"En mi primer día como residente estaba recorriendo el piso cuando me asignaron un paciente oncológico. Antes de entrar a la habitación pensé en todo lo que había estudiado: cómo abordarlo, qué estudios pedir, qué decisiones tomar.
Pero cuando me senté frente a él entendí que, más allá de cualquier indicación médica, lo que necesitaba en ese momento era alguien que estuviera presente, que lo escuchara y lo acompañara.
Ese día comprendí que la medicina no solo se aprende en los libros, sino también en esos encuentros que te enseñan a mirar y a estar"
+