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28 Oct 2026

ACV: no esperes a que pase y sea tarde

En el Hospital Universitario Austral, la sospecha de un accidente cerebrovascular moviliza a médicos, enfermeros y especialistas de distintas áreas. Una mirada al circuito que une diagnóstico, tratamiento y rehabilitación, a los avances que ampliaron las posibilidades de recuperación y a las señales que requieren pedir ayuda inmediata.

Una sospecha de accidente cerebrovascular pone al equipo en alerta: el paciente necesita una evaluación urgente; las imágenes, interpretación; los especialistas, información para tomar decisiones cruciales. Médicos y enfermeros de Emergencias, neurólogos e intensivistas, entre otros profesionales, trabajan contra un mismo reloj: son parte del equipo de Stroke del Hospital Universitario Austral, especializado en la atención de esta patología. Cada paso debe ser rápido; cada decisión, precisa. De esa coordinación dependen la supervivencia del paciente y la posibilidad de conservar funciones tan esenciales como hablar, caminar o alimentarse en el futuro.

La escena concentra en pocos minutos la magnitud de un problema mayúsculo: el ACV es una de las principales causas de muerte y discapacidad en Argentina y el mundo. Para quienes sobreviven, las secuelas pueden transformar los actos más sencillos de la vida cotidiana: sostener un vaso, vestirse, mantener una conversación. Preservar esa autonomía también es parte central de la urgencia. En el Hospital Universitario Austral, la respuesta está disponible las 24 horas, los siete días de la semana. La llegada de cada paciente inicia un circuito que articula distintas especialidades, continúa durante la internación hasta su recuperación.

Ese trabajo le valió a la institución, en agosto del año pasado, la certificación como Centro Esencial de Atención de ACV, otorgado por la World Stroke Organization y la Sociedad Iberoamericana de Enfermedades Cerebrovasculares, un reconocimiento que lo ubica entre un grupo selecto de centros de Argentina. Aun así, cuando el equipo se ha puesto en marcha, muchas veces la consulta tardía es una de las principales barreras para un tratamiento efectivo, como describe el Dr. Santiago Andrés Farfán Rea, médico de Emergencias y coordinador del equipo de ACV: los pacientes suelen notar dificultades para el habla o desviación de la boca, esperan en su domicilio que desaparezcan y postergan la consulta. Aunque el síntoma puede parecer menor, sus secuelas pueden ser incapacitantes. 

“Tenemos todo para atenderlos de la mejor manera, pero necesitamos que los pacientes lleguen antes”, advierte el Dr. Marcelo Rodríguez, jefe del Departamento de Emergencias del Hospital Universitario Austral, sobre una demora con graves consecuencias. La carrera, entonces, empieza allí: en el instante en que una persona, o alguien a su lado, comprende que ese síntoma repentino necesita ser evaluado por un médico. Después vendrán las imágenes, las decisiones, los tratamientos. Primero hay que llegar a Emergencias.

ACV: no esperes a que pase y sea tarde
Ante síntomas repentinos, hay que llamar al servicio de emergencias y evitar conducir. El aviso previo del traslado permite preparar la recepción y acelerar los estudios.

Anatomía de una urgencia: ¿Qué sucede en el cerebro durante un ACV?

Para comprender la urgencia de un ACV, hay que entender que el cerebro necesita de un flujo sanguíneo continuo para recibir el oxígeno y los nutrientes que le permiten funcionar. Cuando ese flujo constante se interrumpe o se altera de forma súbita, se desencadena la emergencia médica. El Dr. José Ignacio Albornoz, neurólogo vascular y especialista en ACV del Hospital Universitario Austral, explica los dos mecanismos principales de la enfermedad: “Si una arteria se ocluye, estamos ante un ACV isquémico; si una arteria se rompe, se trata de un ACV hemorrágico”. Más del 80% de los casos corresponden a episodios isquémicos, aclara, es decir, obstrucciones del flujo sanguíneo.

El pronóstico dependerá de la localización de la lesión, del tiempo transcurrido y del tratamiento: la prioridad es salvar la vida del paciente y minimizar cualquier tipo de incapacidad o secuela.

ACV: no esperes a que pase y sea tarde
Asimetría repentina al sonreír, dificultad brusca para hablar o comprender, o debilidad súbita en un brazo o una pierna pueden advertir un ACV, aunque duren unos minutos.

De la resignación al dinamismo: la evolución histórica del tratamiento

Durante décadas, el accidente cerebrovascular se consideró un evento ante el cual la medicina poco podía hacer en la etapa aguda. El enfoque tradicional era esencialmente conservador. El Dr. Rodríguez recuerda que, antes de contar con herramientas para actuar sobre la obstrucción, buena parte del esfuerzo se concentraba en rehabilitar las secuelas. La llegada de los tratamientos trombolíticos produjo “un cambio radical”, señala; después, la trombectomía amplió fuertemente las posibilidades de intervención y recuperación. 

El dinamismo acelerado de la especialidad se refleja en cómo, en poco más de dos décadas, se crearon los primeros protocolos de trombolisis farmacológica específicos para el cerebro, a mediados de los 90s. Otra gran transformación irrumpió a partir de 2015 con el desarrollo de dispositivos endovasculares capaces de navegar por el árbol arterial intracraneal para extraer físicamente el coágulo. El Dr. Albornoz destaca la celeridad con la que se corren hoy las fronteras del conocimiento: “En paralelo, el tratamiento médico fibrinolítico se está llevando a ventanas de tiempo impensadas. Hasta hace poco era inviable hablar de trombolisis más allá de las cuatro horas y media; hoy, en casos seleccionados, alcanzamos las nueve horas, y existen protocolos en estudio que evalúan extenderla hasta las 24 horas”.

ACV: no esperes a que pase y sea tarde
Las imágenes permiten distinguir si una arteria está obstruida o si existe un sangrado: esa diferencia define el tratamiento.

Las señales de alerta y la regla de la “sobreconsulta”

A diferencia de un dolor de pecho que alerta de inmediato sobre un infarto cardíaco, los síntomas de un ACV suelen minimizarse o confundirse con cansancio, estrés o una indisposición pasajera. El Dr. Farfán Rea advierte sobre esta brecha educativa: “A la patología cerebrovascular todavía se le da menos importancia, muchas veces por desinformación. Frente a un síntoma leve, como una pequeña alteración al hablar o debilidad motora, la gente tiende a esperar a ver si se le pasa o a acostarse a dormir. Ese es el error crucial: el ACV es tiempo-dependiente y en esas horas de espera perdemos la oportunidad de aplicar un tratamiento oportuno”.

Para facilitar la identificación en el hogar o la vía pública, los especialistas remarcan tres signos cardinales:

  • Asimetría facial: un lado de la boca se tuerce o cae de forma repentina, especialmente al sonreír. 
  • Alteración del habla: dificultad brusca para modular, articular palabras o comprender lo que se le dice.
  • Pérdida de fuerza motora: debilidad repentina en un brazo o en una pierna.

Estas manifestaciones pueden acompañarse de pérdida súbita de visión, dificultades para mantener el equilibrio, confusión o un dolor de cabeza muy intenso. No es necesario que los síntomas se presenten juntos para buscar asistencia. Incluso si duran pocos minutos y desaparecen, la consulta debe ser urgente: puede tratarse de un ataque isquémico transitorio, aunque solo la evaluación médica permite determinarlo. 

La Dra. Agustina Zavattieri, médica intensivista e integrante del equipo interdisciplinario, enfatiza la conducta preventiva: “Es preferible estimular la sobreconsulta antes de que la persona se quede en su casa esperando que el síntoma ceda con una siesta. Frente a cualquier manifestación repentina, hay que acudir a la guardia de inmediato”.

ACV: no esperes a que pase y sea tarde
La recuperación también se juega en los gestos cotidianos. La rehabilitación comienza lo antes posible y puede trabajar el movimiento, el equilibrio, el lenguaje y la deglución.

La hora de oro

En un ACV, hay dos tiempos decisivos: el que transcurre hasta llegar al hospital y el que necesita el equipo para intervenir. La ventana ideal exige aprovechar ambos: consultar apenas aparecen los síntomas y, una vez en Emergencias, completar la evaluación e iniciar el tratamiento trombolítico en el menor tiempo posible desde el ingreso. A ese tramo, se lo conoce como “la hora de oro”. 

Muchos pacientes consultan cuando los síntomas llevan varias horas. El Dr. Farfán Rea pone cifras a esa dificultad: se evalúan más de 30 pacientes con diagnóstico confirmado de ACV por mes, pero  apenas dos o tres trombólisis, el tratamiento farmacológico que busca disolver el coágulo. El acceso tardío a la consulta es una de las razones que limitan la reperfusión, aunque la indicación también depende de las condiciones de cada paciente.

“La mayoría de los pacientes que llegan al Hospital Universitario Austral vienen por sus propios medios”, añade el profesional; algunos, incluso manejando. Ante una sospecha de ACV, hay que llamar al servicio de emergencias y evitar conducir: los síntomas pueden comprometer el control del vehículo. Además, el traslado en ambulancia y el aviso previo permiten preparar la recepción y acelerar los estudios.

Severidad, escalas clínicas y síntomas “levemente incapacitantes”

La magnitud clínica de un ACV se determina mediante la escala NIHSS (National Institutes of Health Stroke Scale), que clasifica la afección en leve, moderada o severa. No obstante, la medición numérica no siempre refleja el impacto real en la vida del paciente. “Hay síntomas que en la escala objetiva pueden parecer leves, pero resultan profundamente incapacitantes para la vida cotidiana de una persona”, ejemplifica el Dr. Albornoz: “Una mínima pérdida de fuerza fina en los dedos puede privar de su actividad a un pianista, de la misma forma que una leve alteración visual invalida a un piloto. Por eso, evaluamos cada caso junto al paciente y su familia para determinar el impacto funcional y definir la conducta médica”.

Esa decisión médica dependerá de la causa que confirme la tomografía o resonancia. Si el ACV es isquémico, las opciones abarcan la trombólisis intravenosa para disolver el trombo o la trombectomía mecánica para extraerlo mediante cateterismo endovascular, técnicas que pueden aplicarse por separado o combinadas. Si el evento es hemorrágico, el abordaje cambia de eje por completo: se orienta a controlar de inmediato la presión arterial, frenar el sangrado y monitorear la presión cerebral. Para sostener este nivel de respuesta en ambas situaciones, el Hospital Austral cuenta con un Servicio de Hemodinamia y un equipo capacitado las 24 horas, los siete días de la semana; un estándar de altísima complejidad que muy pocos centros de salud logran ofrecer en la Argentina. 

ACV: no esperes a que pase y sea tarde
La acreditación como Centro Esencial de Atención de ACV reconoce una cadena de cuidados que abarca la respuesta urgente, la internación y el seguimiento después del alta. En la foto, el Dr. Santiago Farfán, coordinador de la Unidad de ACV del Hospital Universitario Austral, recibiendo la acreditación en el XXVII Congreso Iberoamericano de Enfermedad Cerebrovascular, organizado por la World Stroke Organization en Panamá, noviembre 2025.

Un cambio de perfil: el incremento de casos en adultos jóvenes

Tradicionalmente asociado a la tercera edad, el ataque cerebrovascular muestra un incremento preocupante en personas menores de 45 a 55 años. El Dr. Albornoz advierte sobre esta tendencia regional reflejada en recientes publicaciones epidemiológicas: “En América Latina vemos un aumento de la incidencia en pacientes jóvenes. Esto responde a que los factores de riesgo cardiovascular tradicionales se están detectando a edades cada vez más tempranas”. Los datos científicos recientes, añade, confirman que aproximadamente el 80% de la carga de enfermedad, mortalidad y discapacidad atribuible al ACV es totalmente prevenible mediante el control estricto de la salud vascular. Entre las variables de riesgo con mayor impacto directo se encuentran:

  • Hipertensión arterial sistólica (el factor de mayor peso relativo).
  • Dislipidemia (niveles elevados de colesterol LDL).
  • Glucemia alterada en ayunas y diabetes.
  • Sedentarismo y hábitos alimentarios.
  • Tabaquismo y consumo de sustancias recreativas.

Rehabilitación integral

Una vez superada la fase aguda inicial, el manejo médico no se detiene. Si no se establece de inmediato un tratamiento preventivo secundario, las primeras 48 horas posteriores al evento concentran la mayor ventana de riesgo para que el ACV vuelva a repetirse o progrese, acorde a los médicos. 

Del mismo modo, el inicio de la rehabilitación debe ser inmediato. “La rehabilitación debe comenzar lo antes posible; cuanto más precoz sea, mayor será el beneficio para el paciente”, afirma el Dr. Albornoz. “No se limita al aspecto motor o muscular, sino que abarca la deglución —fundamental para asegurar que la persona vuelva a alimentarse sin riesgo—, el lenguaje, la foniatría, el equilibrio. Gracias a la plasticidad neuronal y a la reserva cognitiva de cada individuo, el cerebro busca que las neuronas sanas asuman las funciones comprometidas”.

El rigor en esta cadena de cuidados fue lo que le permitió al Hospital Universitario Austral renovar y consolidar su acreditación internacional como Centro Esencial de Atención de ACV, otorgada por la World Stroke Organization (WSO) y la Sociedad Iberoamericana de Enfermedades Cerebrovasculares (SIECV).

La certificación internacional exige la consolidación de un Stroke Team interdisciplinario, aquí integrado por más de 30 profesionales entre emergentólogos, neurólogos, hemodinamistas neurovasculares, intensivistas, clínicos, enfermeros, imagenólogos y kinesiólogos, que audita sus tiempos de respuesta y realiza un seguimiento longitudinal de cada paciente hasta tres meses después del alta hospitalaria.

Como concluye el Dr. Marcelo Rodríguez: “Disponemos del equipamiento y el equipo profesional para brindar una atención de estándar internacional, pero necesitamos que la gente consulte a tiempo. Reconocer tempranamente un síntoma neurológico y acudir de inmediato a Emergencias es la decisión que cambia el pronóstico y permite preservar la autonomía y la calidad de vida de las personas”.

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