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Patologías y tratamientos

Reflujo gastroesofágico

Qué es

La enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) ocurre cuando el contenido del estómago asciende de manera repetida hacia el esófago y provoca síntomas molestos, lesiones o complicaciones que afectan la calidad de vida. 

No toda acidez aislada implica enfermedad: muchas personas pueden experimentar reflujo ocasional después de una comida abundante, tras consumir alcohol o café, o al acostarse inmediatamente después de comer. Se considera ERGE cuando los síntomas son frecuentes, afectan la calidad de vida, requieren medicación repetida o se asocian a lesiones como esofagitis, estenosis o esófago de Barrett (complicación del reflujo ácido crónico).

Para entender por qué ocurre, ayuda pensar en el esfínter esofágico inferior, una especie de “válvula” muscular ubicada entre el esófago y el estómago. En condiciones normales, actúa como barrera e impide que el contenido gástrico vuelva hacia arriba. Cuando esa barrera pierde eficacia —por relajación inapropiada, disminución de su presión o asociación con una hernia hiatal, entre otras causas— el ácido, bilis o contenido gástrico ascienden hacia el esófago y generan síntomas o lesiones con el tiempo.

Se trata de una de las consultas digestivas más frecuentes y afecta a entre el 15 y el 20 % de la población adulta en países occidentales, según estimaciones. Su frecuencia parecer haber aumentado en paralelo con el incremento de la obesidad, el envejecimiento poblacional y ciertos cambios dietarios. Se observa con mayor frecuencia en personas con sobrepeso u obesidad, embarazo, hernia hiatal, tabaquismo, sedentarismo, uso de ciertos medicamentos y determinados hábitos alimentarios

 

Síntomas

Los síntomas más característicos del reflujo gastroesofágico son la pirosis —una sensación de fuego o ardor detrás del esternón—, la regurgitación, es decir, la percepción de que el contenido del estómago o los alimentos vuelven hacia la boca, y la sensación de acidez que asciende desde el estómago hacia el pecho o la garganta.

En algunos casos, la enfermedad también puede manifestarse con síntomas llamados extraesofágicos, como tos crónica, carraspera persistente, ronquera, laringitis o sensación de “nudo en la garganta”. Como estos síntomas también pueden deberse a otras causas —respiratorias, alérgicas, otorrinolaringológicas o funcionales—, es importante una evaluación médica adecuada.

Existen además ciertos síntomas de alarma que requieren consulta médica inmediata, como dificultad o dolor al tragar, pérdida de peso sin causa aparente, anemia, vómitos persistentes o presencia de sangre en el vómito

 

Causas

La enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) es una condición multifactorial, lo que significa que puede aparecer por distintos mecanismos y no siempre responde a una única causa o a una alteración anatómica evidente. 

Entre los mecanismos que pueden favorecer el reflujo se encuentran las relajaciones transitorias del esfínter esofágico inferior, la disminución de la presión de ese esfínter y la presencia de hernia hiatal. También pueden intervenir otros factores, como la obesidad abdominal, el retraso en el vaciamiento gástrico, las alteraciones en la motilidad del esófago, el aumento de la presión intraabdominal o una hipersensibilidad esofágica. 

Algunas condiciones favorecen este proceso. El sobrepeso, especialmente cuando hay obesidad abdominal, incrementa la presión intraabdominal y facilita el reflujo. En el embarazo, a este componente mecánico se suman cambios hormonales que también predisponen al cuadro. El tabaquismo, por su parte, puede afectar mecanismos de defensa naturales del esófago y favorecer la relajación del esfínter.

Además, ciertos medicamentos pueden contribuir al problema, ya sea porque favorecen la relajación del esfínter esofágico inferior o porque irritan el esófago. Entre ellos se encuentran algunos antihipertensivos, como los antagonistas del calcio; antihistamínicos; ciertos antidepresivos; y antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), como el ibuprofeno.

Factores de riesgo

Algunas personas tienen mayor probabilidad de desarrollar enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE). Entre los principales factores de riesgo se encuentran el sobrepeso o la obesidad, el embarazo, la presencia de hernia hiatal, el tabaquismo, el sedentarismo, ciertos hábitos alimentarios —como las comidas copiosas o las cenas tardías— y el uso de algunos medicamentos que pueden favorecer el reflujo.

La edad también puede influir. Con el paso de los años aumenta la frecuencia de condiciones que predisponen al reflujo, como la hernia hiatal, alteraciones en la motilidad del esófago y el uso de múltiples fármacos. Además, en personas mayores también puede incrementarse el riesgo de complicaciones asociadas.

Existen también situaciones particulares, como antecedentes de cirugía bariátrica, especialmente algunos procedimientos como la manga gástrica, que pueden favorecer la aparición o persistencia de síntomas.

Si bien puede haber cierta predisposición familiar, la ERGE suele explicarse más por la combinación de factores anatómicos, funcionales, ambientales y de estilo de vida que por una causa exclusivamente genética.

 

Diagnóstico

El diagnóstico de la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) puede basarse inicialmente en la evaluación clínica cuando existen síntomas típicos, como pirosis y regurgitación, y no hay signos de alarma. En estos casos, las guías recomiendan una prueba terapéutica con medicamentos que reducen la producción de ácido gástrico durante 4 a 8 semanas, antes de avanzar con estudios invasivos.

Cuando los síntomas persisten, reaparecen con frecuencia, existen dudas sobre el diagnóstico o se sospechan complicaciones, suele indicarse la endoscopía digestiva alta, que permite observar directamente el esófago y detectar inflamación, lesiones o complicaciones como esofagitis o esófago de Barrett.

En algunos casos también se solicitan estudios complementarios. Entre ellos, puede mencionarse la pHmetría esofágica que mide, mediante una sonda, cuánto tiempo el esófago queda expuesto al ácido. La pH-impedanciometría, por su parte, permite detectar tanto reflujo ácido como no ácido y correlacionar esos episodios con los síntomas del paciente. La manometría esofágica, mientras tanto, evalúa la motilidad del esófago y la función de sus esfínteres. Si bien no diagnostica ERGE por sí sola, resulta especialmente útil antes de considerar una cirugía antirreflujo o para descartar otros trastornos motores.

 

Tratamiento

El tratamiento de la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) combina cambios en los hábitos de vida, medicación y, en casos seleccionados, procedimientos o cirugía.

Entre las primeras medidas suele recomendarse descender de peso cuando hay sobrepeso, evitar las comidas abundantes, no acostarse inmediatamente después de comer y dejar pasar al menos dos o tres horas antes de ir a la cama. En personas con síntomas nocturnos, puede ayudar elevar la cabecera de la cama; lo ideal no es sumar almohadas, sino modificar la inclinación de la cama o utilizar una cuña. También se aconseja dejar de fumar e identificar posibles desencadenantes individuales.

En cuanto a los medicamentos, los antiácidos pueden ofrecer alivio rápido, aunque su efecto es transitorio. Los bloqueantes H2, como la famotidina, pueden ser útiles en algunos cuadros leves o síntomas nocturnos seleccionados. Los inhibidores de la bomba de protones (IBP) —como omeprazol, esomeprazol, pantoprazol, dexlanzoprazol— son el tratamiento más eficaz para controlar los síntomas típicos y favorecer la cicatrización cuando existe inflamación del esófago. También existen otros medicamentos que no requieren activación por ácido e inhiben la H +, K +—ATPasa de manera reversible y potásica competitiva, como el vonoprazan, que puede ser utilizados en pacientes seleccionados. 

Algunos pacientes necesitan tratamiento prolongado, especialmente quienes presentan esofagitis severa, esófago de Barrett, estenosis péptica o recurrencia rápida de los síntomas al suspender la medicación.

Cuando el tratamiento farmacológico no alcanza o existen determinadas condiciones, puede considerarse una estrategia quirúrgica o intervencionista. Esto suele evaluarse en personas con reflujo objetivamente confirmado, síntomas persistentes, regurgitación predominante, hernia hiatal significativa o imposibilidad de sostener tratamiento crónico. Entre las opciones disponibles se encuentran la cirugía antirreflujo (funduplicatura), la reparación de hernia hiatal (cuando corresponde) y, en casos seleccionados, algunos procedimientos endoscópicos.

Complicaciones

Cuando el reflujo gastroesofágico se vuelve crónico y no se controla adecuadamente, puede generar complicaciones.

Una de las más frecuentes es la esofagitis, es decir, la inflamación de la mucosa esofágica provocada por la exposición repetida al contenido gástrico. Puede causar dolor, sangrado y, en algunos casos, lesiones más severas como erosiones o úlceras.

Con el tiempo, la inflamación persistente puede derivar en una estenosis péptica, un estrechamiento del esófago producido por cicatrización crónica, que suele manifestarse como dificultad progresiva para tragar.

Otra complicación relevante es el esófago de Barrett, una condición en la que el revestimiento normal de la porción inferior del esófago es reemplazado por un tejido similar al intestinal como respuesta a la exposición crónica al ácido. Esta condición requiere seguimiento porque se asocia con un mayor riesgo de desarrollar adenocarcinoma de esófago, aunque es importante aclarar que la gran mayoría de las personas con ERGE no desarrollará cáncer.

Este riesgo se concentra especialmente en pacientes con Barrett, obesidad abdominal, tabaquismo, edad avanzada, sexo masculino y una larga historia de reflujo.

Prevención

No siempre es posible prevenir por completo la enfermedad por reflujo gastroesofágico, pero ciertos hábitos ayudan a reducir el riesgo de síntomas y recaídas. Entre las medidas más importantes se encuentran mantener un peso saludable, realizar actividad física regular, evitar el tabaco, limitar el alcohol y tratar adecuadamente la hernia hiatal o las complicaciones cuando aparecen.

La alimentación también cumple un rol importante. Las comidas muy abundantes, grasas, picantes, el chocolate, la menta, el café, las bebidas gaseosas, el alcohol, los cítricos y el tomate pueden empeorar los síntomas en algunos pacientes. Sin embargo, no todas las personas reaccionan igual: más que indicar prohibiciones universales, se recomienda identificar qué alimentos o bebidas actúan como desencadenantes en cada caso.

También conviene cuidar los horarios y algunas conductas cotidianas: cenar más temprano, evitar acostarse inmediatamente después de comer —idealmente dejar pasar entre dos y tres horas—, no usar ropa muy ajustada y elevar la cabecera de la cama si los síntomas aparecen durante la noche. Adoptar hábitos de vida más saludables puede ayudar a controlar el reflujo y disminuir la frecuencia de las recaídas.

Cuándo consultar al médico

Si bien el reflujo ocasional puede aparecer de forma aislada —por ejemplo, después de una comida abundante—, hay situaciones en las que conviene consultar a un especialista. Cuando los síntomas son frecuentes, progresivos, aparecen durante la noche, requieren medicación de manera continua o reaparecen al suspenderla, es importante una evaluación médica para confirmar el diagnóstico y definir el tratamiento más adecuado.

Existen además ciertos signos de alarma que requieren consulta sin demora, como dificultad para tragar, dolor al tragar, pérdida de peso sin causa aparente, anemia, vómitos persistentes, presencia de sangre en el vómito o materia fecal negra. También debe evaluarse el dolor torácico intenso, especialmente porque puede confundirse con otros cuadros que requieren atención inmediata.

En personas con síntomas de inicio reciente después de los 50 o 60 años, también puede ser necesario un estudio más exhaustivo. En estos casos, suele indicarse una endoscopía digestiva alta para descartar otras causas y evaluar si el reflujo produjo lesiones en el esófago.

En el Hospital Universitario Austral, el abordaje de la enfermedad por reflujo gastroesofágico se realiza de manera integral a través del Servicio de Gastroenterología y Endoscopía Digestiva, con evaluación clínica especializada, estudios diagnósticos cuando están indicados —como endoscopía digestiva alta y estudios funcionales esofágicos— y un tratamiento personalizado según las características de cada paciente. En los casos que lo requieren, el abordaje puede complementarse con evaluación multidisciplinaria para definir estrategias terapéuticas más avanzadas. 

Mitos y dudas frecuentes

  • ¿El estrés causa reflujo? No suele ser la causa única de la enfermedad por reflujo gastroesofágico, aunque puede aumentar la percepción de los síntomas, empeorar ciertos hábitos y amplificar la sensibilidad visceral. En algunas personas, incluso, puede generar molestias similares a las del reflujo.
  • ¿Tomar leche ayuda? Puede producir un alivio transitorio, pero no trata la causa del problema. Además, en algunas personas —por su contenido graso— puede empeorar los síntomas posteriormente.
  • ¿Dormir con varias almohadas sirve? No es la estrategia ideal, porque suele flexionar el cuello y el tronco sin modificar de forma efectiva el reflujo. Cuando los síntomas predominan por la noche, suele ser más útil elevar la cabecera de la cama o usar una cuña.
  • ¿Toda acidez implica reflujo? No necesariamente. La acidez también puede aparecer en cuadros como dispepsia, gastritis, trastornos funcionales o hipersensibilidad esofágica.
  • ¿El dolor torácico puede confundirse con un problema cardíaco? Sí. Un dolor torácico nuevo, intenso, opresivo o acompañado de falta de aire, sudoración, irradiación o factores de riesgo cardiovascular debe evaluarse primero como una posible causa cardíaca antes de atribuirlo al reflujo.

 

Si tenés síntomas compatibles con enfermedad por reflujo gastroesofágico o dudas sobre tu cuadro, solicitá un turno con el Servicio de Gastroenterología y Endoscopía Digestiva del Hospital Universitario Austral, donde nuestro equipo de especialistas ofrece evaluación integral y tratamiento personalizado. 

 

Información elaborada por el Hospital Universitario Austral con la colaboración y supervisión del Dr. Germán Rainero, del Servicio de Gastroenterología y Endoscopía Digestiva.

 

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