+54 (230) 438-8888

Qué es

La depresión es un trastorno del estado de ánimo que afecta la manera en que una persona siente, piensa y lleva adelante sus actividades cotidianas. Se caracteriza por un conjunto persistente de síntomas que pueden incluir ánimo bajo y pérdida de interés o placer (anhedonia), además de alteraciones del sueño y del apetito, fatiga marcada, dificultades de concentración y toma de decisiones, sensaciones de inutilidad o culpa excesiva. 

Se trata de una condición frecuente que genera un malestar significativo y repercute en el funcionamiento diario de las personas. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta aproximadamente al 6–7 % de la población adulta mundial, con una prevalencia 50 % mayor en mujeres que en varones.

La depresión puede manifestarse en cualquier momento de la vida, de manera episódica o de forma crónica/persistente. La evaluación profesional especializada es esencial para diferenciar entre los distintos tipos, descartar otras causas de síntomas similares y definir el abordaje más adecuado. 

Aunque se trata de un cuadro potencialmente serio, la depresión es tratable. Las estrategias terapéuticas incluyen intervenciones psicoterapéuticas, medicación antidepresiva y medidas de acompañamiento y rehabilitación, siempre seleccionadas y adaptadas según la naturaleza del cuadro y las necesidades individuales de cada persona.

Tipos de depresión

Bajo el nombre de “depresión” se agrupan distintos trastornos depresivos que comparten el ánimo bajo y la pérdida de interés, pero se diferencian por cuánto duran, qué intensidad tienen y si aparecen o no cambios del estado de ánimo. Esta última distinción es clave porque el tratamiento no es el mismo cuando la depresión forma parte de un trastorno bipolar que cuando se trata de una depresión unipolar.

En el trastorno bipolar, los episodios depresivos alternan, en otros momentos de la vida, con períodos de manía o hipomanía. La manía es un estado en el que el ánimo está anormalmente elevado o muy irritable, con aumento marcado de la energía, menor necesidad de dormir, pensamientos más rápidos y conductas impulsivas que pueden tener consecuencias importantes. La hipomanía comparte estas características, pero en una forma más leve.

Trastornos depresivos unipolares

Los trastornos depresivos unipolares son aquellos en los que la persona presenta solo episodios depresivos, sin episodios de manía o hipomanía. Entre ellos, pueden mencionarse: 

  • Trastorno depresivo mayor (TDM). Se caracteriza por uno o más episodios depresivos mayores que duran, como mínimo, dos semanas. Durante estos períodos se presentan varios síntomas al mismo tiempo (ánimo deprimido, pérdida de interés, fatiga, alteraciones del sueño y del apetito, entre otros) y se produce un deterioro significativo en el funcionamiento social, laboral o familiar.
  • Trastorno depresivo persistente (distimia). Implica un ánimo depresivo presente la mayor parte del día, la mayoría de los días, durante un mínimo de dos años. Los síntomas suelen ser menos intensos que en el trastorno depresivo mayor, pero son crónicos y pueden generar un impacto acumulativo importante en la calidad de vida. En ocasiones se combina con episodios de depresión grave.
  • Trastorno afectivo estacional. Describe un patrón recurrente de episodios depresivos que se presentan en un momento específico del año —típicamente en otoño o invierno, por disminución o privación de la luz natural— y mejoran durante el resto del año. Suele acompañarse de mayor cansancio, más necesidad de dormir y cambios en el apetito.
  • Depresión asociada al consumo de sustancias o a medicamentos. Corresponde a cuadros en los que el estado de ánimo depresivo aparece durante o poco después de la intoxicación o abstinencia de sustancias (como alcohol u otras drogas) o como efecto secundario de determinados medicamentos.
  • Trastorno disfórico premenstrual (TDPM). Se manifiesta con síntomas de depresión, ansiedad, irritabilidad y cambios bruscos del estado de ánimo que ocurren repetidamente en la fase premenstrual del ciclo y mejoran poco después del inicio de la menstruación. La intensidad de los síntomas y el impacto en la vida diaria lo diferencian del síndrome premenstrual habitual.
  • Depresión perinatal. Incluye los episodios depresivos que aparecen durante el embarazo o en los meses posteriores al parto. Se acompañan de tristeza persistente, ansiedad, fatiga, alteraciones del sueño y sentimientos de culpa o incapacidad, y requieren una evaluación específica.
  • Trastorno de duelo prolongado. Hace referencia a un duelo que se extiende más allá de lo esperable después de una pérdida y se caracteriza por un anhelo intenso y persistente por la persona fallecida, junto con un deterioro significativo en el funcionamiento cotidiano. En estos casos suele ser necesaria una evaluación y un abordaje profesional.

Trastornos depresivos del espectro bipolar

En los trastornos del espectro bipolar, los episodios depresivos forman parte de un cuadro en el que también aparecen estados de ánimo anormalmente elevados o irritables (manía o hipomanía). Esto vuelve indispensable distinguirlos, porque el tratamiento de la fase depresiva bipolar difiere de manera significativa del que se utiliza en la depresión unipolar. Entre estos trastornos, figuran: 

  • Trastorno bipolar I. Se define por la presencia de al menos un episodio maníaco franco. Un episodio maníaco es un estado de ánimo elevado, expansivo o irritable de forma anormal y persistente, acompañado de un aumento en la actividad, energía, grandiosidad, reducción de la necesidad de sueño y conductas impulsivas de alto riesgo.
  • Trastorno bipolar II. Se define por la presencia de al menos un episodio depresivo mayor y al menos un episodio hipomaníaco (una versión menos grave de la manía, que dura menos tiempo y no causa un deterioro funcional tan severo). En este tipo, la depresión es a menudo el síntoma predominante.
  • Trastorno ciclotímico. Implica fluctuaciones crónicas del estado de ánimo, con períodos de síntomas depresivos leves y otros de síntomas hipomaníacos leves. No se presentan episodios completos de manía o depresión mayor; el patrón es oscilante y persistente.

Características específicas del episodio depresivo

Más allá de si la depresión es unipolar o bipolar, los episodios depresivos pueden presentar características adicionales que ayudan a definir su gravedad y orientan el plan terapéutico; por ejemplo: 

  • Con rasgos psicóticos: presencia de delirios (por ejemplo, ideas de culpa o ruina) o alucinaciones. Indican una depresión grave que requiere atención especializada inmediata.
  • Con características melancólicas: forma más severa, con pérdida casi total de la capacidad de sentir placer, despertar temprano, ánimo peor por la mañana y síntomas físicos marcados.
  • Con ansiedad prominente: la depresión se acompaña de niveles elevados de inquietud o tensión.

La correcta clasificación y el diagnóstico diferencial de estos cuadros es un paso fundamental para definir el abordaje terapéutico más adecuado para cada persona.

 

Síntomas

La depresión se manifiesta a través de un conjunto de síntomas que afectan la esfera emocional, física y cognitiva de la persona. Para diagnosticar un episodio depresivo mayor, se requiere que la persona presente cinco o más de los siguientes síntomas durante el mismo período de dos semanas, siendo obligatoria la presencia de, al menos, uno de los dos síntomas principales (ánimo deprimido o anhedonia).

Síntomas centrales:

  • Estado de ánimo deprimido la mayor parte del día: sentimientos de tristeza, ganas de llorar, vacío o desesperanza
  • Disminución acusada del interés o del placer (Anhedonia): pérdida de interés o placer por actividades que antes resultaban gratificantes

Otras manifestaciones comunes:

  • Cambios emocionales: arrebatos de enojo, irritabilidad o frustración, incluso por asuntos de poca importancia
  • Alteraciones en el peso y apetito: pérdida o aumento del peso corporal sin razones aparentes, falta de apetito y adelgazamiento, o más antojos de comida y aumento de peso
  • Problemas del sueño: alteraciones del sueño, como insomnio o dormir demasiado (hipersomnia)
  • Fatiga: cansancio y falta de energía, por lo que incluso las tareas pequeñas requieren un esfuerzo mayor
  • Ansiedad, agitación o inquietud 
  • Lentitud para razonar, hablar y hacer movimientos corporales (retardo psicomotor que es observable por terceros)
  • Sentimientos de inutilidad o culpa excesivos, fijación en fracasos del pasado o autorreproches
  • Dificultad para pensar, concentrarse, tomar decisiones y recordar cosas
  • Molestias físicas sin motivo aparente, como dolor de espalda o de cabeza

Síntoma de alarma:

  • Pensamientos frecuentes o recurrentes sobre la muerte, pensamientos suicidas, intentos suicidas

La combinación y la intensidad de estos síntomas varían de una persona a otra. Por eso, la evaluación clínica cuidadosa resulta fundamental para reconocer el cuadro e, incluso, diferenciarlo de otras condiciones médicas o psiquiátricas con síntomas similares.

 

Causas

La causa exacta de la depresión no se conoce con precisión. En la actualidad, se la entiende como un trastorno de origen multifactorial, en el que diversos mecanismos biológicos, genéticos, psicológicos y del entorno intervienen de manera conjunta.

Desde el punto de vista biológico, se postula la participación de alteraciones en los sistemas cerebrales que regulan el estado de ánimo, el estrés, la motivación y el sueño, así como posibles disfunciones en distintos neurotransmisores implicados en estos circuitos. También se han descrito modificaciones en los sistemas hormonales vinculados a la respuesta al estrés y a la regulación neuroendocrina, que podrían contribuir al desarrollo del cuadro en determinadas personas.

En cuanto a los factores genéticos, la presencia de antecedentes familiares sugiere la existencia de una vulnerabilidad heredable, que por sí sola no resulta suficiente para explicar la aparición del trastorno.

Los factores psicológicos, como ciertas formas de afrontar el estrés, rasgos de personalidad con tendencia a la autocrítica intensa o experiencias adversas tempranas, también pueden influir en el desarrollo del cuadro.

Finalmente, distintos factores del entorno, como pérdidas afectivas, conflictos interpersonales, estrés sostenido, enfermedades médicas o consumo de sustancias, pueden actuar como desencadenantes en personas predispuestas.

En la mayoría de los casos, la depresión parece surgir de la interacción entre varios de estos factores, más que de una causa aislada.

Factores de riesgo

Existen determinados factores que pueden aumentar la probabilidad de desarrollar un trastorno depresivo, especialmente en personas con mayor vulnerabilidad. Estos factores no actúan como causas directas, pero sí pueden facilitar la aparición del cuadro o influir en su evolución. Entre ellos, se pueden mencionar: 

  • Antecedentes familiares de depresión u otros trastornos del ánimo
  • Experiencias adversas tempranas, como situaciones de negligencia, violencia o pérdidas significativas en la infancia
  • Rasgos de personalidad caracterizados por elevada autoexigencia, tendencia a la autocrítica, perfeccionismo o dificultad para afrontar la frustración
  • Historia previa de otros trastornos mentales, como trastornos de ansiedad o trastornos de la personalidad
  • Estrés sostenido en el tiempo o eventos vitales altamente estresantes
  • Conflictos interpersonales persistentes, separaciones, duelos o pérdidas afectivas.
  • Problemas laborales, económicos o situaciones de sobrecarga emocional prolongada
  • Aislamiento social o falta de apoyo familiar y comunitario
  • Vivir situaciones de discriminación, exclusión o pertenecer a grupos minoritarios

También pueden actuar como factores de riesgo determinadas condiciones médicas, en especial las enfermedades crónicas, el dolor persistente, trastornos neurológicos, enfermedades cerebrovasculares y alteraciones hormonales. Del mismo modo, el consumo de alcohol, drogas u otras sustancias puede favorecer la aparición de síntomas depresivos o agravar cuadros preexistentes.

En muchos casos, la depresión se desarrolla a partir de la convergencia de varios de estos factores, más que por la presencia de uno solo en forma aislada.

 

Diagnóstico

El diagnóstico de la depresión es clínico y debe ser realizado por un profesional de Salud Mental capacitado, a partir de una evaluación integral de los síntomas, su duración, su intensidad y su impacto en la vida cotidiana.

Durante el proceso de evaluación clínica, se contemplan: la presencia sostenida de síntomas afectivos, cognitivos, conductuales y físicos; la duración mínima de los síntomas (al menos dos semanas para el Trastorno Depresivo Mayor); el grado de interferencia en el funcionamiento personal, social, laboral o académico; y el diagnóstico diferencial; o sea, se determina si el cuadro corresponde a un trastorno depresivo unipolar, a una depresión dentro del espectro bipolar, o a otra condición con síntomas similares.

Asimismo, como parte del estudio diagnóstico integral, el profesional puede indicar:

  • Evaluaciones médicas y de laboratorio, que permiten descartar enfermedades médicas que puedan producir o simular síntomas depresivos (por ejemplo, hipotiroidismo, anemia, deficiencia de vitaminas como la B12 o D, y trastornos neurológicos)
  • Revisión farmacológica, para determinar si el estado de ánimo está influido por el consumo de sustancias (alcohol, drogas) o si es un efecto secundario directo de algún medicamento prescrito
  • Estudios de neuroimágenes en casos seleccionados, si se sospecha de una patología neurológica subyacente o estructural

El diagnóstico temprano y preciso es crucial para iniciar un tratamiento adecuado, reducir el sufrimiento y prevenir complicaciones y recaídas.

 

Tratamiento

El tratamiento de la depresión es individualizado y depende del tipo de trastorno, la gravedad de los síntomas, la historia clínica de la persona y la presencia de otros trastornos asociados. En la mayoría de los casos, el abordaje es combinado, secuencial e interdisciplinario.

El abordaje psicoterapéutico constituye un pilar fundamental del tratamiento para la mayoría de los cuadros depresivos. Permiten trabajar sobre pensamientos, emociones, vínculos, el afrontamiento del estrés y los conflictos. Algunas terapias indicadas para el tratamiento de la depresión incluyen:

  • Terapia Cognitivo-Conductual (TCC). Se enfoca en modificar patrones de pensamiento negativos y comportamientos disfuncionales para generar una mejoría en el estado de ánimo.
  • Terapia Interpersonal (TIP). Trabaja en la mejora de las relaciones interpersonales y la resolución de conflictos que pueden estar relacionados con el inicio o la persistencia de los síntomas depresivos.
  • Terapias Psicodinámicas o de Aceptación y Compromiso (ACT). Útiles para abordar conflictos internos y promover una mayor flexibilidad psicológica.

Habitualmente, el abordaje psicoterapéutico se complementa con tratamiento farmacológico. En muchos pacientes, especialmente aquellos con depresión moderada a grave, se indican medicamentos; por ejemplo: 

  • Antidepresivos: actúan sobre distintos sistemas de neurotransmisores (serotonina, noradrenalina, dopamina) implicados en la regulación del estado de ánimo. La elección del fármaco, la dosis, el tiempo de tratamiento y los ajustes necesarios deben ser evaluados exclusivamente por un médico psiquiatra.
  • Otros psicofármacos: en determinadas situaciones clínicas, como en la depresión bipolar o en cuadros resistentes al tratamiento, pueden utilizarse estabilizadores del ánimo o antipsicóticos atípicos como parte de un esquema terapéutico de potenciación.

Estos abordajes suelen ir de la mano con medidas de acompañamiento orientadas a la recuperación funcional, la reorganización de rutinas, la reinserción en las actividades habituales (laborales, académicas, sociales) y el fortalecimiento del lazo social. El seguimiento clínico periódico y la adherencia a largo plazo son fundamentales para evaluar la evolución, ajustar el abordaje y reducir el riesgo de recaídas.

Prevención

Aunque no siempre es posible prevenir completamente la aparición de la depresión, existen estrategias que reducen el riesgo y la severidad del cuadro; entre ellas: 

  • Mantener hábitos de vida saludables, con una alimentación equilibrada, actividad física regular y un descanso adecuado (higiene del sueño).
  • Desarrollar estrategias adecuadas para el manejo del estrés y la resolución de problemas (por ejemplo, técnicas de mindfulness o relajación).
  • Fomentar los vínculos sociales, el apoyo familiar y la participación en redes de contención.
  • Evitar el consumo de alcohol, drogas u otras sustancias, que actúan como desencadenantes o agravantes.
  • Realizar controles médicos periódicos, especialmente en personas con antecedentes familiares o personales de depresión o de cuadros comórbidos (como ansiedad crónica).
  • La consulta precoz con un profesional de la Salud Mental ante la persistencia de síntomas emocionales (ánimo bajo, anhedonia, fatiga o alteraciones del sueño) es la herramienta más importante para prevenir el desarrollo de formas graves, crónicas y prolongadas de la enfermedad.

Cuándo consultar al médico

La depresión no es un signo de debilidad y no es algo que se pueda “superar” simplemente con la fuerza de voluntad. Si bien es normal experimentar tristeza ante duelos o dificultades, la persistencia de los síntomas depresivos requiere una evaluación profesional. Debe buscar ayuda especializada si usted o un ser querido experimentan signos de alarma como:

  • Persistencia de síntomas como sentimientos de tristeza, vacío o pérdida de interés que duran la mayor parte del día, casi todos los días, por más de dos semanas.
  • Los síntomas están interfiriendo notablemente con su capacidad para trabajar, estudiar, mantener relaciones sociales o realizar sus actividades cotidianas.
  • Experimenta alteraciones persistentes en el sueño (insomnio grave o hipersomnia) o en el apetito y el peso sin una causa médica clara.
  • Tiene sentimientos intensos de culpa e inutilidad que son desproporcionados o que le impiden ver soluciones a sus problemas.
  • Aparición de síntomas psicóticos (como delirios o alucinaciones).

Si vos o alguien que conocés está experimentando pensamientos de muerte recurrentes, ideación suicida o tiene un plan para hacerse daño, deben buscar ayuda de inmediato.

Si te identificás con los síntomas de la depresión o si ya has recibido un diagnóstico, recordá que la recuperación es posible. En el Hospital Universitario Austral, estamos comprometidos con ofrecerte un tratamiento personalizado e interdisciplinario para tu bienestar. Te invitamos a dar el primer paso: solicitá un turno con nuestro Servicio de Salud Mental

 

Información elaborada por el Hospital Universitario Austral con la colaboración y supervisión del Dr. Tomás Fazio, psiquiatra del Servicio de Salud Mental del Hospital Universitario Austral. 

Solicitar turno
Portal de pacientes Whatsapp

La atención del Austral en un Plan de Salud a tu medida

Más información

Asesorate sobre el Plan de Salud