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Patologías y tratamientos

Pectus excavatum

Qué es

El pectus excavatum es una malformación congénita de la pared anterior del tórax por la que el esternón se hunde hacia el interior del pecho debido a una alteración que también compromete los cartílagos costales y las costillas. Según la forma que adopta, puede ser simétrico —cuando el hundimiento se ubica en el centro del pecho— o asimétrico, si predomina hacia uno de los lados. En algunos casos, además, puede asociarse a trastornos del tejido conectivo, como el síndrome de Marfan.

Se trata de la malformación congénita más frecuente de la pared torácica. Se estima que afecta a entre 1 de cada 400—1000 nacidos vivos, con una prevalencia cuatro veces mayor en varones que en mujeres. 

Si bien está presente desde el nacimiento, muchas veces pasa inadvertido durante la infancia. En los recién nacidos, cuyo tórax es muy flexible o laxo, el hundimiento puede hacerse más evidente cuando lloran o atraviesan algún problema respiratorio. Sin embargo, lo más habitual es que la condición se vuelva notoria durante la pubertad, coincidiendo con el primer gran estirón, entre los 11 y 12 años. 

La adolescencia constituye una etapa clave para evaluar su evolución y definir el abordaje más adecuado para cada paciente, dado que el esternón continúa hundiéndose de forma progresiva hasta que el paciente alcanza la edad adulta. 

Si bien muchas consultas se inician por el aspecto del pecho, el pectus excavatum no siempre es solo una cuestión cosmética: en los casos moderados o severos, el hundimiento del esternón puede comprimir y desplazar el corazón, afectar la función respiratoria e incluso asociarse a alteraciones posturales o desviaciones de la columna. Por eso, además del impacto sobre la imagen corporal, requiere una evaluación médica para determinar si existe compromiso funcional y cuál es el abordaje más adecuado. 

 

Síntomas

El pectus excavatum puede tener manifestaciones funcionales y cosméticas. En el plano físico, según la severidad del hundimiento, puede comprimir y desplazar el corazón, afectar la función respiratoria y asociarse a problemas posturales o desviaciones de la columna.

Los síntomas más frecuentes son falta de aire —en reposo o durante el ejercicio—, menor tolerancia al esfuerzo, fatiga, dolor torácico en forma de puntada, palpitaciones que a veces se interpretan como ataques de ansiedad y episodios repetidos de broncoespasmo. Muchos pacientes no los reconocen como tales hasta que advierten que rinden menos que sus compañeros, se cansan al subir escaleras o han consultado varias veces por problemas respiratorios.

El impacto cosmético también puede ser importante, sobre todo en la adolescencia. La vergüenza, la ansiedad y la incomodidad con el propio cuerpo pueden llevar a evitar la playa, los vestuarios, las remeras ajustadas o cualquier situación que implique mostrar el pecho. En las mujeres, además, puede producir asimetría o deformidad de las mamas. Cuando la imagen corporal limita actividades habituales o dificulta la relación con los pares, ese impacto también se considera un síntoma.

 

Causas

La causa exacta del pectus excavatum aún no se conoce. Se sabe que es una malformación congénita originada por una alteración en el desarrollo del esternón, los cartílagos costales y las costillas, aunque todavía no se ha identificado por qué se produce. 

En algunos pacientes puede asociarse a trastornos del tejido conectivo, como el síndrome de Marfan. Además, existe un claro componente familiar: es frecuente encontrar antecedentes en padres, hijos o hermanos, que incluso pueden presentar distintos tipos de deformidades de la pared torácica.

Es cuatro veces más frecuente en varones que en mujeres, aunque hasta el momento no existe una explicación definitiva para esa diferencia.

 

Diagnóstico

El diagnóstico del pectus excavatum comienza con un interrogatorio detallado y un examen físico de toda la caja torácica, desde los hombros hasta las caderas. Se observa si el pectus excavatum es simétrico o asimétrico, la profundidad del hundimiento, la rotación del esternón, la postura y la columna, y se indaga si existen síntomas respiratorios, menor tolerancia al ejercicio, dolor o palpitaciones.

La evaluación por imágenes incluye una tomografía de tórax en espiración con reconstrucción 3D, que permite estudiar con precisión la anatomía de la caja torácica. A partir de ella se calculan distintos parámetros: el índice de Haller, utilizado tradicionalmente para clasificar el cuadro en leve, moderado o severo; el índice de Corrección, que mide el porcentaje de hundimiento del esternón; y el índice Titanic, una medición más reciente que analiza ese hundimiento en sentido longitudinal. La tomografía también muestra el grado de rotación esternal, los campos pulmonares y si existe compresión o desplazamiento del corazón, información indispensable para planificar una eventual cirugía.

La resonancia magnética cardíaca permite evaluar la anatomía y la movilidad del corazón y clasificar el compromiso de sus cavidades según su intensidad. A esto se suma el ecocardiograma de estrés, una herramienta central para estudiar el llamado cardio-pectus, es decir, la repercusión del hundimiento del esternón sobre la función cardíaca. El estudio compara el funcionamiento del corazón en reposo y después de una prueba de esfuerzo, y puede revelar alteraciones del ventrículo derecho que no aparecen en condiciones basales, incluso en pacientes que no reconocen síntomas.

Asimismo, pueden indicarse estudios de función pulmonar para medir su desempeño, y un espinograma —una radiografía de la columna en toda su extensión— para detectar desviaciones o problemas posturales y, de este modo, decidir el abordaje más adecuado en cada caso.

 

Tratamiento

El tratamiento del pectus excavatum depende de la edad del paciente, la severidad del hundimiento, la presencia de síntomas y el impacto que la condición tiene sobre la función cardíaca, respiratoria y la calidad de vida. No todos los pacientes requieren cirugía.

En los niños prepúberes con pectus leve y sin síntomas, la conducta suele ser el seguimiento periódico para controlar cómo evoluciona la caja torácica durante el crecimiento. En esta etapa se recomienda la práctica de actividad física —como natación, remo o gimnasia— para mejorar la postura y el desarrollo muscular, aunque es importante aclarar que el ejercicio no corrige el pectus excavatum ni evita que el esternón continúe hundiéndose.

En pacientes cuidadosamente seleccionados, puede indicarse la Vacuum Bell o campana de vacío, un dispositivo que genera presión negativa sobre la zona hundida para elevar progresivamente el esternón. Se utiliza principalmente en niños antes de la pubertad, con tórax aún flexibles y hundimientos leves. Para obtener resultados debe emplearse de manera constante, con controles periódicos y ajustes progresivos de la presión. En algunos casos también puede utilizarse como preparación para una cirugía futura, con el objetivo de llegar a la adolescencia con una mejor estructura de la caja torácica.

Cuando el pectus excavatum produce síntomas, existe compromiso funcional o afecta significativamente la calidad de vida, el tratamiento de elección es la cirugía. La ventana ideal para realizarla se extiende desde el comienzo de la adolescencia hasta los 18 o 20 años, cuando la pared torácica conserva suficiente flexibilidad para facilitar la corrección y permitir que el tórax continúe creciendo con su nueva forma. Esto no significa que los adultos no puedan operarse, aunque la mayor rigidez de huesos y cartílagos puede hacer más desafiante la remodelación.

Durante muchos años, la corrección del pectus excavatum requería cirugías abiertas que implicaban resecar cartílagos costales y remodelar el esternón, con recuperaciones prolongadas. En la actualidad, el tratamiento de referencia es la MIRPE (Minimally Invasive Repair for Pectus Excavatum), una evolución de la técnica desarrollada por Donald Nuss, que permite corregir el hundimiento mediante un abordaje mínimamente invasivo. Mediante videotoracoscopía y pequeñas incisiones laterales, se colocan barras de titanio personalizadas por detrás del esternón para reposicionarlo. 

La cirugía incorpora además innovaciones como una grúa que eleva temporalmente el esternón para crear un espacio seguro entre el hueso y el corazón, sistemas de fijación que evitan el desplazamiento de las barras y una planificación tridimensional que adapta cada implante a la anatomía del paciente. Cuando la intervención está correctamente indicada y planificada, el paciente sale del quirófano con el tórax completamente corregido.

Recuperación

Uno de los avances más importantes de los últimos años ha sido la incorporación de la crioanalgesia, una técnica que utiliza frío extremo para “dormir” temporalmente los nervios intercostales responsables de transmitir el dolor. Durante la cirugía, una criosonda enfría esos nervios hasta los -70 °C durante un minuto en distintos espacios intercostales, lo que reduce de manera significativa las molestias del posoperatorio. El efecto es transitorio: los nervios recuperan su funcionamiento normal en las semanas siguientes. Gracias a este procedimiento, sumado a los protocolos actuales de manejo del dolor, la mayoría de los pacientes puede regresar a su casa entre las 24 y las 48 horas después de la intervención y retomar el colegio en aproximadamente una semana.

La recuperación, sin embargo, no termina con el alta médica. Durante el primer mes, el objetivo es permitir que las barras se integren a los tejidos y permanezcan estables, por lo que deben evitarse los golpes en el tórax, los deportes de contacto, las caídas y otras situaciones que puedan desplazarlas. En paralelo, comienza un trabajo progresivo junto al equipo de Kinesiología para recuperar la movilidad de los brazos, mejorar la mecánica respiratoria y ganar confianza en los movimientos cotidianos. Ese proceso se complementa con el seguimiento de especialistas en manejo del dolor y cuidados integrales, que acompañan al paciente durante todo el posoperatorio. 

A partir del segundo mes se incorporan ejercicios destinados a mejorar la respiración, la postura y las contracturas musculares que pueden aparecer durante el posoperatorio. Recién en el tercer mes se autoriza el regreso progresivo al deporte, con especial énfasis en el fortalecimiento de la espalda, el tórax y la musculatura abdominal para consolidar una caja torácica más estable. Las únicas restricciones suelen quedar para las disciplinas de contacto intenso, como el rugby o algunas artes marciales.

Las barras de titanio permanecen aproximadamente tres años, tiempo necesario para consolidar la nueva forma del tórax. Luego se retiran mediante una cirugía ambulatoria y, en la mayoría de los casos, los pacientes retoman sus actividades habituales a los pocos días. Las reintervenciones por un nuevo hundimiento son muy poco frecuentes y, cuando ocurren, suelen estar relacionadas con una indicación quirúrgica fuera de la ventana ideal o con el incumplimiento de las pautas de recuperación.

Complicaciones

Si no recibe tratamiento cuando está indicado, el pectus excavatum puede progresar a medida que el paciente crece, ya que el esternón continúa hundiéndose hasta la edad adulta. Cuanto mayor es ese hundimiento, mayores son las posibilidades de que aparezcan complicaciones.

En los casos moderados o severos, el esternón puede comprimir y desplazar el corazón, especialmente el ventrículo derecho —la cavidad encargada de bombear la sangre hacia los pulmones—, lo que puede afectar su funcionamiento. También puede deteriorarse la función respiratoria y asociarse alteraciones posturales o desviaciones de la columna. Muchas de estas repercusiones pueden pasar inadvertidas porque el organismo logra compensarlas en reposo y solo se hacen evidentes cuando aumenta la demanda física.

Las complicaciones no son únicamente físicas. Durante la adolescencia, etapa en la que el hundimiento suele hacerse más evidente, el impacto sobre la imagen corporal puede afectar la calidad de vida. Muchos pacientes dejan de practicar deportes, evitan la playa o los vestuarios y modifican su forma de vestir para ocultar el pecho. En las mujeres, además, pueden presentarse asimetrías o alteraciones en el desarrollo de las mamas. Para los especialistas, estas consecuencias también forman parte de la enfermedad y son tenidas en cuenta al momento de definir el tratamiento.

Prevención

Como se trata de una malformación congénita, no existe una forma de prevenir el pectus excavatum. Sin embargo, la detección temprana y el seguimiento médico permiten controlar su evolución y definir el momento más adecuado para iniciar un tratamiento, si fuera necesario.

Durante el crecimiento se recomienda realizar actividad física de manera regular para fortalecer la musculatura, mejorar la postura y favorecer la capacidad respiratoria. La natación, el remo y la gimnasia pueden ser de utilidad en ese sentido. No obstante, es importante desterrar un mito frecuente: el ejercicio no corrige el pectus excavatum ni evita que el esternón continúe hundiéndose.

En los pacientes que reúnen determinadas características —como niños prepúberes con tórax aún flexibles y pectus leves— el tratamiento con Vacuum Bell o campana de vacío puede contribuir a corregir el hundimiento del esternón o, en algunos casos, disminuir su progresión antes de una eventual cirugía. Su indicación debe ser realizada y controlada por un especialista, ya que no resulta eficaz en todos los pacientes.

Más allá de estas medidas, el seguimiento por un especialista durante el crecimiento resulta fundamental para detectar cambios en la caja torácica, valorar si existe compromiso funcional y aprovechar, cuando corresponde, la ventana ideal para iniciar el tratamiento. Una evaluación precoz también permite identificar qué pacientes pueden beneficiarse de tratamientos conservadores antes de la adolescencia. 

Cuándo consultar al médico

Se recomienda consultar cuando se observa un hundimiento del pecho, especialmente si se hace más evidente durante la pubertad o progresa con el crecimiento. Aunque el pectus excavatum está presente desde el nacimiento, muchas veces recién se vuelve notorio entre los 11 y los 12 años, coincidiendo con el primer gran estirón.

También es importante realizar una evaluación médica si aparecen síntomas como falta de aire, menor tolerancia al ejercicio, dolor torácico, palpitaciones o episodios repetidos de broncoespasmo. Incluso quienes creen no tener molestias pueden presentar un compromiso funcional que solo se detecta mediante estudios específicos.

La consulta también está indicada cuando el aspecto del tórax afecta la autoestima o la calidad de vida. Evitar actividades deportivas, no querer ir a la playa o a la pileta, sentirse incómodo al cambiarse frente a otras personas o modificar la forma de vestir para ocultar el pecho son situaciones que también deben ser evaluadas.

Una valoración temprana permite determinar si existe compromiso del corazón o los pulmones, controlar la evolución del hundimiento del esternón y definir el momento más adecuado para iniciar el tratamiento, cuando sea necesario.

Abordaje en el Hospital Universitario Austral

El tratamiento del pectus excavatum requiere la participación coordinada de múltiples especialistas. En el Hospital Universitario Austral, el proceso comienza con la evaluación en el consultorio de Cirugía Pediátrica y continúa con la intervención de un equipo integrado por profesionales de Diagnóstico por Imágenes, Cardiología, Neumonología, Traumatología Infantil, Anestesiología, Terapia Intensiva, Kinesiología, Cuidados Integrales y Psicoprofilaxis.

Cada paciente sigue un plan personalizado. Además de definir la indicación quirúrgica, el equipo analiza el impacto del pectus excavatum sobre el corazón, los pulmones y la postura, planifica la cirugía a partir de reconstrucciones tridimensionales, acompaña al paciente y su familia antes de la intervención y realiza un seguimiento estrecho durante la recuperación.

El equipo también trabaja con implantes de titanio diseñados a medida para cada paciente y participa activamente del Chest Wall International Group (CWIG), una red internacional dedicada al estudio y tratamiento de las malformaciones de la pared torácica, donde especialistas de distintos países comparten experiencias, resultados e innovaciones para mejorar la atención de estos pacientes.

Ante la sospecha de pectus excavatum, una evaluación temprana permite confirmar el diagnóstico y definir el tratamiento más adecuado para cada paciente. El Hospital Universitario Austral cuenta con un equipo especializado en malformaciones de la pared torácica. Solicitá un turno para recibir una evaluación especializada.  

Información elaborada por el Hospital Universitario Austral con la colaboración y supervisión de la Dra. Constanza Abdenur, del Servicio de Cirugía Pediátrica.

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