Para un niño que nace con una cardiopatía compleja, la cirugía en sus primeros meses de vida es el comienzo de todo: es la intervención que le permite crecer, jugar y desarrollarse. Sin embargo, muchas de esas reparaciones iniciales no son un punto final, sino el inicio de un camino de largo aliento. Con el paso de los años, esas estructuras pueden agotarse y la válvula pulmonar —esa “compuerta” vital que permite el paso de la sangre a los pulmones— empieza a fallar; entonces el corazón se ve obligado a trabajar el doble: un esfuerzo silencioso que, de no tratarse, termina por cansar al músculo cardíaco. Históricamente, resolver este desgaste significaba una sola cosa: volver a pasar por una cirugía a corazón abierto, con todo el peso físico y emocional que implica reintervenir un tórax que ya conoce el quirófano.
Desde hace décadas, sin embargo, la evolución de la tecnología ha permitido un abordaje mucho más amable: el reemplazo valvular por cateterismo cambió las reglas del juego al permitir implantar una nueva válvula sin necesidad de abrir el pecho. En este escenario, el Hospital Universitario Austral —referente histórico en la técnica y uno de los primeros centros del país en incorporar válvulas pulmonares percutáneas autoexpandibles como la Venus— acaba de dar un paso más en la personalización de sus tratamientos con la incorporación de la válvula Harmony. Con el primer implante de esta tecnología realizado en Buenos Aires, la Institución suma una pieza clave a su arsenal de opciones terapéuticas.

¿Por qué es importante sumar una nueva válvula si el hospital ya realizaba estos procedimientos? La respuesta está en la anatomía de cada paciente. Cada corazón operado presenta una configuración única e irregular. “Harmony se incorpora como una alternativa más dentro de las válvulas que ya veníamos utilizando. Contar con distintas plataformas nos permite seleccionar la prótesis más adecuada para la anatomía específica de cada caso”, explica el doctor Marcelo Rivarola, médico del Servicio de Hemodinamia a cargo del intervencionismo en cardiopatías congénitas.
Según señala el experto, este nuevo dispositivo de la firma americana Medtronic, que cuenta con la rigurosa aprobación de la FDA, ofrece una opción de anclaje optimizada para aquellos tractos de salida del corazón que son particularmente anchos o dilatados. Su diseño autoexpandible en forma de “reloj de arena” amplía las opciones disponibles para abordar por vía percutánea anatomías particularmente complejas.

“El 85 % de nuestros pacientes se va de alta caminando al día siguiente”, destaca el doctor Rivarola. En muchos casos, agrega, la recuperación permite una rápida reincorporación a la rutina habitual. Pero más allá de la veloz recuperación, el beneficio es estratégico. Al tratarse de una prótesis biológica confeccionada con tejido porcino, el paciente no requiere estar anticoagulado de por vida. A diferencia de ciertas válvulas mecánicas utilizadas en otros contextos, esto evita la necesidad de anticoagulación crónica.
Dado que se trata de pacientes jóvenes, cada decisión se piensa en función de las próximas décadas. El uso de estas válvulas responde a una lógica de planificación escalonada: su diseño permite que, si la prótesis se desgasta con los años, pueda colocarse una nueva válvula dentro de la anterior por la misma vía mínimamente invasiva, preservando así opciones terapéuticas a largo plazo.
La llegada de la válvula Harmony se da dentro de un entorno especializado: el Hospital Universitario Austral es uno de los pocos centros del país que posee un área y un equipo profesional destinados íntegramente al seguimiento de cardiopatías congénitas desde la infancia hasta la adultez. Esta incorporación refleja la filosofía del Hospital: evolucionar constantemente para ofrecer una medicina personalizada, donde la tecnología esté al servicio de un plan de vida integral para el paciente.
