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El frío extremo puede modificar la temperatura corporal de los más chicos

Los niños muy pequeños y los lactantes son especialmente vulnerables a los cambios de estación y a los días excesivamente fríos o húmedos. Uno de los factores que influye en esta situación es la falta de respuesta del organismo, debido a que las defensas aún no se encuentran suficientemente desarrolladas. 




El frío es un “elemento” externo que incrementa la posibilidad de que los niños pequeños y los lactantes desarrollen enfermedades relacionadas a la temperatura.


Ocurre que, mientras en los adultos el cuerpo es capaz de mantener estable la temperatura gracias al equilibrio entre la producción corporal de calor (favorecida por los movimientos y los temblores) y la disipación corporal del mismo (mediante el sudor y el aumento de la frecuencia de la respiración, por ejemplo), en los chicos este equilibrio no funciona de manera óptima.


“Los niños, sobre todo los muy pequeños y los lactantes, son especialmente vulnerables a los cambios de temperatura porque sus sistemas de respuesta no están todavía lo suficientemente desarrollados como para defenderse del frío. Además, no tienen la actividad física espontánea necesaria, que es lo que ayuda a entrar en calor. Todo esto se traduce en un mayor riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con los cambios de temperatura, sobre todo cuando éstas son extremas o cuando hay mucha humedad ambiental”, comentó el Dr. Fernando Burgos, jefe de la Sección Pediatría del Hospital Universitario Austral (HUA).


Además de las enfermedades que están directamente ligadas al frío, como los cuadros de hipotermia o congelación, en determinadas circunstancias las bajas temperaturas pueden debilitar las defensas del organismo y producir cambios en el aparato respiratorio. Esto favorece la aparición de enfermedades respiratorias, o empeora los problemas respiratorios ya existentes.


“Concretamente, las bajas temperaturas hacen que las pequeñas vellosidades de la nariz, que tienen la función de retener los microorganismos dañinos del aire que respiramos mediante movimientos, tiendan a paralizarse. Así se favorece la entrada de éstos a las vías respiratorias altas”, detalló el especialista.


“La entrada de microorganismos también se ve favorecida cuando por acción del frío extremo la piel que recubre la parte interior de la nariz (mucosa nasal) no consigue cumplir la función de calentar el aire que entra a los pulmones, dando lugar a que los microorganismos penetren en lugares aún más profundos”, completó Burgos.


Cabe remarcar que el calor también puede afectar la salud de los niños generando desde enfermedades leves como por ejemplo la sudamina, hasta los famosos golpes de calor tan frecuentes en épocas estivales.


“Más allá del invierno y el frío, o del verano y el calor, lo que tenemos que tener presente es que un cambio de temperatura brusco no implica necesariamente que se desarrolle una enfermedad, ya que esto depende también de otros factores, como la presencia o no de microorganismos que puedan producir una infección, y de la capacidad defensiva corporal específica de cada persona”, cerró el jefe de Pediatría del HUA.


Contacto:
*Dr. Fernando Burgos
Jefe de la Sección Pediatría
Hospital Universitario Austral
FBURGOS@cas.austral.edu.ar


Fecha: 09/08/2012