En cuanto asoman los primeros calores fuertes, el aire acondicionado ya vuelve a ser ese aliado indiscutible de cada verano. En las oficinas, la temperatura cae de golpe apenas uno cruza la puerta; en los autos, el chorro helado agarra desprevenido a más de un viajante; en las tiendas, el contraste con la vereda se siente como entrar en otra estación del año. Alivia, sí. Pero también deja su huella: una picazón leve en la nariz o en la garganta, molestia en los ojos, la tos persistente que aparece de improvisto…
El aire no solo enfría, también seca: baja la humedad, irrita las mucosas y vuelve menos eficaces las defensas naturales. Y si encima el ambiente no se ventila —o el aparato arrastra polvo y alérgenos— el combo se potencia.
Para entender por qué ocurre esto, y qué recaudos tomar para evitar que el alivio se convierta en incordio, hablamos con la doctora Teresita Rosenbaum, del Servicio de Neumonología del Hospital Universitario Austral, que se aviene a brindar consejos útiles mientras el verano avanza y los aires acondicionados empiezan a trabajar a tiempo completo.

T.R.: Se debe a una suma de factores. Por un lado, las temperaturas bajas irritan las mucosas de las vías respiratorias —es decir, la capa interna que las humidifica y protege—, pueden generar sequedad y aumentar la sensibilidad a alérgenos, virus y otros factores similares. En personas con enfermedades crónicas como asma y EPOC, incluso pueden desencadenar broncoespasmo. Además, el aire acondicionado reduce la humedad ambiental, lo que reseca las mucosas, irrita la garganta y puede provocar tos. Por otra parte, cuando el aire no se renueva, la recirculación favorece la acumulación de partículas, alérgenos y aerosoles; esto también se traduce en irritación de las vías, sequedad ocular, tos, cefalea. Por eso es clave ventilar los ambientes y, de paso, evitar la concentración de CO₂, que en niveles elevados puede resultar tóxico.
T.R.: El choque térmico puede generar vasoconstricción —es decir, una contracción de los capilares— en las mucosas de las vías respiratorias. Eso baja la irrigación, reseca la zona y disminuye la capacidad del epitelio respiratorio para “barrer” las partículas, lo que aumenta la susceptibilidad a infecciones. En algunas personas, el frío también puede provocar contracción del músculo liso de los bronquios (broncoespasmo), que suele manifestarse con tos seca, falta de aire, sensación de opresión en el pecho o silbidos (sibilancias). En general, son más susceptibles los niños, los adultos mayores y quienes tienen enfermedades crónicas de las vías respiratorias, como asma y EPOC.
T.R.: La temperatura ideal oscila entre 22 y 26 grados. Otra cuestión importante: no se recomienda una diferencia mayor a 8 grados con el exterior precisamente por lo que explicaba recién del choque térmico.

T.R.: Las mucosas nasal y faríngea se encargan de calentar y humidificar el aire que llega a los pulmones. Cuando la humedad ambiental baja, su funcionamiento se altera: disminuye su capacidad de limpiar patógenos, polvo, alérgenos y virus, y aparecen irritación, picazón y congestión. El moco se vuelve más espeso, lo que dificulta atrapar virus y bacterias y trasladarlos hacia la faringe para su eliminación. También se reduce la producción de inmunoglobulinas locales, que cumplen un rol protector. Es importante saber que la humedad ideal oscila entre el 40 % y el 60 %. En ambientes por debajo del 35 % pueden utilizarse humidificadores, siempre que se limpien a diario para evitar la proliferación de microorganismos potencialmente patógenos.
T.R.: Sin el mantenimiento adecuado, estos equipos actúan como reservorios de polvo, alérgenos y microorganismos como los que mencionás. Esto puede afectar a personas con alergias o enfermedades respiratorias crónicas y, en muchos casos, desencadenar tanto un empeoramiento de los síntomas alérgicos como infecciones respiratorias. Por eso, es esencial limpiar los filtros correctamente, cada dos o tres meses, salvo en períodos de uso intensivo, cuando conviene hacerlo cada dos a cuatro semanas. Una buena limpieza no solo mejora la calidad del aire, también optimiza el consumo energético del equipo. Por cierto: es importante que los filtros se sequen por completo antes de reinstalarlos para evitar la proliferación de hongos. En cuanto a las serpentinas, la turbina y las bandejas de condensación, deberían limpiarse cada seis a doce meses, idealmente antes de los períodos de mayor uso, como el verano.
T.R.: A ver, el aire frío puede generar vasoconstricción, cefalea, irritación de las mucosas nasal y ocular; incluso provocar resequedad en la piel y empeorar síntomas en personas con dermatitis atópica o rosácea, por poner algunos ejemplos. Pero, no, no causa parálisis facial. Siempre conviene orientar el flujo hacia el techo; por un lado, para evitar el impacto directo por lo que explicaba, pero también porque el aire frío, que es más denso, tiende a descender, y de este modo es más efectivo el enfriamiento del ambiente. En resumidas cuentas, lo más conveniente para las personas —sobre todo niños pequeños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias crónicas— es evitar el flujo directo del aire, tener la temperatura seteada de 24 a 26 grados, los filtros limpios, estar en espacios ventilados, evitar cambios bruscos de temperatura, tanto en casa como en el trabajo, la guardería, el colegio…

T.R.: Mucha gente cree erróneamente que hace mal dormir con aire acondicionado. Mientras se cumplan las normas de cuidado, es súper seguro. Digo más: durante las olas de altas temperaturas, evita los golpes de calor y mejora el descanso. Dicho lo cual: las pautas generales son las mismas durante el día o la noche, pero es aconsejable utilizar los modos nocturnos que tienen muchos equipos, ya que hacen un seteo especial de humedad y temperatura. Porque, durante el sueño, disminuye el tono muscular, la sensibilidad al frío y el reflejo de deglución. El aire frío y seco puede resecar las mucosas de la vía aérea, aumentar la respiración bucal y favorecer la presencia de ronquidos, además de aumentar el riesgo de eventos de obstrucción de la vía aérea en personas con apneas obstructivas. Asimismo, la temperatura muy baja puede generar despertares abruptos por el frío y acrecentar la tensión muscular con la consiguiente aparición de contracturas.
T.R.: En coches rigen las mismas pautas que en otros espacios cerrados, aunque el habitáculo sea más reducido. Conviene evitar el flujo directo hacia la cara o el pecho, permitir el ingreso de aire exterior, mantener los filtros limpios y usar temperaturas entre 22 y 24 °C. En días muy calurosos, vale ventilar el auto unos minutos antes de ingresar y luego encender el aire acondicionado para evitar inhalar compuestos orgánicos volátiles liberados por el calor.
T.R.: Se debe suspender el uso y consultar con un especialista ante síntomas como falta de aire (disnea), silbidos en el pecho (sibilancias), tos persistente, congestión nasal, secreciones intensas o sangrado nasal, episodios recurrentes de dolor o irritación faríngeos.
T.R.: Porque la ventilación natural disminuye la carga de microorganismos en suspensión, reduce la concentración de CO2, mantiene la humedad fisiológica y los procesos biológicos normales. Además, es más sostenible y eficiente desde el punto de vista energético, y genera menos ruido. Aún así, vuelvo a decir que, usado correctamente, el aire acondicionado es muy seguro.