Ante un evento inesperado —ya sea un accidente doméstico o un episodio de salud repentino— la urgencia nos empuja a actuar de inmediato. Sin embargo, muchas de las maniobras heredadas de generación en generación están, en realidad, desaconsejadas por la medicina. El doctor Marcelo Rodríguez, director del Departamento de Emergencias del Hospital Universitario Austral, advierte que existen ciertos usos y costumbres que van directamente en contra de la evidencia científica y que el objetivo primordial de los primeros auxilios debe ser mantener al paciente en las mejores condiciones posibles hasta que pueda ser evaluado por expertos.
Uno de los errores más persistentes ocurre al intentar aliviar una quemadura con pasta dentífrica. Explica el profesional que este producto se pega a la dermis y, cuando el paciente llega a la guardia, el médico debe removerlo para tratar la herida, lo que termina arrancando tejido sano y generando un dolor gratuito. Asimismo, advierte contra el uso de hielo, ya que el frío extremo genera una vasoconstricción tan potente que suma una quemadura por frío sobre la lesión térmica original. Lo indicado es colocar la zona bajo un chorro de agua a temperatura ambiente durante diez o quince minutos para bajar la temperatura del tejido y calmar el dolor. Luego, cubrir con una gasa limpia y consultar a la brevedad a un servicio médico.

El doctor Rodríguez desarma el mito universal de inclinar la cabeza hacia atrás cuando la nariz sangra. Según señala, esta maniobra solo logra que la sangre baje por la faringe hacia el estómago o, en pacientes con el sensorio alterado, hacia la vía aérea. Al tragar la sangre, es muy probable que la persona termine vomitando, lo que complica innecesariamente el cuadro. La forma correcta de proceder es mantener la cabeza en posición normal o ligeramente hacia adelante y realizar una presión mecánica fuerte en las fosas nasales con los dedos, como una pinza, hasta que el sangrado se detenga.

Ante un desmayo por una baja repentina de presión, el instinto de intentar sentar o levantar a la persona es equivocado. El doctor indica que, en estos casos, el cerebro necesita flujo sanguíneo; por lo tanto, lo que se debe hacer es acostar a la persona y elevarle las piernas para favorecer el retorno venoso. Forzar la verticalidad solo retrasa la recuperación de la presión arterial y la consciencia. Si la persona respira pero no está completamente lúcida, además, se la debe colocar de costado para prevenir una posible aspiración en caso de vómito. Y hasta que recupere plenamente la conciencia, no se le debe dar ni líquidos ni alimentos.

Diferente es el caso de las convulsiones, donde el experto es categórico: es un mito que haya que sujetar la lengua o poner palos y objetos en la boca. Hacerlo solo provoca lesiones en la boca del paciente o mordeduras en quien intenta ayudar. Lo vital es proteger la cabeza de la persona con algo blando para evitar golpes y colocarla de costado (decúbito lateral). Esta posición es fundamental para que, si el paciente tiene mucha saliva o vomita, el líquido no pase a los pulmones y provoque una aspiración.
El tratamiento de las heridas también requiere un cambio de hábito respecto al uso de alcohol o agua oxigenada. Aplicarlos directamente sobre una herida abierta es abrasivo y mata las células que el cuerpo genera para cicatrizar, lo que en realidad retrasa la curación. El especialista recomienda lavar la zona simplemente con agua y jabón y cubrir con un apósito estéril.

Una advertencia fundamental del director del Departamento de Emergencias del Hospital Universitario Austral es no intentar nunca retirar objetos que hayan quedado clavados, ya sea un vidrio, un hierro o una espina grande. El objeto está cumpliendo una función de “tapón” o hemostasia; si se retira de forma casera, se puede producir una hemorragia masiva que antes estaba contenida por la presión del elemento. “Todos los objetos enclavados se sacan en el quirófano“, sentencia el doctor.
Contrario a lo que muchos creen, un torniquete bien aplicado puede salvar la vida ante una lesión grave. El especialista es enfático en un detalle técnico: el torniquete nunca se aplica sobre la herida, sino por encima de ella para poder frenar el paso de sangre. Esta maniobra puede mantenerse hasta por dos horas durante el traslado al hospital. Para heridas menos severas, la indicación sigue siendo la presión mecánica directa: comprimir con fuerza usando guantes y gasas limpias; si el sangrado es leve, basta con lavar con agua y jabón antes de cubrir y consultar al médico.
Tras una descarga eléctrica fuerte, es frecuente que la persona no consulte si se siente bien o no tiene quemaduras visibles. Sin embargo, el médico advierte que la electricidad puede generar una arritmia cardíaca que aparece entre 6 y 24 horas después del evento. Por este motivo, es obligatorio realizar un electrocardiograma y, si el profesional lo considera, quedar en observación, ya que se trata de un riesgo potencialmente letal.
Ante una caída de altura o un accidente fuerte, el error común de los testigos es intentar sentar o parar al accidentado inmediatamente. El doctor Rodríguez explica que esto puede agravar seriamente lesiones existentes en la columna o el cuello. Lo correcto es mantener a la persona quieta y esperar a que el personal de emergencias llegue para realizar las fijaciones correspondientes con collares cervicales o tablas antes de cualquier movimiento.
Frente a un golpe o traumatismo leve, el frío es el mejor aliado pero debe aplicarse con precaución. Rodríguez aclara que el hielo produce vasoconstricción y evita que la inflamación sea tan importante, pero siempre debe usarse envuelto en una tela y de forma intermitente. Aplicar el hielo directo sobre la piel puede causar una quemadura por frío que empeora el cuadro inicial del golpe.
Si un niño o adulto ingiere accidentalmente un producto de limpieza como lavandina o ácidos, nunca se debe inducir el vómito. El especialista explica que estas sustancias son abrasivas y generan una doble lesión: lesionan el esófago al ingresar y al egresar. Lo indicado es no dar nada de comer ni beber y trasladar al paciente inmediatamente a un centro de toxicología o guardia médica.

En situaciones de atragantamiento, el profesional diferencia la respuesta según la gravedad del bloqueo. Si la persona está tosiendo, significa que el aire está pasando y no se debe golpear la espalda, ya que el impacto podría encajar el objeto más profundamente. La maniobra de Heimlich se reserva exclusivamente para cuando la obstrucción es total y la persona, evidentemente colorada, no puede respirar. En bebés, el procedimiento es distinto: se los coloca boca abajo sobre el antebrazo y se realizan golpes específicos en la espalda.
Ante la entrada de una partícula en el ojo, el consejo médico es evitar frotarse con fuerza. La fricción puede causar una úlcera de córnea con el mismo objeto que se intenta sacar. La única medida inicial segura es realizar un lavado profuso con abundante agua corriente para intentar remover la partícula por arrastre, sin aplicar presión sobre el globo ocular.
Respecto al paro cardiorrespiratorio, el mensaje del doctor Rodríguez es de acción: el temor a “hacer daño” —por ejemplo, a fracturar una costilla— es una de las principales barreras para actuar, pero en estos escenarios no intervenir siempre es peor que intervenir de forma imperfecta. Explica que por cada minuto que se demora el inicio de las maniobras de RCP, se pierde un 10% de posibilidad de sobrevida. Asimismo, asegura que el uso del Desfibrilador Externo Automático (DEA) es totalmente seguro para cualquier persona, ya que el aparato es inteligente y solo emitirá una descarga si detecta que el corazón realmente la necesita.