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Qué es

La conjuntivitis es la inflamación de la conjuntiva, una membrana fina y transparente que recubre tanto la parte blanca del ojo (esclerótica) como la cara interna de los párpados. Cuando se inflama, los vasos sanguíneos de esa capa se dilatan y aparece la hiperemia, es decir, el enrojecimiento ocular característico (“ojo rojo”).

Se trata de la afección ocular más común y puede afectar a personas de todas las edades. En la mayoría de los casos, es una enfermedad leve y autolimitada; o sea, mejora con el tiempo y con las defensas del propio organismo. Puede afectar un solo ojo o ambos, y es habitual que comience en uno y luego se extienda al otro por contacto.

Las causas más comunes incluyen infecciones virales, infecciones bacterianas, y cuadros alérgicos, que suelen aparecer en determinados momentos del año (habitualmente durante la primavera y el otoño). También puede presentarse como respuesta a sustancias irritantes y tóxicas.

Tipos de conjuntivitis

Según qué los origina, existen distintos tipos de conjuntivitis, y diferenciarlos es importante porque no todos son contagiosos, no todos evolucionan igual ni requieren el mismo tratamiento.

  • Conjuntivitis viral: es la forma más frecuente de conjuntivitis, tanto en adultos como en niños. Está causada por virus —con mayor frecuencia adenovirus— y suele aparecer en el contexto de infecciones en las vías aéreas superiores.

Se caracteriza por ojo rojo, lagrimeo, sensación de arenilla o cuerpo extraño y, en algunos casos, secreción clara. Puede comenzar en un solo ojo y luego afectar al otro. Es altamente contagiosa, ya que se transmite por contacto directo con las secreciones oculares.

Su evolución es autolimitada: mejora con el tiempo y con la respuesta del sistema inmunológico. En general, los síntomas duran entre 7 y 10 días, aunque en algunos casos pueden prolongarse más.

  • Conjuntivitis bacteriana: es menos frecuente que la viral. Se produce por bacterias y se manifiesta con secreción mucopurulenta, es decir, una legaña espesa y amarillenta que puede pegar los párpados, especialmente al despertar.

En niños mayores y adultos suele ser leve, mientras que en recién nacidos es más frecuente y requiere una evaluación médica específica. En general, los síntomas mejoran entre 2 y 3 días después de iniciado el tratamiento. Aún así, no todos los cuadros necesitan antibióticos: su indicación depende de la edad, la intensidad de los síntomas y la evolución clínica.

  • Conjuntivitis alérgica (atópica): la conjuntivitis alérgica se produce por una reacción exagerada del sistema inmunológico frente a alérgenos del ambiente, como polen o ácaros.

El síntoma predominante es la picazón intensa, generalmente en ambos ojos, acompañada de enrojecimiento y lagrimeo. Suele aparecer de forma estacional, especialmente en primavera y otoño, y no es contagiosa.

  • Conjuntivitis irritativa o tóxica: se presenta tras la exposición a sustancias irritantes o químicas, humo, vapores o cuerpos extraños. En estos casos, el enrojecimiento ocular es una manifestación secundaria, ya que lo más importante es descartar lesiones en otras estructuras del ojo, en particular la córnea.

Ante la sospecha de contacto con productos químicos o sustancias potencialmente dañinas, es fundamental consultar de forma inmediata para una evaluación adecuada.

Resulta importante aclarar que si el ojo rojo se acompaña de dolor, disminución de la visión, dolor con el movimiento o secreción muy intensa, es esencial consultar con un oftalmólogo para descartar otras afecciones que pueden parecer una conjuntivitis y requieren manejo específico.

 

Síntomas

Los síntomas de la conjuntivitis pueden variar según la causa, pero en general incluyen una combinación de signos visibles y molestias oculares. La intensidad también es variable: desde cuadros leves hasta formas más inflamatorias. Entre los síntomas más comunes, pueden mencionarse:

  • Ojo rojo (hiperemia conjuntival): es el signo más característico y se produce por la dilatación de los vasos sanguíneos de la conjuntiva.
  • Lagrimeo aumentado: el ojo produce más lágrimas como respuesta a la inflamación.
  • Picazón: especialmente intensa en la conjuntivitis alérgica.
  • Sensación de cuerpo extraño o arenilla: una molestia típica que da la impresión de tener algo dentro del ojo.
  • Secreciones: pueden ser claras y acuosas (más habituales en las formas virales o alérgicas) o mucopurulentas, es decir, espesas y amarillentas, en algunas conjuntivitis bacterianas.
  • Párpados pegados al despertar: consecuencia del acúmulo de secreciones durante la noche.
  • Visión borrosa transitoria: suele deberse a las secreciones o al lagrimeo excesivo y no implica daño visual permanente.

En la mayoría de los casos, la conjuntivitis no produce dolor intenso ni pérdida de visión. Cuando aparecen síntomas como dolor ocular, empeoramiento de la visión, dolor al mover los ojos o secreción muy abundante, es importante consultar al médico, ya que pueden indicar un cuadro distinto que requiere evaluación oftalmológica.

¿La conjuntivitis siempre es contagiosa?

No siempre; depende del tipo de conjuntivitis. La conjuntivitis infecciosa (viral o bacteriana) sí es contagiosa, mientras que la conjuntivitis alérgica no lo es.

En los cuadros infecciosos, el contagio no ocurre por el aire, sino por contacto directo con las secreciones del ojo. Esto puede suceder al tocarse los ojos y luego superficies u objetos (picaportes, toallas, celulares) que otras personas manipulan, o a través del contacto cercano, como saludos o el uso compartido de elementos personales.

Por este motivo, las medidas de higiene cumplen un rol clave para cortar la cadena de transmisión. Lavarse las manos con frecuencia, evitar tocarse los ojos y no compartir toallas, almohadas, cosméticos ni lentes de contacto reduce de manera significativa el riesgo de contagio.

En cambio, la conjuntivitis alérgica se produce por una reacción del organismo frente a un alérgeno del ambiente y no se transmite de una persona a otra. Comprender esta diferencia permite adoptar las medidas adecuadas sin generar alarmas innecesarias y evitar consultas o restricciones que no aportan beneficios reales.

 

Causas

La conjuntivitis aparece cuando la conjuntiva se inflama como respuesta a distintos estímulos. Esa inflamación puede tener causas infecciosas, alérgicas o irritativas, y no todas se comportan de la misma manera ni requieren el mismo manejo. Las causas más frecuentes son:

  • Infecciones: la conjuntivitis infecciosa puede ser viral o bacteriana. Las virales son las más comunes en adultos y niños y suelen asociarse a cuadros de vías aéreas superiores. Las bacterianas, por su parte, suelen observarse con mayor prevalencia en recién nacidos y en situaciones puntuales. En ambos casos, el enrojecimiento y las secreciones se producen por la reacción inflamatoria del propio organismo frente al microorganismo.
  • Alergias: la conjuntivitis alérgica (o atópica) ocurre cuando la conjuntiva entra en contacto con un alérgeno del ambiente, como polen o ácaros. En estos casos, el sistema inmunológico genera una reacción que provoca una picazón intensa, generalmente en ambos ojos. Este tipo de conjuntivitis no es contagiosa.
  • Irritantes y agentes químicos: la exposición a sustancias irritantes, vapores, humo o productos químicos también puede provocar inflamación de la conjuntiva. En estas situaciones, la prioridad es resguardar la integridad del ojo y descartar lesiones graves, especialmente en la córnea, causadas por la sustancia.

Identificar la causa de la conjuntivitis es fundamental, ya que permite definir si se trata de un cuadro contagioso, cómo evoluciona y cuál es el abordaje más adecuado.

 

Diagnóstico

El diagnóstico de la conjuntivitis es fundamentalmente clínico. El oftalmólogo lo realiza a partir de la evaluación de los síntomas y del examen del ojo, que permite identificar el grado de inflamación, el tipo de secreción y descartar otras afecciones.

En la gran mayoría de los casos, no son necesarios estudios complementarios ni análisis de laboratorio, ya que la evolución y las características del cuadro orientan con claridad al diagnóstico.

Solo en algunas situaciones particulares pueden requerirse estudios adicionales para orientar el diagnóstico. Por ejemplo, en recién nacidos, para descartar infecciones adquiridas durante el parto; o bien, en cuadros muy severos, atípicos o persistentes, con secreciones abundantes, dolor marcado o mala evolución.

En personas adultas y niños mayores, la conjuntivitis común se identifica y maneja en base a la clínica, sin necesidad de cultivos ni estudios invasivos. Esto permite evitar tratamientos innecesarios y enfocarse en el seguimiento y las medidas de cuidado adecuadas.

 

Tratamiento

El tratamiento de la conjuntivitis depende de la causa. En la mayoría de los casos, la evolución del cuadro depende del tiempo y de la respuesta del propio sistema inmunológico, de forma similar a lo que ocurre con un resfrío. Por ese motivo, el abordaje suele ser sintomático, orientado a aliviar las molestias mientras el ojo se recupera. 

La higiene ocular suave para retirar secreciones, el uso de lágrimas artificiales para mejorar la lubricación y la aplicación de compresas frías o tibias pueden ayudar a disminuir la inflamación y la sensación de ardor o cuerpo extraño. Estas medidas no curan la conjuntivitis, pero mejoran el confort durante su evolución.

En la conjuntivitis viral, que es la forma más frecuente, no se indican antibióticos. La mejoría es progresiva y se produce con el paso de los días. En algunos cuadros más inflamatorios, el oftalmólogo puede indicar tratamientos tópicos específicos para reducir la inflamación y aliviar los síntomas, siempre bajo control médico.

En la conjuntivitis bacteriana, el uso de antibióticos en forma de gotas o ungüentos puede estar indicado en determinadas situaciones, según la edad del paciente, la intensidad de los síntomas y la evolución clínica. No todos los cuadros bacterianos requieren antibióticos, y su uso innecesario no acelera la curación.

En la conjuntivitis alérgica, el eje del tratamiento es evitar el contacto con el alérgeno desencadenante. Cuando esto no es posible, pueden indicarse colirios que reducen la respuesta alérgica y la inflamación, con el objetivo de controlar la picazón y el enrojecimiento.

Un punto fundamental es evitar la automedicación. Usar gotas que quedaron en casa, compartir colirios entre adultos y niños o aplicar medicamentos sin indicación médica puede generar efectos adversos, además de favorecer contagios. En niños, por ejemplo, el uso de gotas oftálmicas para adultos puede provocar aumento de la presión ocular. Cualquier medicación requiere indicación médica. 

Lentes de contacto: un capítulo aparte

En las personas que usan lentes de contacto, el ojo rojo requiere una atención especial. Aunque muchas veces se trata de una conjuntivitis, en este grupo existe un mayor riesgo de infecciones de la córnea, que pueden confundirse con cuadros leves.

Ante un episodio de conjuntivitis, el uso de lentes suele aumentar la incomodidad y puede favorecer complicaciones, por lo que se recomienda suspenderlas y realizar una evaluación médica antes de volver a colocarlas.

Detectar a tiempo estas situaciones permite prevenir infecciones más serias y proteger la visión.

 

Prevención

La prevención de la conjuntivitis se basa principalmente en medidas de higiene y en evitar el contacto con factores que puedan desencadenar la inflamación.

En las formas infecciosas, lavarse las manos con frecuencia y evitar tocarse los ojos reduce de manera significativa el riesgo de contagio. También es importante no compartir toallas, almohadas, cosméticos para los ojos, y extremar la limpieza de superficies de uso frecuente cuando hay personas con conjuntivitis en el entorno.

Durante un episodio activo, se recomienda evitar el uso de piletas y mantener una distancia prudencial en el contacto cercano, especialmente mientras haya secreciones oculares.

En la conjuntivitis alérgica, la prevención se centra en reducir la exposición al alérgeno responsable, como polen, ácaros u otros desencadenantes. Cuando la evitación no es posible, el seguimiento médico permite definir estrategias para disminuir la frecuencia e intensidad de los síntomas.

Estas medidas simples ayudan a prevenir nuevos episodios, limitar el contagio y favorecer una evolución más favorable.

Cuándo consultar 

En la mayoría de los casos, la conjuntivitis es un cuadro leve y autolimitado, que mejora con el paso del tiempo y medidas de cuidado. 

Cuando los síntomas son leves —ojo rojo, lagrimeo, secreciones moderadas y molestia tolerable— y no hay dolor ni compromiso de la visión, suele ser razonable observar la evolución durante algunos días, ya que muchos cuadros se resuelven solos.

Sin embargo, es importante no demorar la consulta con el oftalmólogo si aparece alguno de los siguientes signos:

  • Dolor ocular, especialmente si es intenso o persistente.
  • Disminución de la visión o visión borrosa que no se explica solo por secreciones.
  • Dolor al mover los ojos.
  • Secreción muy abundante o que reaparece rápidamente tras la limpieza.
  • Lágrimas con sangre.
  • Síntomas que no mejoran o que empeoran con el paso de los días.
  • Ojo rojo en usuarios de lentes de contacto, aun cuando las molestias parezcan leves.

Reconocer estos signos permite descartar otras afecciones oculares que pueden simular una conjuntivitis y requieren un manejo específico. 

 

Ante dudas, síntomas persistentes o la aparición de signos de alarma, consultar a tiempo permite llegar a un diagnóstico preciso y definir el tratamiento más adecuado.

El Hospital Universitario Austral cuenta con un equipo de oftalmólogos especializados en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades oculares, con atención integral y seguimiento personalizado.

 

Información elaborada por el Hospital Universitario Austral con la colaboración y supervisión del Dr. Joaquín Figueroa Álvarez, del Servicio de Oftalmología

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