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Qué es

Las cataratas consisten en la opacidad del cristalino, la lente natural del ojo que ayuda a que las imágenes se proyecten con nitidez sobre la retina. Con el paso del tiempo —o debido a ciertos factores— las proteínas que componen el cristalino pueden desorganizarse. Como resultado, esta lente pierde transparencia, se vuelve opaca y la luz deja de atravesarla correctamente, lo que afecta de manera progresiva la visión.

Se trata de una condición extremadamente frecuente, especialmente a partir de edades avanzadas. De hecho, la cirugía de cataratas es la cirugía ambulatoria más realizada en el mundo, y las cataratas continúan siendo la principal causa de ceguera reversible a nivel global.

Aunque suelen asociarse al paso del tiempo, no son exclusivas de los adultos mayores. También pueden aparecer en personas más jóvenes por traumatismos, enfermedades como la diabetes o el uso prolongado de ciertos medicamentos. En casos infrecuentes, incluso pueden estar presentes desde el nacimiento.

 

Síntomas

En la gran mayoría de los casos, las cataratas progresan de forma lenta y gradual. Por este motivo, muchas personas no notan los primeros cambios en su visión hasta que el cuadro se encuentra más avanzado.  El principal indicador es una pérdida progresiva de la calidad visual, que puede manifestarse a través de distintas señales. Entre las principales, pueden mencionarse:  

  • Visión borrosa o nublada: La persona empieza a ver mal o con menor nitidez, incluso utilizando sus anteojos habituales.  
  • Mayor sensibilidad a la luz: Se vuelve difícil estar bajo el sol directo o en ambientes muy iluminados.  
  • Encandilamiento y alteraciones nocturnas: Es común percibir destellos o halos alrededor de las luces artificiales, lo que, por ejemplo, puede dificultar actividades como conducir durante la noche.  
  • Visión en tonos sepia o amarillentos: El entorno empieza a perder brillo y los colores se perciben más apagados. Como este cambio es muy paulatino, la mayoría de los pacientes recién toma dimensión de cuánto había cambiado su percepción del color después de realizarse la cirugía.  

Ante la aparición de cualquiera de estos cambios visuales, la consulta con especialistas es fundamental para evaluar el estado del cristalino y determinar los pasos a seguir.

 

Causas

El envejecimiento es la principal causa de cataratas. A diferencia de la creencia popular, no se trata de una “telita” que cubre el ojo, sino de un cambio paulatino que ocurre en el propio ojo, más precisamente en el cristalino. Con el paso del tiempo, las proteínas que componen el cristalino pueden desorganizarse, haciendo que esta estructura pierda progresivamente su transparencia y se vuelva opaca. Como consecuencia, la luz deja de atravesarla correctamente y la visión comienza a deteriorarse.

Sin embargo, el envejecimiento no es el único factor involucrado. Existen condiciones y antecedentes que pueden aumentar el riesgo de desarrollar cataratas o acelerar su aparición, como la diabetes, la exposición prolongada a la radiación ultravioleta, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, el uso prolongado de corticoides, la miopía alta, ciertos antecedentes genéticos, traumatismos oculares, cirugías previas en el ojo y la exposición a determinados tipos de radiación.

Aunque suelen asociarse al paso del tiempo, las cataratas también pueden presentarse en personas jóvenes en contextos específicos, como después de un golpe importante en el ojo. En niños, si bien se trata de una situación poco frecuente, pueden estar presentes desde el nacimiento y asociarse a alteraciones genéticas, trastornos metabólicos o infecciones ocurridas durante el embarazo.

 

Diagnóstico

El diagnóstico de cataratas comienza con una consulta oftalmológica completa. En muchos casos, basta con examinar el ojo con una lámpara de hendidura —el microscopio que utiliza el oftalmólogo durante la consulta— para identificar si el cristalino perdió transparencia.

Si se confirma el diagnóstico y se evalúa una eventual cirugía, pueden indicarse estudios adicionales para analizar con mayor precisión el estado del ojo, calcular la lente intraocular más adecuada y descartar otras enfermedades que también puedan afectar la visión.

Esto es especialmente importante porque, en muchos pacientes, la catarata no es el único problema ocular presente. Condiciones como glaucoma, enfermedades de la retina o complicaciones asociadas a la diabetes también pueden influir en la visión y deben ser tenidas en cuenta al momento de definir el tratamiento.

Si notás cambios persistentes en tu visión, una consulta oftalmológica permite identificar la causa y evaluar las opciones disponibles.

 

Tratamiento

Actualmente, el único tratamiento efectivo para las cataratas es la cirugía. No existen anteojos, medicamentos ni gotas que puedan revertir o frenar la opacidad del cristalino. Hoy en día, se trata de una intervención ambulatoria, segura y altamente estandarizada. La técnica de referencia a nivel mundial se denomina facoemulsificación y, a grandes rasgos, consiste en los siguientes pasos:

  • Incisiones milimétricas: Se realizan pequeñas incisiones que, por lo general, no requieren puntos de sutura al finalizar.
  • Fragmentación por ultrasonido: Se fragmenta el cristalino opaco mediante ultrasonido y se aspira.
  • Implante de la lente: En el mismo acto quirúrgico, se coloca una lente intraocular flexible en reemplazo del cristalino.

El procedimiento se realiza con anestesia local (en gotas) y puede estar acompañada de una sedación leve, dura aproximadamente 15 minutos y no genera dolor. 

Hace muchos años, cuando las técnicas quirúrgicas eran distintas y las incisiones eran grandes, se recomendaba esperar a que la catarata estuviera muy avanzada o «madura» para operarla. Hoy ese concepto quedó obsoleto. La cirugía se indica cuando la condición empieza a afectar la calidad de vida del paciente y sus actividades cotidianas (como leer, trabajar o conducir), siempre evaluando que los beneficios superen los riesgos. De hecho, operar una catarata excesivamente avanzada puede aumentar la tasa de complicaciones y requerir técnicas más complejas. De allí la importancia de los controles periódicos para detectar la patología a tiempo. 

En cuanto a las lentes intraoculares que se implantan, se gradúan a la medida de cada paciente utilizando tecnología de última generación para calcular el «talle» exacto. Según el estilo de vida y las necesidades visuales, existen tres grandes grupos de lentes:

  • Monofocales: Tienen un solo punto focal, calculado habitualmente para ver de lejos con nitidez. Para las actividades de cerca (como leer), el paciente seguirá necesitando anteojos.
  • De rango extendido: Permiten enfocar a distancias lejanas e intermedias (útiles para usar la computadora o ver el tablero del auto) sin generar halos de luz, aunque requieren apoyo de anteojos para la lectura cercana. Es una de las opciones más elegidas en la actualidad.
  • Multifocales: Diseñadas para brindar la mayor independencia posible de los anteojos en distancias cortas, medias y largas. Al dividir la luz, pueden reducir sutilmente el contraste visual y, en algunos casos, generar la percepción de halos o destellos alrededor de las luces artificiales, sobre todo al conducir de noche.

Cualquiera de estas opciones cuenta con su versión tórica, desarrollada específicamente para corregir también el astigmatismo si el paciente lo padece. El especialista definirá la mejor opción evaluando de forma personalizada el deseo del paciente y la salud general de su ojo.

Cabe destacar que, aunque por lo general es optativa, existen situaciones excepcionales donde la cirugía se vuelve mandatoria; por ejemplo:

  • Glaucoma facomórfico o de ángulo cerrado: Ocurre cuando el cristalino aumenta tanto su tamaño físico que empuja las estructuras internas del ojo, eleva la presión ocular de forma peligrosa y pone en riesgo el nervio óptico.
  • Uveítis inducida por el cristalino o glaucoma fagolítico: Inflamaciones o complicaciones graves causadas por las proteínas del propio cristalino enfermo.
  • Necesidad de evaluar la retina: En pacientes con diabetes u otras patologías, los médicos necesitan ver el fondo de ojo con claridad para controlar la retina. Si la catarata está muy avanzada, funciona como un «vidrio empañado» que impide el diagnóstico; por lo tanto, es mandatorio operarla para devolverle la transparencia al ojo y poder tratar la retinopatía de base.

Postoperatorio y beneficios 

La recuperación después de una cirugía de cataratas suele ser rápida y, en la mayoría de los casos, permite retomar una vida prácticamente normal en poco tiempo, siempre con algunas precauciones básicas y sentido común. El paciente puede caminar y ducharse desde el primer momento, pero durante las primeras tres semanas debe evitar frotarse el ojo, sumergirse bajo el agua (en piletas o mar) y realizar deportes de contacto. También es fundamental cumplir correctamente con el uso de las gotas indicadas por el oftalmólogo.

Más allá de mejorar la visión, la cirugía de cataratas puede tener un impacto positivo en la calidad de vida, especialmente en adultos mayores. Recuperar una visión más nítida favorece la autonomía, mejora la seguridad para actividades cotidianas y puede contribuir a reducir el riesgo de caídas y fracturas. Asimismo, ayuda a sostener el vínculo con el entorno, un aspecto relevante para la salud cognitiva y el bienestar general.

Como toda intervención quirúrgica, la cirugía de cataratas no está exenta de riesgos, aunque las complicaciones son infrecuentes. Pueden presentarse inflamaciones transitorias o, en casos muy excepcionales, infecciones oculares. Dicho lo cual, se trata de una de las cirugías costo-efectiva más exitosas y con mayores tasas de satisfacción de la medicina moderna. 

Complicaciones: ¿qué sucede si no me trato las cataratas?

En la gran mayoría de los casos, la cirugía de cataratas es una intervención electiva, es decir, puede planificarse según las necesidades y el impacto que la condición tenga en la vida cotidiana del paciente. Sin embargo, al tratarse de una enfermedad progresiva, la visión continuará deteriorándose con el tiempo.  

No tratar la catarata a tiempo puede traer consecuencias que exceden lo estrictamente visual y afectan de forma directa la salud integral, especialmente en adultos mayores:

  • Pérdida de autonomía y accidentes: La disminución de la nitidez aumenta significativamente el riesgo de sufrir caídas y fracturas graves (como la de cadera, muy frecuente en esta etapa de la vida). También afecta la seguridad y reduce la productividad y capacidades cotidianas del paciente.
  • Aceleración del deterioro cognitivo: Cuando una persona no ve bien y tiene cierta predisposición al deterioro cognitivo, el aislamiento y la falta de conexión con su entorno aceleran la progresión de este cuadro.
  • Ceguera reversible: A nivel global, las cataratas no tratadas continúan siendo la principal causa de ceguera reversible en el mundo.
  • Mayor complejidad quirúrgica: Esperar a que la catarata esté excesivamente avanzada o «muy madura» aumenta la tasa de complicaciones durante la operación. El cristalino se vuelve tan duro que no se puede fragmentar con ultrasonido común y requiere una técnica quirúrgica tradicional con incisiones mucho más grandes y mayores riesgos asociados.

Prevención

No siempre es posible prevenir la aparición de cataratas, ya que el envejecimiento natural del ojo es su principal causa. Sin embargo, algunos hábitos saludables pueden ayudar a reducir el riesgo de desarrollarlas antes de tiempo o favorecer una mejor salud ocular general.

Entre las medidas recomendadas se encuentran proteger los ojos de la exposición prolongada al sol con anteojos con filtro para radiación ultravioleta, evitar el tabaquismo, moderar el consumo de alcohol y mantener un estilo de vida saludable, con una alimentación equilibrada rica en antioxidantes.

Además, en personas con enfermedades como diabetes, un adecuado control de la condición de base también puede contribuir a cuidar la salud visual.

Aun así, adoptar estas medidas no garantiza que las cataratas no aparezcan con el paso del tiempo. Por eso, los controles oftalmológicos periódicos siguen siendo fundamentales, especialmente ante cualquier cambio en la visión

Cuándo consultar al médico

Cualquier cambio persistente en la visión merece una evaluación oftalmológica. Es recomendable consultar si notás visión borrosa, mayor sensibilidad a la luz, halos alrededor de las luces, dificultad para leer, conducir o realizar actividades cotidianas con comodidad.

También conviene pedir una consulta si sentís que tu visión empeora a pesar de usar tus anteojos habituales o si necesitás cambiar la graduación con frecuencia sin lograr una mejoría clara.

Más allá de la presencia de síntomas, los controles oftalmológicos regulares son fundamentales, especialmente con el paso del tiempo o si existen factores de riesgo como diabetes, antecedentes oculares o uso prolongado de ciertos medicamentos.

Detectar una catarata de manera temprana permite evaluar su impacto sobre la calidad de vida, descartar otras enfermedades oculares y definir el momento más adecuado para el tratamiento.

El Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Austral cuenta con especialistas capacitados para el diagnóstico, seguimiento y tratamiento integral de las cataratas, incluyendo cirugía con tecnología de última generación y evaluación personalizada. Ante cambios en la visión, molestias visuales o para realizar controles oftalmológicos regulares, podés solicitar una consulta con nuestro equipo.

Información elaborada por el Hospital Universitario Austral con la colaboración y supervisión del Dr. Joaquín Figueroa Álvarez, del Servicio de Oftalmología.

 

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