
A veces el cambio comienza en un quirófano, con una cirugía reconstructiva para un bebé nacido con una fisura labio-palatina. Otras, en una intervención traumatológica que devuelve a un adolescente la posibilidad de caminar sin un dolor excruciante. También puede empezar en un resonador, cuando un estudio de alta complejidad permite ponerle nombre a un cuadro que llevaba meses sin respuesta. En un consultorio de cardiología, donde una consulta redefine un tratamiento. En el recambio periódico de un botón gástrico que sostiene la vida cotidiana de un paciente. O en un control oftalmológico capaz de descubrir que detrás de las malas notas de un chico no había dificultades para aprender, sino algo mucho más simple: nunca había visto con nitidez el pizarrón… Son historias muy distintas, pero todas comparten un mismo punto de partida: una atención médica especializada que llega cuando parecía fuera de alcance.
Detrás de esas escenas está Fundación ProSalud, el brazo solidario del Hospital Universitario Austral desde su origen, hace ya más de 25 años. Nació junto con la institución para que su compromiso con la comunidad también alcanzara a quienes, por distintas razones, quedaban al margen de una atención médica de excelencia. Desde entonces, trabaja de manera constante para que niños y adultos en situación vulnerable reciban atención médica programada: desde cirugías e internaciones hasta tratamientos, consultas con especialistas y estudios diagnósticos. “Nuestra misión es llevar esa medicina de alta calidad a personas que, de otra manera, no tendrían acceso”, resume su presidenta María Inés Granado, pronta a destacar que esa tarea se sostiene gracias a una trama solidaria integrada por médicos, voluntarios, empresas e individuos.

Cabe mencionar que la Fundación no trabaja con urgencias, que encuentran prioridad dentro del sistema. Su lugar está en otro punto del recorrido: allí donde una práctica no puede seguir postergándose sin afectar el pronóstico, la recuperación o la calidad de vida de una persona. Porque muchas veces el problema no es la inexistencia de una solución, sino el momento en que esa solución llega. En otros casos, el obstáculo es económico: el costo de una cirugía, un tratamiento o un estudio que una familia no está en condiciones de afrontar. “Buscamos cubrir aquello que, en ese momento, otras vías no logran resolver”, cuenta Granado.
En efecto, detrás de cada consulta suele haber una familia que lleva tiempo buscando una respuesta. Entonces comienza un trabajo atento y minucioso: escuchar, evaluar la situación y encontrar la mejor manera de acompañarla, haciendo posible la atención que ese momento requiere. Las cifras hablan por sí mismas: desde sus primeros pasos, ProSalud lleva registradas más de 18.000 atenciones —desde consultas especializadas hasta estudios de alta complejidad— y ha hecho posibles más de 500 cirugías e internaciones. “Cuando las condiciones económicas se vuelven más complejas, la demanda en nuestras oficinas se incrementa sensiblemente”, apunta Granado, quien asimismo recuerda que ni siquiera la pandemia interrumpió la tarea, adaptando los protocolos para seguir adelante.

Para brindar medicina de alta calidad a personas de bajos recursos, ProSalud necesita de una comunidad comprometida. En primer lugar, los propios profesionales del Hospital Universitario Austral que brindan generosamente su expertise. También el directorio integrado por médicos y autoridades que evalúa cada caso. O bien, el grupo histórico de voluntarias —”de fierro”, como las define Granado— que dedica buena parte del año a acompañar a los pacientes, a la par que recauda los fondos necesarios para que la misión de la Fundación persevere y crezca.
Los ya tradicionales torneos de golf y la Gala Solidaria de septiembre son las dos grandes instancias de recaudación, comenta María Inés. Desde hace más de una década, las Trillizas de Oro acompañan como madrinas, participando activamente de la organización de esta cena, convocando artistas y contribuyendo a ampliar la red de personas que apoyan tan noble causa. Por el escenario de las galas, sin más, ya pasaron Diego Torres, Sandra Mihanovich, Alejandro Lerner, Palito Ortega, Kevin Johansen, Manuel Wirzt; este año, Marcela Morelo. Todos aceptaron con un mismo propósito: que una noche de música y encuentro termine convirtiéndose, para alguien, en una cirugía, un tratamiento o un diagnóstico.
“Cada aporte, por mínimo que sea, nos ayuda muchísimo”, advierte Granado al describir la corriente solidaria que adopta formas muy diversas. Está quien acompaña todos los meses a través de un débito automático; la empresa que renueva su apoyo año tras año; el doctor que resigna sus honorarios para que un paciente pueda ser atendido; y también quienes, después de escuchar una historia durante un torneo de golf o una gala, deciden involucrarse y financiar un caso.

Buena parte de las familias que llegan a Fundación ProSalud arrastra meses —a veces años— de consultas, derivaciones y trámites que no condujeron a ninguna parte. Algunas quedaron atrapadas entre listas de espera; otras, desorientadas frente a un sistema cuya complejidad termina convirtiéndose en un obstáculo más. Es allí donde la tarea de la Fundación adquiere otra dimensión, menos visible pero igual de decisiva.
“Hacemos un acompañamiento muy estrecho”, explica Granado. Eso significa coordinar consultas, organizar estudios, seguir la evolución de cada caso y, cuando la mejor respuesta está dentro del propio sistema público, orientar a las familias para que puedan recorrerlo sin perderse en el camino. Con los años, el equipo aprendió a conocer esa trama sanitaria en profundidad: sabe qué circuito seguir y cómo evitar que una demora administrativa termine condicionando una decisión médica.
Porque no todos los obstáculos figuran en una historia clínica. A veces, el tratamiento se interrumpe porque una madre no tiene dinero para el colectivo. O porque una familia desconoce cuál es el próximo paso. O porque, sencillamente, después de demasiadas derivaciones, perdió la esperanza de que alguien pudiera darle una respuesta. En esos casos, la Fundación también se involucra.

Entre tantos recuerdos, María Inés Granado conserva especialmente el de un niño con el que conversó en uno de los bancos de la entrada del Hospital, tiempo después de haber sido operado. Lautaro —tal es su nombre— le contó, con la simpleza de los pequeños, cómo había cambiado su vida. “Esos momentos tan especiales hacen que tomemos conciencia de la dimensión de nuestro trabajo”, admite emocionada. Tras más de dos décadas de historia, mira hacia atrás y piensa que, más allá de los logros, lo que más la enorgullece de Fundación ProSalud es que nunca haya perdido de vista su razón de ser. “Ha crecido y evolucionado, pero lo más valioso es el espíritu que mantiene. El foco sigue puesto en llevar salud a quienes más la necesitan, priorizando siempre el trato humano y la ayuda a los demás”. Porque, después de tanto tiempo, sabe que “acercar medicina de excelencia allí donde todavía hace falta no solo cambia la vida de una persona sino de toda su familia”.
Cómo colaborar con Fundación ProSalud
Fundación ProSalud sostiene su tarea gracias al compromiso de personas, empresas y organizaciones que colaboran de distintas maneras. Es posible realizar donaciones mensuales mediante débito automático, apadrinar un caso puntual, acompañar los eventos solidarios anuales o contribuir con aportes únicos.
Quienes deseen sumarse o conocer más sobre la Fundación pueden comunicarse al 0230-448-2932 o escribir a fundacionprosalud@cas.austral.eu.ar. También es posible seguir sus actividades a través de @fundacion_prosalud.