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21 Ago 2026

Incontinencia urinaria femenina: frecuente, tratable y rodeada de tabúes

Una de cada tres mujeres tendrá algún grado de incontinencia urinaria a lo largo de su vida. Aun así, la vergüenza, los prejuicios y la resignación siguen retrasando la consulta. Por qué ocurre, qué papel cumple el piso pélvico y cómo los tratamientos actuales logran mejorar significativamente el problema, e incluso resolverlo.

Hay mujeres que dejan de correr. O que empiezan a elegir ropa oscura por las dudas. Mujeres que, antes de salir de casa, identifican mentalmente dónde habrá un baño disponible o que rechazan una invitación porque les preocupa no llegar a tiempo. No suelen contarlo. Tampoco consultan enseguida. Aunque se estima que una de cada tres experimentará algún grado de incontinencia urinaria a lo largo de su vida —y que la prevalencia alcanza al 75 % en las mujeres mayores— , muchas atraviesan años de silencios, estrategias y pequeñas renuncias destinadas a ocultar un síntoma que va ganando espacio en su día a día. 

Porque la incontinencia urinaria implica mucho más que pérdidas: suele traducirse en actividades que se abandonan, viajes que se planifican de otra manera, encuentros que se evitan y una preocupación constante que termina erosionando la confianza. A menudo, además, se instala la idea de que se trata de una consecuencia inevitable de los embarazos, la menopausia o el paso de los años, y es justamente esa resignación la que suele retrasar la consulta, pese a que hoy existen herramientas eficaces para su abordaje. De hecho, según estimaciones, apenas el 25 % busca ayuda médica. “Se trata de un problema de salud frecuente y tratable”, destaca la doctora Carola Sandor, del Servicio de Ginecología del Hospital Universitario Austral. 

Según la especialista en Uroginecología, la vergüenza, los prejuicios y la falta de conocimiento sobre los tratamientos existentes siguen siendo las principales barreras para que las mujeres busquen ayuda. Y detrás de esa postergación, se acumulan años de incomodidad, ansiedad, frustración, angustia, aun cuando existen tratamientos capaces de mejorar significativamente la calidad de vida e incluso, en muchos casos, resolver un cuadro que no debería naturalizarse. Muchas mujeres no saben, además, qué especialista consultar: en el Hospital Universitario Austral, estos trastornos se atienden en el consultorio de Uroginecología del Servicio de Ginecología, integrado por las doctoras Carola Sandor, Magdalena Betti y María Eugenia González Vicente. 

Incontinencia urinaria femenina: frecuente, tratable y rodeada de tabúes
La incontinencia urinaria de esfuerzo puede manifestarse al correr, saltar, toser, reír o estornudar. No es exclusiva de mujeres mayores: también puede afectar a mujeres jóvenes y físicamente activas.

¿Por qué sucede?

“La pérdida de orina en la mujer depende del buen funcionamiento de la vejiga, la uretra y los músculos del piso pélvico. Cuando estos mecanismos se debilitan o se descoordinan, pueden aparecer pérdidas, ya sea al realizar esfuerzos como toser, reír, saltar o estornudar, o asociadas a una urgencia repentina”, explica la experta. “Cuando las pérdidas comienzan a afectar la calidad de vida, llevando a evitar actividades habituales o determinadas situaciones sociales, dejan de ser un episodio aislado y se convierten en un problema de salud”, añade.   

La aparición de esta condición, por cierto, rara vez responde a una única causa: entre los principales factores de riesgo figuran los embarazos, los partos vaginales, la obesidad, la edad, la diabetes, el tabaquismo y la tos crónica. La menopausia también puede marcar un punto de inflexión. Durante esta etapa, explica la doctora Sandor, “los cambios hormonales generan modificaciones anatómicas y funcionales tanto en la vía urinaria como en el piso pélvico”. La disminución de la elasticidad de los tejidos y una menor irrigación sanguínea de la uretra debilitan estructuras clave para la continencia y hacen menos eficaz el cierre necesario para retener la orina. “Como consecuencia, pueden aparecer episodios de urgencia urinaria, pérdidas involuntarias o un empeoramiento de síntomas preexistentes”. 

Incontinencia urinaria femenina: frecuente, tratable y rodeada de tabúes
La rehabilitación del piso pélvico, acompañada de cambios de hábitos, logra mejorar significativamente los síntomas —e incluso resolverlos— en una gran proporción de las pacientes.

También en mujeres jóvenes y atléticas

A menudo se piensa en este problema de salud como un desgaste ligado únicamente a la madurez. Sin embargo, la evidencia científica reciente puso el foco en un escenario inesperado: el de las mujeres jóvenes y atléticas. ¿Cómo se explica que aparezca allí donde el cuerpo parece más fuerte? “Estar en buen estado físico no siempre significa tener un piso pelviano preparado para actividades de alto impacto, como el running o el crossfit”, adelanta la especialista. 

En efecto, la respuesta está en el piso pélvico, ese conjunto de músculos, ligamentos y tejidos que forman una suerte de hamaca en la base de la pelvis y sostienen órganos como la vejiga, el útero y el recto. “En mujeres con excelente condición física, la incontinencia puede aparecer por la sobrecarga repetida del piso pelviano, la fatiga muscular tras ejercicios intensos o prolongados, y el aumento de la presión dentro del abdomen durante el esfuerzo, que puede ser incluso mayor que en mujeres sedentarias”, detalla la doctora Sandor. Cuando el aumento de la presión intraabdominal (o dentro del abdomen) excede la capacidad del piso pélvico y de los mecanismos de cierre uretral para compensarlo, pueden producirse pérdidas involuntarias de orina.

Piso pélvico, el gran protagonista

La buena noticia es que, así como este conjunto de músculos puede debilitarse, también se entrena y fortalece. En los últimos años, el abordaje de la salud urinaria femenina experimentó un cambio de paradigma: las guías internacionales promueven priorizar la kinesiología especializada y la modificación de conductas diarias. De hecho, como subraya la profesional, “hoy contamos con evidencia de buena calidad que respalda los beneficios de la rehabilitación del piso pélvico y de los cambios de hábitos como tratamiento de la incontinencia urinaria”. 

Las estadísticas respaldan la estrategia: según la literatura médica, “alrededor del 60–70 % de las mujeres logran una mejoría significativa e incluso la resolución de los síntomas” mediante la rehabilitación supervisada. En la práctica diaria, este trabajo interdisciplinario busca devolverle a las pacientes el control de su cuerpo. “En el Hospital Universitario Austral, trabajamos con un equipo de kinesiólogas especializadas para mejorar la calidad de vida de nuestras pacientes”, cuenta la especialista en Uroginecología.  

Pero el interés por el piso pelviano ya no se limita al tratamiento. La recomendación actual es registrar y cuidar la zona mucho antes del primer contratiempo. “Hay medidas que se aconsejan como mantener un peso saludable, evitar la constipación, no fumar, evitar hacer fuerza innecesaria al levantar peso y orinar cuando aparece el deseo”, detalla la doctora Sandor desde una óptica preventiva. Resulta clave, asimismo, ordenar las visitas al baño, desterrando dos extremos muy comunes: postergar la evacuación durante horas o, por el contrario, ir por simple costumbre. “También es importante reducir el consumo de sustancias que irritan la vejiga, como el café, las gaseosas y el alcohol en exceso”, suma la médica. Y advierte que, en caso de querer incorporar ejercicios específicos o iniciar una fisioterapia pélvica, “siempre debe ser guiado por especialistas en Kinesiología”.

Incontinencia urinaria femenina: frecuente, tratable y rodeada de tabúes
El piso pélvico es un conjunto de músculos, ligamentos y tejidos que sostiene la vejiga, el útero y el recto. Su fortalecimiento constituye hoy una de las principales herramientas para prevenir y tratar la incontinencia urinaria.

Del diagnóstico a la solución

Aunque la rehabilitación del piso pélvico y los cambios de hábitos constituyen hoy la primera línea de tratamiento, no son las únicas herramientas disponibles. Desde estudios específicos para casos seleccionados hasta intervenciones mínimamente invasivas, el abordaje se adapta al tipo de incontinencia, los síntomas y las necesidades de cada paciente.

—Dra. Sandor, cuando una mujer consulta por incontinencia urinaria, ¿cuál suele ser hoy el recorrido terapéutico?

—El primer paso es una evaluación clínica integral, con el objetivo de identificar el tipo de incontinencia, los factores de riesgo y el impacto en la calidad de vida. El tratamiento es escalonado y personalizado. Inicialmente recomendamos tratamientos conservadores como la rehabilitación del piso pélvico acompañada de cambios de hábitos. Como mencionaba previamente, la evidencia muestra que alrededor del 60% al 70% de las mujeres logra una mejoría significativa e incluso la resolución de los síntomas. En algunos casos se suman tratamientos farmacológicos o dispositivos como los pesarios, y reservamos las intervenciones quirúrgicas para quienes no responden a tratamientos menos invasivos o así lo desean.

—Los estudios urodinámicos —que evalúan el funcionamiento de la vejiga y la uretra, midiendo presiones y volúmenes para entender cómo el sistema urinario almacena y elimina la orina— fueron durante años una herramienta central en el diagnóstico. ¿Qué lugar ocupan hoy? 

—Actualmente, no se indica de manera rutinaria en todas las pacientes. En muchos casos, una correcta evaluación clínica es suficiente para orientar el diagnóstico y el tratamiento. De todos modos, la urodinamia continúa teniendo gran valor cuando está correctamente indicada y puede aportar información relevante para la toma de decisiones. En el hospital, son estudios que llevamos a cabo en un entorno cuidado y respetuoso, con una adecuada explicación del procedimiento y priorizando en todo momento el confort de la paciente.

Incontinencia urinaria femenina: frecuente, tratable y rodeada de tabúes
Además de la rehabilitación, algunos hábitos cotidianos también pueden ayudar, como reducir el consumo excesivo de café, alcohol y bebidas gaseosas.

—¿Cuándo comienza a considerarse una intervención quirúrgica?

—En casos de incontinencia de orina de esfuerzo, cuando la incontinencia persiste pese a los tratamientos conservadores o cuando afecta la calidad de vida, la cirugía antiincontinencia constituye una opción terapéutica eficaz y segura. En la actualidad, representa el tratamiento con mayor efectividad comprobada, respaldado por una sólida y extensa evidencia científica, con altas tasas de curación sostenidas en el tiempo. Asimismo, se trata de procedimientos mínimamente invasivos que, en la mayoría de los casos, se realizan en forma ambulatoria.

—A nivel internacional hubo fuertes debates por el uso de mallas en cirugías ginecológicas, lo que a veces genera temor. Para aclarar los tantos: ¿en qué se diferencia una malla de prolapso de un sling para la incontinencia?, ¿y por qué este procedimiento —que consiste en colocar una pequeña cinta de soporte debajo de la uretra— sigue siendo una de las opciones más seguras y con mayores tasas de curación?

—Es una distinción fundamental. El debate internacional sobre el uso de mallas en cirugía ginecológica se centró principalmente en las mallas transvaginales utilizadas para el tratamiento del prolapso de órgano pélvicos, por las complicaciones que pueden generar cuando no se realiza una adecuada selección de la paciente o cuando son implantadas por cirujanos sin la experiencia necesaria. En cuanto a la incontinencia urinaria, es un tema diferente: la cirugía antiincontinencia o sling mediouretral se trata de un procedimiento estandarizado, mínimamente invasivo y con amplia evidencia científica que respalda su seguridad y altas tasas de curación. El debate solo puso en foco lo verdaderamente crucial: la importancia de una correcta indicación, una adecuada selección de las pacientes, brindar información clara y la experiencia del equipo quirúrgico.

—¿Qué le gustaría decirle a las mujeres que todavía se resignan a convivir con esta situación? 

—Que hoy el abordaje es mucho más individualizado, con mejores herramientas diagnósticas, tratamientos conservadores eficaces y cirugías más seguras cuando están indicadas. Además se dejó de “esperar a que el problema sea grave” y se empezó a tratar antes, con un enfoque preventivo. También es importante que las mujeres sepan que la incontinencia urinaria es frecuente, pero no normal. Y, sobre todo, que hoy existen tratamientos efectivos capaces de mejorar significativamente la calidad de vida. En el Hospital Universitario Austral contamos con un equipo de profesionales especializados en el diagnóstico y tratamiento integral de los trastornos del piso pélvico, incluida la incontinencia urinaria. 

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