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Descripción

El SIDA es una enfermedad infecciosa causada por el virus de la Inmunodeficiencia Humana (HIV). El HIV se caracteriza por atacar a los linfocitos del sistema inmunológico del organismo. En una primera etapa, que puede durar años, el HIV permanece en un estado latente dentro de los linfocitos. En determinado momento, por causas que aún no fueron establecidas por la ciencia médica, el virus que permanecía “dormido” se activa y comienza a destruir los linfocitos. Es de esta manera que el HIV logra paulatinamente debilitar el sistema inmune de una persona, impidiendo que el organismo luche contra los gérmenes. La segunda etapa de la enfermedad es la que se registra cuando el sistema inmunitario ya está deteriorado y es la que se conoce como SIDA.

SIDA es la sigla de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida. Este es el nombre de la enfermedad porque se caracteriza por un conjunto de síntomas diferentes (Síndrome); el virus provoca un funcionamiento deficitario del sistema inmune (Inmunodeficiencia) y se trata de una enfermedad contagiosa (Adquirida), no congénita ni hereditaria.

Ser portador del virus del HIV, no es lo mismo que tener SIDA: en el primer caso, el virus permanece en estado latente y no hay manifestaciones de que el sistema inmunológico esté debilitado. La persona no tiene síntomas de ningún tipo, sin embargo, un portador de HIV puede transmitir el virus a otras personas. El SIDA es el estadio de la enfermedad en el que el virus está activo y afecta al sistema inmunológico, lo que permite que procesos infecciosos o tumorales avancen con facilidad.

Desde que una persona se infecta con HIV hasta que desarrolla la enfermedad del SIDA, existe un período asintomático que suele durar unos 10 años. El resultado positivo de un test de HIV no significa necesariamente que la persona tenga SIDA, sino que existen anticuerpos en su sangre que delatan la infección.

Cuando una persona tiene HIV se puede conocer el estado de su sistema inmunológico mediante el conteo de los niveles de CD4 (linfocitos T) en su sangre. Un conteo de CD4 normal en una persona sana es de entre 480 y 1800 por milímetro cúbico. Un conteo de CD4 de menos de 200 por milímetro cúbico puede considerarse diagnóstico de SIDA.


El HIV se contagia de las siguientes formas:

– Relaciones sexuales: heterosexuales u homosexuales.
– Vía sanguínea: compartir agujas o jeringas, transfusiones, o a través de cualquier elemento punzante que entre en contacto con la sangre de una persona infectada.
– Transmisión perinatal: las mujeres pueden transmitirlo a sus hijos durante el embarazo, el parto o la lactancia.

Tres de cada cuatro contagios se producen por vía sexual.

El HIV está presente en todos los líquidos del organismo de las personas que tienen el virus: sangre, semen, saliva, lágrimas, orina, secreciones vaginales, líquido preseminal, etc. pero solamente la sangre, el líquido preseminal, el semen, los fluidos vaginales y la leche materna, presentan concentraciones suficientes del virus para transmitirlo.

Síntomas

– Entre dos y cuatro semanas después de la infección puede presentarse una inflamación en los ganglios y síntomas gripales que desaparecerán espontáneamente luego de unas semanas, es lo que se conoce como infección aguda por HIV.
– Los síntomas tempranos pueden ser escalofríos, fiebre, ganglios inflamados, debilidad, sudores nocturnos y pérdida de peso.
– Cuando el sistema inmunitario está deteriorado se pueden presentar infecciones oportunistas (bacterias, virus o linfomas que un sistema inmunitario sano combatiría con facilidad).
– El virus del herpes simple, la tuberculosis, candidiasis bucal o vaginal, herpes zóster, Sarcoma de Kaposi son algunas de las afecciones más comunes en pacientes con SIDA con un conteo de CD4 por debajo de 350 células por milímetro cúbico.
– Neumonía, esofagitis por cándida, angiomatosis bacilar, son enfermedades frecuentes en pacientes con un conteo de CD4 inferior a 200 células por milímetro cúbico.
– Meningitis criptocócica, demencia por SIDA, encefalitis por toxoplasma, inapetencia y pérdida de peso extrema, diarrea extrema, son comunes en pacientes con CD4 inferior a 100 células por milímetro cúbico.


Prevención y tratamiento

Se recomienda realizar periódicamente el test de HIV. El análisis es confidencial y sólo puede realizarse con el consentimiento del paciente. Es un análisis de sangre que detecta la presencia de anticuerpos contra el HIV. Actualmente se realiza la prueba ELISA, que no es específica para la infección por HIV, por lo que un resultado positivo deberá ser confirmado con la prueba Western Blot.

Es necesario tener en cuenta el “período ventana”, que es el tiempo que transcurre desde que la persona se infecta, hasta que su organismo desarrolla los anticuerpos al HIV. Este período es de aproximadamente entre 2 y 6 meses, en los que la prueba dará un resultado negativo, aún cuando se haya producido la infección.

El resultado positivo del análisis (seropositivo) establece la presencia de anticuerpos en la sangre, pero no dice nada acerca del estado clínico del paciente o de la situación de su sistema inmunológico. Puede tratarse de un portador asintomático de HIV o de un enfermo de SIDA.

Hacer el análisis permite a la persona conocer si es HIV positivo para comenzar un tratamiento que le permitirá vivir saludablemente. Además, al saberse portador podrá evitar transmitir el virus a otras personas.

En este momento no existe cura para el HIV/SIDA, pero sí tratamientos que permiten controlar la enfermedad y aportar una buena calidad de vida, incluso para aquellas personas que ya desarrollaron síntomas

En todos los casos, ante un análisis positivo de HIV se recomienda la consulta médica para iniciar un tratamiento. Existen diferentes antirretrovirales que logran reducir el virus, impedir que el virus se reproduzca y mejorar el conteo de CD4 (linfocitos T), lo que ayuda al sistema inmunitario a recuperarse.

Es importante seguir el tratamiento de la forma indicada, respetando horarios y dosis, para evitar que el virus se vuelva resistente a la medicación.

Gracias a la efectividad de los nuevos antirretrovirales se considera al HIV como una enfermedad crónica. Con el adecuado tratamiento, un paciente puede mantenerse saludable durante toda su vida, incluso no desarrollar el SIDA.  Además, en la actualidad, con atención médica adecuada, el riesgo de transmisión perinatal es casi nulo, por lo que una embarazada portadora de HIV, con el tratamiento adecuado, podrá dar a luz a un bebé sano.

 

Fuentes: Organización Mundial de la Salud, Fundación Huésped, Secretaría de Comunicación del Gobierno Argentino, Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.

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