Qué es
La tos convulsa, también conocida como tos ferina o coqueluche, es una enfermedad infecciosa respiratoria aguda y altamente contagiosa, causada por la bacteria Bordetella pertussis. Se transmite de persona a persona a través de las secreciones respiratorias que se liberan al hablar, toser, estornudar, especialmente en situaciones de contacto cercano.
Puede afectar a personas de todas las edades, pero los cuadros más graves se presentan en niños lactantes, en especial en menores de seis meses que aún no han completado el esquema de vacunación. En adolescentes y adultos, la enfermedad suele manifestarse con síntomas más leves o inespecíficos, lo que favorece la circulación inadvertida de la bacteria y el contagio.
Se trata, además, de una patología que puede tener una evolución prolongada, con tos persistente durante semanas o incluso meses. Por su impacto individual y comunitario, la tos convulsa es de notificación obligatoria, lo que permite implementar medidas de control, tratamiento oportuno y prevención del contagio.
Gracias a la incorporación de la vacuna al Calendario Nacional de Vacunación desde la década de 1970, la incidencia de la tos convulsa disminuyó de forma marcada, con una reducción superior al 90 %. Sin embargo, la enfermedad no ha desaparecido y puede dar lugar a brotes periódicos —habitualmente cada tres a cinco años—, que continúan afectando a cientos de personas en el país, en particular cuando descienden los niveles de vacunación o se pierde la inmunidad con el paso del tiempo.

Síntomas
La tos convulsa se manifiesta principalmente por una tos intensa, persistente y característica, que suele presentarse en accesos o espasmos difíciles de controlar. La evolución clínica de la enfermedad puede describirse en distintas fases, cuyos límites no siempre son nítidos.
En una fase inicial o catarral, los síntomas suelen ser inespecíficos y similares a los de una infección respiratoria común, con congestión nasal, rinorrea, estornudos y una tos leve. Durante este período, que suele pasar inadvertido y puede durar entre una y dos semanas, la persona infectada contagia la enfermedad con facilidad.
Con el avance del cuadro aparece la fase más característica o paroxística, en la que se desarrollan los accesos de tos intensa y repetitiva. Estos episodios pueden acompañarse de un ruido inspiratorio agudo al final del acceso —conocido como reprise— y de vómitos posteriores, sobre todo en niños. Es frecuente la presencia de secreciones viscosas, muy espesas, difíciles de expulsar, que asimismo contribuyen al malestar. La repetición de estos accesos suele generar un marcado cansancio físico y fatiga, que puede resultar muy limitante para la vida cotidiana. También pueden observarse cambios en la coloración de la piel, como enrojecimiento, palidez o una tonalidad azulada alrededor de los labios, producto del esfuerzo respiratorio.
En los lactantes y niños pequeños, los síntomas pueden incluir pausas en la respiración (apneas), dificultad para alimentarse y compromiso del estado general, lo que incrementa el riesgo de complicaciones y requiere evaluación médica inmediata.
En adolescentes y adultos, en cambio, la enfermedad puede presentarse de manera más leve o inespecífica, a veces como una tos persistente que se prolonga por más de dos semanas, sin otros síntomas respiratorios llamativos. Esta forma de presentación puede retrasar el diagnóstico y favorecer la transmisión inadvertida de la bacteria.
Tras la fase más intensa, la patología entra en un período de convalecencia, durante el cual la tos disminuye gradualmente, aunque puede persistir durante semanas o incluso meses, reapareciendo ante estímulos como nuevas infecciones respiratorias. Esta evolución prolongada explica que la tos convulsa sea conocida popularmente como la “tos de los cien días”.
Causas
La tos convulsa es causada por la bacteria Bordetella pertussis, un microorganismo que tiene como único reservorio al ser humano y que infecta el aparato respiratorio. La bacteria ingresa al organismo a través de las vías aéreas y se adhiere a la mucosa respiratoria, donde desencadena una respuesta inflamatoria intensa, responsable de buena parte de los síntomas característicos de la enfermedad.
El contagio se produce de persona a persona, principalmente a través del contacto cercano, mediante las secreciones respiratorias que se liberan al toser, hablar o estornudar. Se trata de una enfermedad altamente contagiosa, por lo que una persona infectada puede transmitirla con facilidad a su entorno, especialmente en ámbitos familiares, escolares o comunitarios.
En la actualidad, los adolescentes y adultos jóvenes suelen constituir el principal reservorio de la bacteria.
El riesgo de contagio es mayor en personas no vacunadas, con esquemas incompletos o cuya inmunidad ha disminuido con el paso del tiempo. Por este motivo, además del tratamiento del caso confirmado, resulta fundamental la identificación, evaluación y manejo de los contactos estrechos, con el objetivo de interrumpir la cadena de transmisión y proteger a los grupos más vulnerables.
En términos epidemiológicos, la tos convulsa presenta una cierta estacionalidad, con mayor circulación durante los meses de primavera y verano. Se observa además un aumento de casos en ciclos aproximados de tres años a cinco años, fenómeno vinculado a la disminución progresiva de la inmunidad en la población y a descensos en las tasas de vacunación.
Diagnóstico
El diagnóstico de la tos convulsa se basa en la sospecha clínica, teniendo en cuenta las características de la tos, la duración de los síntomas y el contexto epidemiológico. La presencia de una tos persistente, especialmente cuando se prolonga por más de dos semanas o se acompaña de accesos paroxísticos, reprise inspiratorio o vómitos post-tos, debe hacer considerar esta enfermedad como posible causa.
Ante la sospecha, es importante confirmar el diagnóstico mediante estudios de laboratorio. Para ello, se utilizan muestras de secreciones respiratorias, a partir de las cuales pueden realizarse estudios moleculares (PCR) que permiten detectar la bacteria Bordetella pertussis. En determinados casos, también pueden emplearse estudios serológicos para evaluar la respuesta de anticuerpos, como complemento diagnóstico.
Según la edad del paciente y la gravedad del cuadro, el médico puede solicitar estudios adicionales para evaluar posibles complicaciones. Entre ellos se incluyen análisis de laboratorio —que pueden mostrar alteraciones asociadas a cuadros más severos— y estudios por imágenes, como la radiografía de tórax, especialmente cuando existe sospecha de compromiso pulmonar o infección respiratoria asociada.
El diagnóstico oportuno resulta clave no solo para indicar el tratamiento adecuado, sino también para reducir la transmisión de la enfermedad y proteger a los grupos más vulnerables, en particular a los niños en edad de lactancia.
Tratamiento
El tratamiento de la tos convulsa se basa en la administración de antibióticos, cuyo efecto depende en gran medida del momento en que se inicia la terapia.
Cuando el antibiótico se indica de forma temprana, durante la primera o segunda semana desde el inicio de los síntomas, puede reducir la intensidad de los accesos de tos y acortar la duración del cuadro. En cambio, cuando el tratamiento se inicia en fases más avanzadas, ya no modifica la evolución de la tos —que persistirá hasta que la mucosa respiratoria se recupere—, pero resulta fundamental desde el punto de vista epidemiológico, ya que permite eliminar la bacteria de las secreciones y evitar que el paciente continúe contagiando a su entorno.
Los fármacos de elección pertenecen habitualmente al grupo de los macrólidos. El cumplimiento adecuado del esquema indicado por el médico es clave para asegurar la eliminación del germen.
Dado el alto poder de contagio de la Bordetella pertussis, asimismo se indica el aislamiento transitorio del paciente —por ejemplo, evitando la asistencia a la escuela o al lugar de trabajo— hasta haber cumplido cinco días de tratamiento antibiótico, momento a partir del cual deja de ser infectante.
Según la edad y la gravedad del cuadro, en especial en grupos de mayor riesgo, puede ser necesaria la internación para un monitoreo clínico estrecho, control de síntomas y soporte respiratorio si fuera necesario.
Prevención
La medida más eficaz para controlar la propagación de la bacteria y prevenir cuadros graves de tos convulsa es la vacunación. Dado que ni la infección natural ni la vacuna otorgan inmunidad de por vida, es fundamental cumplir con el esquema completo y los refuerzos indicados en el Calendario Nacional de Vacunación.
La vacunación durante el embarazo es una de las estrategias de prevención más importantes. La aplicación de la vacuna triple bacteriana acelular a partir de la semana 20 del embarazo es fundamental porque:
- Permite que la madre produzca anticuerpos y los transmita al bebé a través de la placenta.
- Protege al recién nacido durante sus primeros meses de vida, cuando es más vulnerable y todavía no ha iniciado su propio esquema de vacunación.
Para asegurar una protección sostenida, se deben cumplir las dosis y refuerzos indicados por el esquema de vacunación infantil en las siguientes etapas:
- Esquema primario: a los 2, 4 y 6 meses de vida.
- Refuerzos: a los 18 meses y al ingreso escolar (5-6 años).
- Refuerzo en la adolescencia: a los 11 años.
Dado que la inmunidad disminuye con el paso del tiempo, los adolescentes y adultos pueden volver a ser susceptibles y actuar como transmisores de la bacteria, aun sin presentar síntomas graves. Por este motivo, el cumplimiento del calendario y de los refuerzos recomendados cumple un rol central no solo en la protección individual, sino también en la prevención de la transmisión hacia los grupos más vulnerables, especialmente los niños en edad de lactancia.
Ante la aparición de un caso de tos convulsa, la prevención incluye además la identificación de los contactos estrechos y la indicación de quimioprofilaxis antibiótica, independientemente del estado de vacunación, con el objetivo de reducir el riesgo de nuevos contagios y contener la diseminación de la enfermedad.
Asimismo, se recomienda la vacunación y revacunación periódica del personal de salud que atiende a niños pequeños, dado que puede estar expuesto a la bacteria y transmitirla de manera inadvertida. En estos casos, el Calendario Nacional de Vacunación en la Argentina recomienda revacunación cada cinco años, como parte de las estrategias para proteger a los pacientes más vulnerables y disminuir así el riesgo de brotes en ámbitos asistenciales.
Vale recordar que el lavado frecuente de manos y el cubrirse la boca al toser o estornudar ayudan a reducir la dispersión de las secreciones respiratorias.
Complicaciones
Las complicaciones de la tos convulsa varían según la edad del paciente, el estado inmunológico y la oportunidad del diagnóstico y tratamiento. Los cuadros más graves se observan con mayor frecuencia en los niños en edad de lactancia, especialmente en aquellos que aún no han iniciado o completado el esquema de vacunación.
En este grupo, la enfermedad puede asociarse a complicaciones respiratorias, como neumonía, dificultad respiratoria y episodios de apnea. En los casos más severos, también pueden presentarse compromiso neurológico y cardiovascular, así como infecciones bacterianas agregadas, que aumentan el riesgo de internación y mortalidad.
En adolescentes y adultos, si bien la tos convulsa suele cursar de manera más leve, la intensidad y persistencia de la tos puede dar lugar a complicaciones relacionadas con el esfuerzo tusígeno. Entre ellas se incluyen fracturas costales, hernias, lesiones musculares y pequeñas roturas de vasos sanguíneos, que pueden manifestarse como sangrados en la piel o en las conjuntivas.
La detección temprana de la enfermedad, el tratamiento oportuno y la implementación de medidas de control permiten reducir significativamente el riesgo de complicaciones, en especial en los grupos más vulnerables.
Cuándo consultar al médico
Es importante consultar al médico ante la presencia de tos persistente, especialmente cuando se prolonga por más de dos semanas o se presenta en accesos intensos y repetitivos, con vómitos posteriores o un ruido inspiratorio característico al final del episodio.
En el caso de los niños en edad de lactancia, la consulta debe ser inmediata ante cualquier cuadro de tos, dificultad para alimentarse, pausas en la respiración, cambios en la coloración de la piel o compromiso del estado general, ya que este grupo presenta mayor riesgo de desarrollar formas graves y complicaciones.
También se recomienda la evaluación médica cuando los síntomas aparecen en el contexto de un brote o tras el contacto estrecho con una persona diagnosticada con tos convulsa, para definir la necesidad de estudios diagnósticos, tratamiento o medidas preventivas.
La consulta oportuna permite confirmar el diagnóstico, indicar el tratamiento adecuado y adoptar medidas para reducir la transmisión, protegiendo tanto al paciente como a su entorno, en particular a los grupos más vulnerables.
Ante síntomas compatibles con tos convulsa o dudas sobre el esquema de vacunación, el Hospital Universitario Austral cuenta con equipos médicos especializados para la evaluación, el diagnóstico y el seguimiento de pacientes con enfermedades infecciosas, con un abordaje integral orientado a proteger tanto al paciente como a su entorno.
Información elaborada por el Hospital Universitario Austral con la colaboración y supervisión de la Dra. Macarena Uranga, Jefa del Servicio de Infectología Infantil.







