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Descripción

La migraña es una enfermedad neurológica que consiste en dolores de cabeza recurrentes. Se presentan con diferente intensidad, frecuencia y duración. Comúnmente el dolor se localiza en un solo lado de la cabeza y suele ir acompañado de nauseas y vómitos.

Existen dos tipos principales de migraña:

Clásica o migraña con aura: se habla de la presencia del “aura” cuando antes de un ataque de dolor de cabeza intenso, la persona experimenta percepciones visuales tales como flashes luminosos, chispas, líneas en zigzag y hasta la pérdida temporal de la visión entre otros posibles síntomas sensoriales. Estas sensaciones, que pueden durar entre 10 minutos y una hora aproximadamente, se producen antes de que se desate el dolor de cabeza, por lo que se habla de síntomas premonitorios a la jaqueca.

Común o sin aura: este tipo de migraña es similar a la anterior, pero se diferencia de ella porque entre los síntomas premonitorios, no se produce el aura. Esta es la forma más frecuente de migraña.

Existen teorías para explicar la migraña, aunque no hay evidencia científica concluyente. Se cree que la cefalea se manifiesta cuando las arterias que irrigan el cerebro se constriñen y luego se dilatan, lo que provoca dolor (teoría vascular). Sin embargo algunos sugieren que el grosor de los vasos sanguíneos aumenta por otros cambios en el sistema nervioso, y se considera que los neurotransmisores (mensajeros químicos en el cerebro) juegan un papel fundamental como desencadenantes de la migraña.

Generalmente los ataques de dolor desaparecen dentro del lapso de las 24 horas, pero pueden durar hasta tres días. Cuando no se producen los ataques de dolor, el paciente se siente bien, sin ninguna clase de molestia o síntoma.

La frecuencia de los dolores de cabeza varía entre diferentes personas e incluso un mismo paciente puede experimentar épocas de ataques frecuentes y períodos en los que se producen de manera espaciada. Una persona puede padecer más de una crisis por semana y luego pasar varios meses e incluso años, sin dolores.

La migraña suele presentarse por primera vez en la adolescencia. Generalmente afecta a personas de entre 20 y 45 años. Es más frecuente entre las mujeres que entre los hombres y esto se explica por los cambios hormonales. Generalmente lo padecen aquellos que tienen antecedentes familiares.

Se utiliza como criterio médico para determinar la migraña, el haber tenido al menos cinco ataques, padecer un dolor de cabeza que dura entre 4 y 72 horas; el dolor es unilateral (un solo lado de la cabeza) o pulsátil y la intensidad imposibilita hacer cualquier tarea y empeora con el movimiento.

Síntomas

Existe un grupo de síntomas premonitorios que se desatan antes del dolor de cabeza. Pueden durar desde una o dos horas, hasta un día entero:

– Cansancio
– Bostezos
– Estado de alerta
– Hiperactividad
– Retención de líquidos
– Deseo de comer cosas dulces
– Aura

El dolor de cabeza, suele acompañarse de otros síntomas como:

–    Trastornos visuales
– Náuseas
– Vómitos
– Fotofobia
– Aversión a la comida
– Abatimiento

Prevención y tratamiento

Son muchos los factores que pueden desencadenar ataques de migraña: la dieta, el sueño, el estrés, la menstruación en las mujeres. Es por eso que se recomienda a quienes padecen migraña prestar especial atención o incluso llevar un diario para detectar cuáles son los desencadenantes del dolor. De esta manera es posible, en algunos casos, reducir la cantidad o la frecuencia de los ataques.

Algunas personas que padecen migrañas con cierta frecuencia, se habitúan a tomar analgésicos de manera preventiva. Esto no es recomendable ya que estos mismos analgésicos, a causa de su uso crónico, pueden desencadenar la migraña, además de tener otros efectos secundarios.

Existen diferentes tratamientos farmacológicos para combatir la migraña. Una de las familias de medicamentos utilizados son los conocidos como “abortivos” que tienen por objetivo detener el dolor de cabeza una vez que comenzó la crisis.

Cuando los ataques son muy frecuentes o no responden a los tratamientos específicos, o en casos en los que por alguna razón esos medicamentos están contraindicados para el paciente, es posible administrar tratamientos preventivos que buscan reducir la frecuencia de las crisis y mejorar la eficacia de los medicamentos cuando estas aparecen.

Debe ser el médico quien determine el tratamiento a seguir, teniendo en cuenta el caso en particular, los efectos secundarios de la toma prolongada de determinados fármacos y la respuesta que presenta cada paciente a la medicación.


Fuentes: Asociación Argentina de Cefaleas, National Headache Foundation, Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, American Academy of Neurology

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