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Descripción:

Es una condición crónica que se da como resultado de la inflamación de los conductos de aire en los pulmones. Afecta la sensibilidad de las terminaciones nerviosas de las vías aéreas que se vuelven fácilmente irritables. Se caracteriza por episodios de jadeo y sibilancias, que varían su severidad y frecuencia en cada persona. Aunque no se conoce exactamente cuál es la causa del asma, se cree que está producido por una combinación de factores ambientales y genéticos (hereditarios).

Síntomas:

• Tos con o sin producción de esputo (flema)
• Dificultad para respirar que empeora con el ejercicio o la actividad
• Sibilancias
• Retracción o tiraje de la piel entre las costillas al respirar
Síntomas de emergencia:
• Dificultad respiratoria extrema
• Ansiedad intensa debido a la dificultad para respirar
• Labios y cara de color azulado
• Disminución del nivel de conciencia, como somnolencia severa o confusión, durante un ataque de asma
• Pulso rápido
• Sudoración
Otros síntomas de asma son:
• Respiracion entrecortada
• Dolor de pecho
• Despertares nocturnos con tos y/o fatiga
• Aleteo nasal


Tratamiento y prevención:

La forma más efectiva de prevenir los ataques de asma es identificar y evitar los factores desencadenantes de la enfermedad. Sin embargo, esto es más fácil de decir que de lograr, porque son miles los irritantes o alérgenos que circulan en el ambiente capaces de desencadenar las crisis asmáticas: caspa o pelaje de mascotas, polvo, cambios en el clima, moho, polen, polvo, ejercicio, humo del tabaco, estrés, químicos en el aire o los alimentos, etc. Afortunadamente, aún cuando no puedan identificarse los desencadenantes, es una enfermedad totalmente tratable, cuyos síntomas pueden controlarse.

El tratamiento del asma se enfoca en la restauración de los valores normales de ventilación pulmonar y en la prevención de síntomas agudos. Se adecua a cada paciente y varía según la causa que la produce y según su grado de intensidad: leve, moderada y severa.

Entre los medicamentos existen dos tipos:

– Los de rescate, que son utilizados en las crisis severas para aliviar rápidamente los síntomas (como los agonistas ß2 de corta acción) 
– Los de control, que ayudan a reducir los síntomas y el número de exacerbaciones.  Entre estos se incluyen: los antagonistas de los receptores de leucotrienos, los coticosteroides inhalatorios, los corticoesteroides orales y los agonistas ß2 de acción prolongada.

A la hora de evaluar los tratamientos posibles, el profesional considera su tolerabilidad (vinculada a los efectos adversos) y su tolerancia (necesidad de aumentar la dosis para que siga haciendo efecto) en pos de maximizar los beneficios para la salud y minimizar las consecuencias indeseadas.

Cuando se establece el abordaje terapéutico de un paciente con asma se consideran varios factores con el objetivo de garantizar la adherencia al tratamiento, es decir, que el paciente lo cumpla tal como es indicado por el médico. Entonces la edad del paciente, la severidad del problema, la forma de administración y otras variables asociadas serán tenidas en cuenta al momento de la elección terapéutica.

En todos los casos el asma requiere la intervención médica porque, de no tratarse, puede empeorar y afectar la calidad de vida del paciente, al punto de convertirse en una afección discapacitante.


Fuentes: OMS, Redalergia, Respirar.org, Children’s Health Media Nemours Foundation y el estudio Asthma “Real Word” measures of effectiveness publicado en la revista Pediatric Pulmonology.

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