sistema de salud de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y que el delito de aborto no figura, al momento de dictar sentencia, en los convenios de transferencia progresiva de competencia penal de la Justicia Nacional al Poder Judicial de la Ciudad aprobados por ley 2257 de la Ciudad. Cabe preguntarse: se ha resuelto sobre cuestiones que no son de competencia de la Ciudad.

Y nos anima otro interrogante: ¿cuál es la protección de la vida del niño por nacer en nuestro país o de hecho no se  le protege? Argentina ha adherido a la Convención de los Derechos del Niño y a su declaración y en la reglamentación que obra a través de la ley 26.061 ha creado la figura del Defensor de los Derechos de niñas, niños y adolescentes “quien tendrá a su cargo velar por la protección de sus derechos consagrados en la Constitución Nacional, la Convención de los Derechos del Niño y sus leyes nacionales” y en el art. 8º.

Dentro del Capítulo de Principios Derechos y Garantías establece que “las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a la vida, a su disfrute, protección y a la obtención de una buena calidad de vida”. La presente normativa debe interpretarse en los términos en que el país adhirió a esta Convención por ley 23849 la que en su art. 2º declara que se entiende por niño, niña a todo ser humano desde el momento de la concepción y hasta los 18 años de edad.

Considerando la concepción de un ser humano el momento en que el óvulo humano es fecundado por el espermatozoide humano, dando lugar a un ser vivo, con un programa genético nuevo y distinto al de sus padres y a un desarrollo dinámico del proceso de gestación que, de detenerse implica la muerte de la nueva vida humana (por eso es impropio hablar de interrupción, no sólo desde lo semántico sino desde lo biológico) la figura del Defensor del art. 47 de la ley 26061 debería asumir la defensa del niño o niña desde ese preciso momento. Y esto tiene, además, tradición jurídica en el “curator ad ventris” del derecho romano.

La Ciudad de Buenos Aires, no ha sido ajena, además a la incorporación de medidas de protección de niños, niñas y adolescentes. La Constitución de la Ciudad de Buenos Aires en su art. 39 reconoce estos derechos que han tenido su basamento en la Convención de los Derechos del Niño y ha nombrado a la autoridad que tutelará estos derechos.

Si bien en la Ciudad de Buenos Aires, el art. 38 de su Constitución “incorpora la perspectiva de género en el diseño y ejecución de sus políticas públicas” no debería entenderse como un derecho de las mujeres sobre la vida de sus hijos, ni mucho menos que se enfrenten sus derechos con los de sus hijos por nacer. Sería un privilegio impropio de nuestro derecho y no surge del espíritu de la Convención Constituyente que dio origen a la norma fundamental porteña.

Y esto es así porque en la interpretación de las normativas internacionales agregadas a nuestra Constitución Nacional, en caso de contradicción entre dos o más normas específicas (Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y CDN) deberá predominar la de mayor expansión protectiva, es decir el derecho del más absolutamente afectado sobre el menos afectado.

La misma Convención de la Mujer le reconoce en el art. 14, inc. B) el derecho a tener acceso a los servicios adecuados de atención médica, inclusive información, asesoramiento y servicios en materia de planificación de la familia. Este artículo que reconocería la atención a la salud en todas las etapas de la vida. La salud reproductiva debería interpretarse según la OMS (Organización Mundial de la Salud): “...En esta última condición está implícito el derecho de hombres y mujeres  de estar informados y tener acceso a métodos de regulación de la fertilidad  de su preferencia que sean seguros, eficaces, asequibles y aceptables y el derecho a acceder a servicios de salud adecuados que permitan a la mujer llevar a término su embarazo y dar a luz de forma segura”. De esta definición se alienta el tener hijos y la protección del embarazo.   

So pretexto de cuidar derechos reproductivos y sexuales de las mujeres se está introduciendo el aborto por fuera de las causales de despenalización del art. 86 CPN, sin atacar los males que pueden llevar a una mujer a tomar decisiones sobre la vida de sus hijos o abortar por la desnutrición que padece, o las deficiencias por falta de ácido fólico como se desprende de un interesante informe de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad. Muchas veces la mujer firma un consentimiento informado en condiciones emocionales que invalidarían cualquier instrumento privado y sin las mínimas garantías de legibilidad y comprensibilidad del documento. 

Estas políticas se vienen desarrollando desde hace mucho y ya desde el decreto No.2274 del año 1986 concorde con el Plan de Acción Mundial de Población aprobado en Monterrey, Méjico hasta las más recientes Conferencias de El Cairo y Beijing, y las decisiones a nivel parlamentario  tanto en la Nación como en la Ciudad, se ve claramente que no hay políticas de protección a la vida humana desde el momento de la concepción.

El art. 86 del CPN fue incorporado en 1919 y la Comisión redactora  fundó su propuesta en doctrinas eugenésicas y racistas que luego servirían de sustento al régimen nacional socialista instaurado en Alemania a partir de 1933.

La tradición hipocrática, en la que se funda el juramento médico “Hipócrates nos enseña a proteger toda vida humana sin preferencias ni juicios de valor: la del tonto y el sabio, la del anciano y el embrión, la del santo y el delincuente… Los médicos estamos obligados al servicio, a la bondad, al silencio, a la modestia” (del Dr. Florentino Sanguinetti a quien tantos argentinos le deben haber salvado sus vidas en ocasión del atentado a la AMIA).

Ser médico, enfermera no es fácil, se juega en sus manos la vida y la salud de los pacientes. El niño, niña por nacer es un paciente, una paciente. La madre también. Hoy pueden ser salvadas ambas vidas, el médico no debe discernir si está ante un Código o no, sólo debe procurar ser médico. Para eso ha sido formado y hoy, ante la pandemia del virus influenza A H1N1 que padecemos, asistimos más que nunca a este reclamo.

Dra. Nelly Espiño


21/07/2009

¿Dejar morir o hacer morir?

Prolongar el sufrimiento de una persona sin motivo es inhumano. A todos nos provoca un sentimiento de rechazo inmediato cuando vemos u oímos que alguien  se comporte de esa manera con un semejante.

Al leer la noticia del suicidio asistido de Edward Thomas Downes y de su esposa Joan, en un centro especializado de Suiza, la primera pregunta que nos puede venir a la cabeza es: "¿por qué un hombre pide su muerte?" El motivo, según explica su hijo, se encontraría en su incapacidad física: a Joan le habían diagnosticado cáncer terminal y Edward estaba casi ciego y en el último tiempo había tenido una grave pérdida de audición.

En palabras también de su hijo: "Ambos vivieron sus vidas al máximo y se consideraban extremadamente afortunados en lo personal y en lo profesional". Se comprende la dificultad, para dos personas acostumbradas al éxito, de poder enfrentar el resto de una vida en una situación de aparente "sin sentido": ¿cuál sería el significado, en términos de éxito de una vida que se apaga? Tal vez, el problema se encuentre en haber puesto el sentido de la vida en el éxito obtenido. Todos sabemos que el éxito es siempre pasajero, más tarde o más temprano se pierde. Sin embargo, hay otros motivos que pueden dar sentido a la vida, cuando se ha perdido el éxito: las personas que quiero, las personas que me quieren... (además del cónyuge, los hijos, los amigos, etc.).

La pregunta que sigue es: ¿lo único que puede ofrecer nuestra sociedad para dos personas en la situación de Edward y Joan es la muerte? ¿No hay una respuesta más humanitaria? Personalmente pienso que sí. La muerte elegida voluntariamente debería ser un llamado de atención para todos. Para los que estuvieron cerca y para los que estuvieron lejos. Para las autoridades y los que somos parte de la sociedad. Toda persona tendría que poder encontrar un sentido a su vida, un valor, que no esté medido por la utilidad que brinda. Me parece que por allí va la verdadera dignidad.

Los cuidados paliativos pretenden ser una respuesta humanitaria, que no prolonga la vida innecesariamente, sino que permiten "morir en paz", tratando de evitar, en lo posible, los sufrimientos de la gente. Aquellos que atienden enfermos cercanos al final de su vida, deben percibir cuándo llega el momento de dejar morir a una persona.

Pero muy distinto es hacer morir a alguien. Independientemente del modo en que lo consiga. Pienso que muchos pueden entender esto: nadie puede ser, de manera lícita, la causa intencionada de la muerte de un semejante. Y esto, aunque lo que se busque sea evitarle un sufrimiento.

Pbro. Gustavo Páez

Foto: Reuters 


14/07/2009

Principios éticos a la hora de reanimar un bebé

Los principios éticos que se aplican en la reanimación neonatal son los mismos aplicados en un niño o un adulto. Los que se aplican a todos los cuidados médicos incluyen: el derecho a la libertad de la que goza cada individuo y la libertad de tomar decisiones que afecten a su vida (autonomía), actuar siempre buscando el beneficio del paciente (beneficencia), evitar el perjudicarlo innecesariamente (no maleficencia), tratar al ser humano honestamente y respetando sus derechos (justicia).

Por ello se solicita a los pacientes un consentimiento informado antes de realizar un tratamiento. El recién nacido no puede tomar estas decisiones por sí mismo. Se debe nombrar un sustituto que lo represente y cuide los mejores intereses del bebé. Habitualmente los padres son considerados sustitutos. Para que puedan asumir ese rol, deben estar informados y entender sobre los riesgos y beneficios de cada opción de tratamiento, para que su elección sea relevante, precisa y honesta.

Desafortunadamente la emergencia de la reanimación en sala de partos no siempre nos da el tiempo adecuado para hablar y explicar minuciosamente a los padres el procedimiento que se realizará.
Aún cuando se tenga la oportunidad de reunirse con los padres previamente, las dudas acerca de la supervivencia y la posibilidad de incapacidades graves, pueden hacer que los padres se enfrenten a una desición difícil para determinar antes del nacimiento sobre qué será lo mejor para el bebé.

El programa de reanimación neonatal agrega los siguientes criterios específicos de la American Medical Association: la consideración primaria para las  desiciones relacionadas con el tratamiento para resguardar  la vida de los neonatos enfermos, debe buscar lo mejor para ellos. Se debe tener en cuenta:
1-La probabilidad de que la terapia sea exitosa;
2-Los riesgos involucrados con tratamiento y sin tratamiento;
3-El grado en que la terapia, en caso de ser exitosa, extenderà la vida;
4-El dolor y la incomodidad asociados con la terapia;
5-La calidad de vida que puede anticiparse en un recién nacido con o sin tratamiento

Esto deja un espacio de reflexión: los que asistimos hace muchos años a la recepción de recién nacidos sabemos que no siempre un panorma de gravedad extrema conduce a la muerte del recién nacido. Una reanimación eficiente, en los tiempos indicados, tiene muy buenos resultados.

Es importante que algún miembro de la familia esté presente en la reanimación. Será beneficioso en el momento de las decisiones y también, por qué no, en el de las reflexiones.

Bibliografía:
Programa de Reanimación neonatal, American Academy of Pediatrics.

Margarita Cerrotta


10/07/2009

"Madres y células"

El pasado lunes 7 el diario La Naciòn publicó, en su secciòn de Notas, un artìculo de la escritora Mori Ponsowy titulado "Células y madres" (http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1147324), donde refiere su experiencia maternal con un hijo portador una rara enfermedad de origen genético. Trae a colación el tema de las células madre embrionarias como controversias dentro de un grupo de ayuda en la web, entre familiares y pacientes con esa enfermedad. Como frecuentemente ocurre entre los participantes de esos grupos de discusión en internet, las opiniones derivan en discusiones directamente ajenas al tema central, donde se mezclan las creencias con opiniones superficiales y científicamente desinformadas, características de los "opinólogos de todo", tan habitual entre los argentinos.

La autora se pregunta "si el embrión es un ser humano o no, si tiene derechos, si está bien sacrificar a unos por otros" y afirma que "pocos se preguntan de dónde vienen los embriones de los que se obtienen células madre, por qué fueron producidos, cuál suele ser su destino y quién está autorizado para decidir su suerte" y, a continuación explica que los embriones se crean "a través de la fertilización in vitro con la intención de transferirlos al útero y lograr un embarazo exitoso", pero que muchos sobran luego del proceso, exitoso o no.

Al analizar las controversias que surgen sobre el destino de estos embriones, que afirma está en manos de los padres "dejarlos congelados; descongelarlos y arrojarlos a la basura; donarlos a otras parejas con problemas de fertilidad; descongelarlos y donarlos para la investigación científica o para que sus células sean usadas en terapias de enfermedades que necesitan reposición celular", sostiene que convendría dejar de lado el "deber ser" para prestar atención a otros hechos. Aquí surge el primer conflicto ético que plantea el artículo, ya que si no interesa considerar el deber que todo ser humano tiene para con sus pares (en este caso los embriones, aunque ponga en duda su humanidad), todo es posible al quitarle el respeto debido, por su origen, a todo ser de la especie humana.

La primera gran ofensa que sufre el embrión es haber sido creado en el laboratorio y no concebido por sus padres de manera natural. Se podrá alegar que esto no es posible (porque no se ha logrado), si se persigue alcanzar el deseo de lograr el hijo que no llega, y aquí la autora afirma, con razón "que quienes están en contra de la investigación con células madre embrionarias por razones éticas también deberían estar en contra de la fertilidad asistida. Si se piensa al embrión como un ser humano, congelarlo va en contra de sus derechos más básicos". Efectivamente, el hecho de que las técnicas de reproducción artificial no estén legalmente reguladas en la Argentina y en muchas otras partes del mundo, hace que los seres humanos en sus etapas más tempranas de su existencia sean manipulados y destruídos sin el más mínimo sentido de humanidad.

Afirmar que es posible pensar que, con células madre embrionarias se podrán curar enfermedades o superar patologías que al presente no tienen formas de ser tratadas, es estar absolutamente desinformados ya hoy no existe ningún protocolo de aplicación clínica con estas células que haya mostrado utilidad, y muchos de ellos han presentado serias complicaciones en los receptores de estas células por el desarrollo de tumores de alta malignidad, que pueden costar la vida. En contraposición a esto, los numerosos protocolos experimentales que utilizan células madre adultas han mostrado resultados muy alentadores y la posibilidad futura de aplicar las llamadas células madre adultas genéticamente modificadas (iPS: induced pluripotent stem cells) abre esperanzas ciertas en la medicina regenerativa. Para afirmar el valor terapéutico de las células madre adultas, basta explorar el portal ClinicalTrials.gov -un registro de ensayos clínicos mantenido por los National Institutes of Health (Estados Unidos), donde se inscriben ensayos de todo el mundo- en el que al 17/06/09 se incluían 2446 con células madre,  casi todos con células adultas de distintas clases, mientras que solo 7 con células embrionarias humanas.

A la pregunta final, puestas las madres "a elegir entre la posibilidad de vida sana para sus hijos y la eterna semivida congelada de un embrión, ¿qué elegirían las madres?" sospecho que, si la mayoría de ellas estuviera bien informada sobre lo que significa un embrión creado en el laboratorio y congelado, muchas dudarían antes de encarar estas técnicas y otras más se lo pensarían antes de elegir esta "felicidad" ilusoria, sabiendo que nada, hasta ahora, pueden ofrecerles las células madre embrionarias en la curación de niños y adultos.

Dr. Rafael Pineda


08/07/2009

Nueva encíclica "Caridad en la Verdad"

En el medio día de Roma el Papa Benedicto XVI hizo pública su Carta Encíclica "Caritas in Veritatis", la tercera Encíclica de este Papa, en la que ha querido "profundizar algunos aspectos del desarrollo integral de nuestra época, a la luz de la caridad en la verdad", como él mismo lo aseguró el durante el rezo del Ángelus el pasado 29 de junio.
Se trata de una nueva Encíclica que analiza la cuestión social, 18 años después de la "Centesimus Annus" de su predecesor Juan Pablo II.
 
La Asociación italiana Ciencia y Vida (
http://www.scienciaevita.org) ha publicado hoy un escueto comentario sobre la Encíclica tomando dos pequeños párrafos muy relacionados con la bioética. Transcribimos, a continuación una síntesis
 

CIENCIA Y VIDA: La encíclica nos interpela sobre la técnica y la ética

"La apertura moralmente responsable a la vida es una riqueza social y económica." (CV 44). Esta expresión, contenida en la Encíclica "Caritas en Veritate" es, por sí sola, un llamado de atención a todos sobre la centralidad de la persona en la reflexión bioética y contiene inevitables repercusiones en la vida social y económicamente.

"La defensa de la vida humana, la condena al absolutismo de la técnica, la tendencia a la eugenesia y la eutanasia, el riesgo de la negación de la dignidad humana, así como la reafirmación de la centralidad de cada persona y el desarrollo humano integral", representan las palabras claves en la que se basa la acciónde la Asociación Ciencia y Vida.

La Encíclica remarca con fuerza que "la cuestión social se ha convertido radicalmente en una cuestión antropológica, en el sentido de que implica no sólo el modo mismo de concebir, sino también de manipular la vida, cada día más expuesta por la biotecnología a la intervención del hombre" (CV 75).

Un análisis más extenso de esta Encíclica puede encontrarse en http://www.scriptor.org

Dr. Rafael Pineda


08/07/2009

Dignidad de la persona

Recomendamos la lectura de este documento a todos aquellos lectores que deseen conocer las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia, que ponen al día el contenido de la Donum vitae ("Sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación").

La Instrucción explica en la Introducción que "las nuevas tecnologías biomédicas, introducidas en este ámbito delicado de la vida del ser humano y de la familia, provocan ulteriores interrogantes, en particular, dentro del sector de la investigación sobre los embriones humanos, del uso para fines terapéuticos de las células troncales (o células madre), y en otros campos de la medicina experimental".

La primera parte se refiere a la fundamentación antropológica, teológica y ética de la vida humana y su procreación. Esta parte permite comprender mejor el gran valor del hombre y de los actos que le conceden la existencia.

La segunda parte trata sobre los nuevos problemas relativos a la procreación. Antes de plantear una solución a cada uno, expresa el criterio fundamental: "Las nuevas técnicas médicas tienen que respetar tres bienes fundamentales: a) el derecho a la vida y a la integridad física de cada ser humano desde la concepción hasta la muerte natural; b) la unidad del matrimonio, que implica el respeto recíproco del derecho de los cónyuges a convertirse en padre y madre solamente el uno a través del otro; c) los valores específicamente humanos de la sexualidad, que «exigen que la procreación de una persona humana sea querida como el fruto del acto conyugal específico del amor entre los esposos» (Instr. Dignitas personae, n. 12)".

La tercera parte considera las terapias que comportan la manipulación de embriones o del patrimonio genético humano: la terapia génica, la clonación humana, el uso terapéutico de las células "madre", la hibridación y el uso de "material biológico" de origen ilícito.

Sitio en internet:
http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20081208_dignitas-personae_sp.html

Pbro. Gustavo Adolfo Páez


08/07/2009

Palabras de bienvenida

Para empezar a hablar sobre temas de bioética, conviene que definamos de qué hablamos cuando hablamos de esta ciencia.

La bioética es una ciencia nueva; hace apenas 40 años que comenzó a estructurarse, después que un oncólogo y humanista norteamericano -Van Rensselaer Potter- escribiera un libro señero (Biotehics: Bridge to the Future. Englewood Cliffs, NJ, Prentice-Hall,  1971) en el que llamaba la atención sobre la necesidad del respeto por la naturaleza, condición esencial para la supervivencia de la especie humana.

Esta visión, aparentemente alejada de la bioética actual, es un llamado de atención muy cercano al modo que el hombre se comporta con sí mismo y sus congéneres, una bioética ligada a la ecología humana, tan acorde a la clásica definición de la Encyclopedia of Bioethics que la define como el "estudio sistemático de la conducta humana en el ámbito de las ciencias de la vida y de la salud, analizadas a la luz de los valores y principios morales" (Cf. SGRECCIA, E.; Manual de Bioética, Ed. Diana, México 1999, p. 36).

Los avances de la medicina y sus aplicaciones tecnológicas han empujado a la bioética, de ser una ciencia estrictamente médica a transformarse en una cuestión biopolítica, abarcando un amplio espectro de situaciones, percepciones y juicios, influidos por una sociedad multicultural y globalizada que busca, también, globalizar y acordar una “nueva” bioética. Una sociedad banalizada y relativista necesita de ideas claras que la ayuden a ordenarse, a basar sus comportamientos en un fundamento ético, para poder moverse bien en la vida cotidiana.

Los principales temas de Bioética que se tratarán en este blog son: genética, sexualidad y procreación, aborto, fecundación humana, esterilización, investigación, trasplantes y dignidad de la muerte.

Abrir este blog es, para nosotros, abrir una ventana al diálogo en los problemas de la bioética, confrontar opiniones y reflexiones, intercambiar ideas, comentar sucesos que, con frecuencia, se presentan a la opinión pública sin un análisis de gente dedicada a la bioética, y poner a disposición de los lectores, artículos y comentarios de actualidad relacionados con la bioética y que merecen una lectura desde una mirada personalista, el hombre centro del mundo, el respeto a su dignidad intrínseca y a sus derechos, muchas veces conculcados en esta sociedad globalizada.

Soñamos con hacer amigos con los que podamos compartir ideas, pensamientos y reflexiones en este apasionante mundo de la bioética, de los comportamientos humanos, de una sociedad en la que la atención humana tiende a concentrarse en la satisfacción que se espera de las relaciones, tal como lo considera Zigmunt Baumann al tratar la fragilidad de los vínculos humanos.

Por esto y muchas cosas más inauguramos un nuevo blog de bioética, que no intenta ser uno más sino uno diferente, con un enfoque que interese más al gran público que está poco motivado en el análisis de estos problemas por carecer de herramientas básicas que le permitan un análisis más racional que sentimental.

Vemos que la información periodística que acompaña a las noticias ligadas a la bioética carecen de un análisis profundo sobre los temas y circunstancias, con lo cual pensamos que es necesario asistir con información cierta a los periodistas para que los comentarios se sustenten en criterios positivos y basados en una información científica válida.

Esperamos ser útiles a los que nos visiten y deseamos contar con vuestros comentarios y opiniones.

Dr. Rafael Luis Pineda