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Qué es

La onicomicosis es una infección micótica —es decir, causada por hongos— que afecta la lámina ungueal, la parte dura y visible de la uña. A medida que la infección progresa, la uña puede cambiar de color, engrosarse, volverse más frágil, deformarse o desprenderse parcialmente del lecho ungueal, el tejido sobre el que se apoya. Puede comprometer una o varias uñas de los pies, de las manos o ambas, aunque es mucho más frecuente en las primeras.

Los hongos que la producen pueden transmitirse fácilmente de una persona a otra, aunque para que la infección se desarrolle suele ser necesario que la uña presente una alteración previa: una uña sana rara vez permite que el hongo se instale. En las uñas de los pies predominan los dermatofitos, especialmente del género Trichophyton, mientras que en las manos es más frecuente encontrar Candida, una levadura que suele actuar de manera oportunista: el microorganismo aprovecha una uña previamente dañada o debilitada para producir la infección. Cada uno de estos hongos puede generar manifestaciones diferentes y requerir un abordaje específico.

La onicomicosis representa alrededor del 50 % de todas las enfermedades de las uñas, lo que la convierte en la afección ungueal más frecuente. Se estima que afecta entre el 1 y el 8 % de la población mundial, y su frecuencia aumenta con la edad, hasta alcanzar aproximadamente el 10 % en los adultos mayores. Consultar tempranamente con un dermatólogo permite confirmar el diagnóstico, identificar el microorganismo responsable y definir el tratamiento más adecuado para cada caso.

Síntomas

En las uñas de los pies, la onicomicosis suele no provocar síntomas en sus etapas iniciales. La infección progresa lentamente y la uña comienza a modificarse: puede presentar despulimiento, cambiar de color —volverse amarillenta, parduzca o, en algunos casos, completamente blanca— y engrosarse. Ese engrosamiento puede ser parcial, localizado en la punta o por debajo de la uña, o comprometer toda la lámina ungueal. La infección puede afectar una o varias uñas, de uno o ambos pies.

Aunque la uña no suele generar dolor ni picazón espontáneamente, con el tiempo el aumento de su grosor puede provocar molestias al caminar e incluso dolor por el roce con el calzado.

La onicomicosis también puede asociarse al pie de atleta, con hongos entre los dedos (micosis interdigital) o descamación en la planta del pie (micosis plantar). Si no recibe tratamiento, la infección puede extenderse a otras uñas y a otras zonas de la piel, como la región inguinal.

Cuando compromete las uñas de las manos, la infección suele estar relacionada con especies del género Candida. En estos casos es frecuente que la uña se despegue del lecho ungueal y adquiera un aspecto más blanquecino, ya que pierde el contacto con el tejido que normalmente le aporta su color rosado.

Aunque muchas personas conviven durante años con una uña alterada, no todas las lesiones ungueales son producidas por hongos. La evaluación por un dermatólogo es clave para identificar la causa e indicar el tratamiento más apropiado en cada caso.

 

Causas

La onicomicosis es una infección potencialmente contagiosa. Sin embargo, para que se desarrolle, la uña suele presentar una alteración previa que facilita el ingreso del hongo.

Los traumatismos repetidos son una de las causas más frecuentes de esa alteración. Pueden producirse por el uso de calzado cerrado o ajustado que genera roce constante, por deportes en los que los dedos impactan repetidamente contra el calzado, por golpes o por procedimientos cosméticos —como la pedicuría o el esmaltado semipermanente— cuando lesionan la uña. También aumentan el riesgo la edad avanzada, la diabetes, la insuficiencia venosa o arterial, la hiperhidrosis (exceso de sudoración en los pies), la inmunodepresión, los antecedentes personales o familiares de micosis y el pie de atleta, una infección por hongos que afecta la piel entre los dedos de los pies y puede extenderse hacia las uñas.

Las uñas de los pies se afectan mucho más que las de las manos porque están expuestas a traumatismos crónicos por el uso de calzado cerrado, el roce constante, los golpes, los pisotones y la práctica de deportes de impacto. 

La concurrencia a piscinas, clubes, gimnasios o vestuarios puede asociarse a un mayor riesgo cuando no se utiliza calzado adecuado para evitar el contacto directo con las áreas comunes. Caminar descalzo, ducharse sin ojotas o apoyar los pies directamente sobre bancos o superficies compartidas favorece el contagio. El agua y la humedad, por sí mismas, no aumentan el riesgo de infección.

 

Diagnóstico

El diagnóstico presuntivo de la onicomicosis es clínico, es decir, surge de la evaluación de la uña y de las características de la lesión. Sin embargo, hoy las guías internacionales recomiendan confirmar el diagnóstico antes de iniciar un tratamiento, ya que no todas las alteraciones de las uñas corresponden a una infección por hongos.

Para ello se realiza un estudio micológico, que consiste en obtener una muestra mediante un raspado de la uña para confirmar si realmente se trata de una onicomicosis. Existen otras enfermedades que pueden producir cambios similares en las uñas, por lo que la confirmación del diagnóstico resulta especialmente importante antes de indicar tratamientos que suelen prolongarse durante varios meses.

Una vez confirmado el diagnóstico, el dermatólogo definirá la estrategia terapéutica más adecuada según el grado de afectación de la uña, el estado de salud del paciente y otros factores clínicos.

 

Tratamiento

La onicomicosis puede tratarse con antifúngicos locales —mediante lacas o soluciones— o sistémicos, por vía oral. La elección depende del grado de afectación de la uña, del tipo de hongo y de las características de cada paciente. Cuando está indicado, el tratamiento sistémico ofrece la mejor tasa de curación.

Los tratamientos locales son más efectivos cuando el compromiso es limitado y la uña presenta poco engrosamiento. En otros casos pueden utilizarse como complemento del tratamiento por vía oral.

La curación requiere tiempo y constancia. Aunque el hongo pueda eliminarse antes, la uña necesita crecer para recuperar un aspecto normal. Ese proceso demora alrededor de seis meses en las manos y entre 12 y 18 meses en los pies. Los antifúngicos actuales permanecen durante un tiempo en la uña, por lo que ya no es necesario mantener la medicación durante un año completo, aunque la duración del tratamiento se define en forma individual.

En los últimos años, la incorporación de nuevos antifúngicos con un mejor perfil de seguridad mejoró las posibilidades de curación. En cambio, tratamientos como el láser o la terapia fotodinámica todavía no cuentan con evidencia suficiente para reemplazar al tratamiento estándar, y los tratamientos caseros no han demostrado eficacia.

La cirugía no forma parte del tratamiento habitual. Solo puede considerarse en casos puntuales para reducir el grosor de la uña y aliviar el dolor provocado por el roce con el calzado.

Complicaciones

Aunque muchas personas consideran la onicomicosis un problema exclusivamente estético, si no recibe tratamiento la infección puede progresar y extenderse. Con el tiempo, la uña suele engrosarse, lo que puede provocar molestias o dolor al caminar por el roce con el calzado.

Además, la infección puede extenderse a otras uñas —del mismo pie o del contralateral—, al resto del pie y a otras zonas de la piel, como la región inguinal o los glúteos. Cuando la uña está muy afectada, también puede convertirse en una puerta de entrada para bacterias y facilitar el desarrollo de infecciones de la piel.

Estas complicaciones adquieren especial importancia en personas con diabetes, obesidad o alteraciones de la circulación periférica, por lo que en estos pacientes el diagnóstico y el tratamiento oportunos, resultan especialmente importantes.

Prevención

La prevención de la onicomicosis se basa en dos pilares: proteger la uña de los traumatismos y reducir las condiciones que favorecen el desarrollo y la transmisión de los hongos. Aunque no siempre es posible evitar la infección, adoptar ciertos hábitos puede disminuir el riesgo de contraerla y de que vuelva a aparecer.

Una de las medidas más importantes es evitar las lesiones repetidas en las uñas. Para ello se recomienda utilizar calzado cómodo, con espacio suficiente para los dedos, evitando zapatos demasiado ajustados o con una puntera estrecha que favorezca el roce constante. También conviene prestar atención a las prácticas cosméticas, como la manicura o la pedicura, para evitar procedimientos que puedan dañar la uña.

Mantener los pies limpios y secos también es fundamental. Se aconseja usar medias que absorban la humedad y cambiarlas si se humedecen, dejar que los zapatos se sequen completamente antes de volver a utilizarlos —idealmente durante 24 horas— y elegir calzado que favorezca la ventilación, como el de lona o con malla. En personas con mayor riesgo, puede aplicarse talco o spray antifúngico en las medias y en el interior del calzado —no directamente sobre la piel, ya que puede resecarla— como medida preventiva.

Para disminuir el riesgo de contagio, es recomendable usar ojotas o calzado de baño en vestuarios, gimnasios, duchas compartidas, spas y bordes de piscinas, ya que los hongos pueden encontrarse en estas superficies y transmitirse fácilmente de una persona a otra. También es importante no compartir cortaúñas, toallas, calzado u otros elementos personales. 

Mantener las uñas cortas ayuda a evitar la acumulación de hongos y bacterias debajo de ellas. En los pies, lo ideal es cortarlas rectas y apenas más cortas que la punta del dedo. Además, el cortaúñas debe limpiarse y desinfectarse después de cada uso, y antes de realizarse una manicura o pedicura conviene comprobar que tanto los instrumentos como las piletas se desinfecten correctamente entre un cliente y otro.

Si aparecen signos de pie de atleta —como piel agrietada, descamación, picazón o ardor, especialmente entre los dedos—, es importante tratar la infección de manera precoz para evitar que se extienda hacia las uñas. Del mismo modo, si un conviviente presenta hongos en la piel o en las uñas, también debería recibir tratamiento para disminuir el riesgo de contagio dentro del hogar.

Una vez curada la onicomicosis, se recomienda desinfectar o reemplazar el calzado utilizado durante la infección y lavar las medias con agua caliente, ya que los hongos pueden permanecer en estos elementos y favorecer una recaída. También es aconsejable revisar periódicamente las uñas y consultar con un dermatólogo ante cambios de color, engrosamiento, roturas o desprendimiento, ya que un diagnóstico temprano facilita el tratamiento.

Cómo desinfectar el cortaúñas en casa

Mantener el cortaúñas limpio ayuda a prevenir la transmisión de hongos y otras infecciones. Para desinfectarlo correctamente:

  1. Retirá los restos de uñas o suciedad.
  2. Lavalo con agua tibia y jabón. Este paso es importante porque los desinfectantes no actúan correctamente sobre superficies sucias.
  3. Desinfectalo según la situación:
  • Si la persona tiene hongos, verrugas u otra infección, sumergilo durante 5 minutos en una solución preparada con 1 taza de agua y 1 cucharada de lavandina.
  • Si no hay una infección conocida, puede desinfectarse con alcohol al 70 % o dejarse en remojo durante 5 minutos.
  1. Dejalo secar completamente al aire antes de guardarlo.

Además, no compartas el cortaúñas con otras personas, ya que los hongos pueden transmitirse a través de estos elementos.

Errores frecuentes y mitos

Uno de los errores más comunes es intentar tratar la onicomicosis por cuenta propia. Las cremas antimicóticas, los tratamientos caseros y muchos productos promocionados en redes sociales suelen tener una eficacia limitada o nula, especialmente cuando la infección compromete la uña, ya que la mayoría no logra atravesar su grosor para alcanzar el hongo.

También es frecuente continuar utilizando un calzado que favorece el roce y los traumatismos repetidos sobre las uñas, o no adoptar las medidas necesarias para prevenir una nueva infección, como tratar el pie de atleta o desinfectar el calzado y los elementos de uso personal.

Entre los mitos más extendidos figura la idea de que los tratamientos actuales son demasiado agresivos, que obligan a tomar medicación durante más de un año o que la onicomicosis no tiene cura. Hoy existen tratamientos eficaces y con un mejor perfil de seguridad que en el pasado, aunque el éxito depende de confirmar el diagnóstico, indicar la terapia adecuada para cada paciente y completar el tratamiento indicado.

¿Cuándo consultar?

Lo ideal es consultar con un dermatólogo cuando la persona note cambios en una o más uñas, como engrosamiento, cambios de color, deformación o desprendimiento, especialmente si esas alteraciones persisten en el tiempo o provocan molestias al caminar.

También es recomendable hacerlo en personas con diabetes, alteraciones de la circulación, inmunodepresión, pie de atleta u otros factores que aumentan el riesgo de desarrollar la infección, ya que un diagnóstico precoz permite iniciar el tratamiento de manera oportuna.

Aunque muchas personas conviven durante años con una uña alterada porque creen que se trata únicamente de un problema estético, no todas las alteraciones de las uñas son causadas por hongos. La consulta con el dermatólogo permite confirmar el diagnóstico, descartar otras enfermedades que pueden producir cambios similares e indicar el tratamiento más adecuado para cada caso.

Abordaje en el Hospital Universitario Austral

En el Hospital Universitario Austral, el diagnóstico y el tratamiento de la onicomicosis están a cargo de dermatólogos con amplia experiencia en enfermedades de las uñas y se realizan de acuerdo con las recomendaciones de las guías internacionales. Ante la sospecha de una infección por hongos, el equipo confirma el diagnóstico mediante un estudio micológico y, a partir de ese resultado, define la estrategia terapéutica más adecuada para cada paciente.

El tratamiento se planifica de manera individual, teniendo en cuenta el grado de afectación de la uña, el estado general de salud, la medicación que recibe el paciente y la presencia de otras enfermedades asociadas. Este abordaje personalizado permite ofrecer un tratamiento eficaz y seguro, adaptado a las características y necesidades de cada persona.

Si notás cambios en una o más uñas, consultá con los especialistas del Servicio de Dermatología del Hospital Universitario Austral. Un diagnóstico oportuno es el primer paso para elegir el tratamiento más adecuado. 

Información elaborada por el Hospital Universitario Austral con la colaboración y supervisión de la Dra. Ana Beatriz de Pablo, del Servicio de Dermatología.

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