Compartir

Solicitá un Asesor

Deje sus datos para recibir las novedades del Hospital

Enciclopedia Médica Enfermedades

Enfermedad de Parkinson

Descripción

La Enfermedad de Parkinson es un trastorno degenerativo (progresivo) del sistema nervioso central y pertenece al grupo de trastornos del movimiento. Produce la destrucción de células nerviosas de unas estructuras del cerebro llamadas ganglios basales. Es una enfermedad crónica, es decir que no hay cura y persiste durante décadas. Por su carácter progresivo, empeora con el correr del tiempo.

Normalmente las neuronas segregan dopamina, un neurotransmisor que transmite la información vinculada al movimiento. La muerte progresiva de neuronas disminuye la liberación de dopamina e impide la adecuada coordinación de los movimientos.

No es una enfermedad fatal, pero empeora con el tiempo. La expectativa de vida de una persona con Parkinson es la misma que la de personas sanas. Sin embargo en las etapas avanzadas, puede provocar ahogos (por dificultades en la deglución), neumonía y caídas. Además, los síntomas más severos resultan incapacitantes, ya que impiden la realización de actividades cotidianas tales como tomar los cubiertos y comer, escribir o caminar. Es por eso que los tratamientos disponibles buscan retardar su avance.

Se desconocen las causas de la enfermedad. Una de las teorías más recientes señala la alteración de una enzima (Prx2) que cumple la función de eliminar sustancias perjudiciales para la mitocondria (la fuente de energía de las células), por lo que su acumulación podría dañar a las células nerviosas. Esta línea de investigación avanza sobre la posibilidad de regular la actividad de la enzima para lograr una solución precoz.

La enfermedad de Parkinson es la más frecuente de un grupo de afecciones de características similares que se agrupan bajo el nombre de parkinsonismo, pero que tienen diferentes causas, tales como las secuelas de accidentes vasculares o cerebrovasculares o el abuso de drogas, uso de medicamentos y exposición a tóxicos.

Sus síntomas fueron descriptos por primera vez en 1817, por James Parkinson, un médico británico que se refirió a ella como “la parálisis temblorosa” y desde entonces lleva su nombre. Es la segunda enfermedad degenerativa del sistema nervioso central más frecuente después del Alzheimer. Habitualmente no aparecen síntomas hasta pasados los 60 años, sin embargo existen pocos casos en los que la enfermedad se presenta antes de los 40 años. Es igual de prevalente en hombres y mujeres.

Síntomas:

El inicio de la enfermedad se muestra de manera sutil. Los primeros síntomas aparecen paulatinamente y avanzan en forma gradual. Pueden ser temblores leves, dificultad para incorporarse, rigidez en los movimientos, algunos cambios mínimos en el lenguaje, como cierta lentitud al hablar o cambios en el rostro, que se vuelve inexpresivo. Mientas esto sucede, quien padece la enfermedad no registra malestar y esta situación puede prolongarse durante un largo tiempo antes de que surjan las manifestaciones más obvias.

A medida que el Parkinson avanza, los síntomas se vuelven más pronunciados, aparecen dificultades más severas para caminar, hablar o realizar tareas sencillas debido a los temblores. Recién en esta etapa, cuando el paciente se ve impedido de desenvolverse en su vida cotidiana, generalmente recurre al médico.

Tiene cuatro síntomas principales. Sin embargo no todas las personas que lo padecen experimentan los cuatro. Tampoco aparecen simultáneamente. Por lo general, al comienzo de la enfermedad sólo uno de ellos se evidencia y lo hace de manera paulatina.

– Temblor en las manos, los brazos, las piernas, la mandíbula o la cabeza. Suele ser más pronunciado cuando la persona se halla en reposo. Por lo general comienza en una parte determinada del cuerpo, comúnmente las manos.

– Rigidez o agarrotamiento de las extremidades y el tronco: esto provoca dolor muscular y fatiga.

– Bradicinesia: significa lentitud en el movimiento. Algunas personas experimentan también episodios de “congelación”, duran algunos segundos en los que no pueden moverse (también se conoce como síntoma on off)

– Inestabilidad postural o deterioro del equilibrio y la marcha: es común que las personas con Enfermedad de Parkinson caminen arrastrando los pies y encorvadas. Sin embargo esta situación no aparece hasta que el trastorno está bastante avanzado

Otros síntomas son:

– Depresión
– Problemas de memoria, confusión mental o demencia, trastornos cognitivos
– Trastornos del habla
– Trastornos de la deglución


Prevención y tratamiento

No hay forma de prevenir la Enfermedad de Parkinson, pero sí es importante su diagnóstico y tratamiento precoz. Mediante ejercicios y estimulación neurosensorial es posible demorar el avance de la enfermedad, lo que resulta mucho más difícil de lograr es revertir los síntomas de un paciente ya muy afectado.

Se conoce como tratamiento kinésico el ejercicio programado que busca lograr una utilización más eficiente de la dopamina en el organismo. En una persona que habitualmente realiza actividad física el ejercicio tiene por objetivo mantener el estado del paciente y demorar el deterioro progresivo. A las personas sedentarias se les recomienda en el inicio de la enfermedad comenzar con este tipo de tratamiento en manos de un profesional de manera gradual y progresiva.

El tratamiento farmacológico tiene por objetivo aliviar los síntomas. Habitualmente se indica un medicamento que ayuda a reponer la dopamina en el cerebro. Existen diversos fármacos para tratar la Enfermedad de Parkinson y en muchos casos se utilizan de manera combinada. El médico evaluará los beneficios de las diferentes alternativas terapéuticas en función de las necesidades del paciente, teniendo en cuenta los efectos secundarios de estas drogas, que generalmente son más intensos al inicio del tratamiento y se atenúan con el tiempo.

Existe la posibilidad de recurrir a la cirugía cuando los síntomas resultan incapacitantes y el paciente no responde a los tratamientos farmacológicos. Son tres los tipos de operaciones que pueden realizarse:

– Cirugía ablativa: se destruye una porción pequeña del cerebro.
– Estimulación cerebral profunda: se coloca un implante que permite al paciente enviar estímulos de alta frecuencia que logran controlar los síntomas.
– Cirugía restauradora: es un transplante en el que se implantan nuevas células nerviosas con el objetivo de que reemplacen a las células muertas por la enfermedad.

 

Fuente: Biblioteca Nacional de Estados Unidos, National Institute of Neurological Disorders and Stroke, Family Caregiver Alliance, Fundación Argentina para el Desarrollo de la Medicina Preventiva y Familiar

Acreditado por Joint Commission InternationalOAAMiembro de la Red Global de Hospitales Verdes y Saludables