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Descripción

Una hernia ocurre cuando parte de un órgano o tejido sobresale por fuera de la cavidad corporal que lo contiene. Esto se produce por la debilidad o por la rotura del tejido contenedor. Existen distintos tipos de acuerdo a su ubicación y pueden producirse en casi cualquier parte del cuerpo. Generalmente los músculos son los más propensos a sufrir estas aberturas, especialmente los de la pared abdominal.

Los tipos más frecuentes de hernia son:

– Inguinal y femoral: afecta a los tejidos de la ingle.
– Por incisión: se localiza en el lugar donde se practicó una intervención quirúrgica.
– Umbilical: aparece alrededor del ombligo de los recién nacidos.
– Periumbilical: en la zona del ombligo en adultos.
– Epigástrica o de la pared abdominal: se produce en la parte superior y central del abdomen, entre el esternón y el ombligo.
– De hiato: parte del estómago asciende hacia el tórax a través de un orificio ubicado en el diafragma.
– De disco: el núcleo pulposo del disco intervertebral se desplaza hacia la raíz nerviosa, ejerciendo presión sobre ella.

Las hernias son muy comunes y representan uno de los ingresos por cirugía más habituales en los hospitales. Pueden aparecer a cualquier edad. Algunas son defectos de nacimiento (estas pueden ser hereditarias), otras se producen por realizar fuerza excesiva. Incluso cualquier actividad o problema médico que genere tensión en el tejido y en los músculos puede generar una hernia, por ejemplo el estreñimiento crónico, la tos crónica o el sobrepeso. El embarazo también aumenta el riesgo. En el caso de las hernias de disco, comúnmente son causadas por algún traumatismo o mal movimiento.

Frecuentemente, las hernias no presentan síntomas ni molestias, sin embargo eso no significa que no impliquen cierto riesgo para la salud. La complicación más común es que se estrangule. Eso significa que el suministro sanguíneo se corta antes de llegar a la porción de tejido (en algunas hernias puede ser una fracción del intestino, por ejemplo) que sobresale por fuera de cavidad, y que se produzca una consecuente necrosis. Esta situación representa una emergencia médica que requiere una cirugía de urgencia.

Algunos tipos de hernia también pueden generar presión sobre algún nervio, como sucede con las hernias de disco o las hernias inguinales y producir dolor, pérdida de sensibilidad y pérdida de movilidad.


Síntomas

– Aparición de una protuberancia que se hace más notoria cuando la persona se encuentra parada o tose. Puede desaparecer o disminuir cuando está acostada
– Dolor antes de la aparición de la protuberancia
– Sensación de tirantez en la zona
– Dolor asociado a esfuerzos

En el caso de que se produzca la estrangulación de la hernia:

– Vómitos
– Fiebre
– Dolor


Prevención y tratamiento

Un buen tono muscular puede prevenir aquellas hernias que devienen de su atrofia o laxitud. Por eso recomiendan incluir la actividad física en la vida cotidiana. Si hay que levantar peso, es importante usar las técnicas apropiadas para prevenir así que el esfuerzo se realice de manera inadecuada. Además,  se deben tratar los cuadros crónicos de tos o estreñimiento y en el caso de sobrepeso, adelgazar. Sin embargo, a pesar de estas indicaciones generales, en muchos casos no es posible prevenir las hernias.

Una vez que se produjo una hernia, no remite ni desaparece. Para restaurar la abertura por la que salieron los tejidos u órganos y volverlos a su sitio, es necesario recurrir a la cirugía. La evaluación acerca de la necesidad de realizar la operación forma parte de la recomendación médica. Para evitar el riesgo de una estrangulación se programa con tiempo una cirugía. Se trata en casi todos los casos de un procedimiento sencillo, rápido y poco riesgoso.

 

Fuentes: Bibilioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, Health Encyclopedia, Deaseases and Conditions, University of Maryland Medical Center (EE.UU).

 

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