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Patologías y tratamientos

Trastornos de ansiedad

Qué es

La ansiedad es una respuesta natural del organismo frente a situaciones que percibimos como desafiantes o potencialmente amenazantes. En ese marco, cumple una función adaptativa: aparece ante un motivo identificable, es proporcional a lo que ocurre y orienta la conducta para afrontar la situación de manera eficaz.

Los trastornos de ansiedad se presentan cuando esa respuesta se vuelve excesiva, persistente o difícil de manejar: puede surgir sin un motivo claro, ser desproporcionada frente al estímulo, interferir con la capacidad de actuar o sostenerse en el tiempo, generando un malestar significativo o un impacto en la vida cotidiana (en el estudio, el trabajo, las relaciones o las actividades habituales).

Según las clasificaciones diagnósticas actuales, dentro de este grupo se incluyen el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de pánico, la agorafobia, las fobias específicas, la fobia social y la ansiedad debida a una enfermedad médica. Algunos diagnósticos que históricamente se ubicaban en este conjunto —como el trastorno obsesivo compulsivo, el trastorno por estrés postraumático y el trastorno por estrés agudo— hoy se consideran categorías independientes, aunque puedan compartir manifestaciones ansiosas.

La ansiedad también puede aparecer como manifestación secundaria de otras condiciones médicas (por ejemplo, alteraciones tiroideas), del uso de determinadas sustancias o medicaciones, o de otros trastornos psiquiátricos —como la depresión—, por lo que la evaluación clínica resulta fundamental para establecer el diagnóstico correcto.

 

Síntomas

Los trastornos de ansiedad pueden expresarse de muchas maneras. No solo impactan en lo que la persona siente o piensa, sino también en cómo actúa y en cómo responde su cuerpo. Esa variedad de manifestaciones explica por qué, en algunos casos, la ansiedad puede resultar difícil de identificar: aparece en pensamientos anticipatorios o temores persistentes, en conductas de evitación y, con frecuencia, en síntomas físicos intensos que la persona vive como señales de enfermedad. La combinación de estos elementos varía en cada caso, pero cuando se vuelven persistentes o interfieren en la vida diaria, orientan al diagnóstico de un trastorno de ansiedad.

Entre los síntomas frecuentes de los trastornos de ansiedad, pueden mencionarse: 

  • Inseguridad
  • Miedo
  • Aprensión
  • Pensamientos negativos de inferioridad o incapacidad
  • Anticipación de peligro o amenaza
  • Sensación de pérdida de control
  • Dificultad para concentrarse
  • Dificultad para tomar decisiones
  • Hiperactividad o parálisis motora (desde una inquietud marcada hasta la sensación de quedarse “bloqueado”)
  • Movimientos torpes
  • Tartamudeo o dificultades de expresión verbal
  • Conductas de evitación de las situaciones asociadas al miedo o la ansiedad

Muchos cuadros de ansiedad se expresan a través de síntomas fisiológicos que, pese a no establecer presencia de patología, a menudo se confunden con enfermedades médicas, motivando consultas en guardia. Por ejemplo: 

  • Cardiovasculares: palpitaciones, pulso rápido, aumento transitorio de la presión arterial
  • Respiratorios: sensación de ahogo, respiración rápida o superficial, opresión en el pecho
  • Gastrointestinales: náuseas, vómitos, diarrea
  • Neuromusculares: tensión muscular, temblor, hormigueo, dolor de cabeza, fatiga
  • Neurovegetativos: sequedad en la boca, sudoración excesiva, mareos
  • Sexuales: eyaculación precoz, dificultad para excitarse o para alcanzar el orgasmo, impotencia

En el trastorno de pánico pueden aparecer episodios súbitos de ansiedad intensa, conocidos como ataques de pánico. Se caracterizan por:

  • Inicio abrupto y rápida escalada de síntomas, con un pico que suele durar entre 10 y 20 minutos
  • Palpitaciones, temblor, sudoración, dificultad para respirar, sensación de desmayo o de pérdida de estabilidad
  • Sensación de desrealización o desconexión
  • Miedo intenso “a morirse” o “a perder el control”

Los síntomas físicos del ataque de pánico pueden ser tan marcados que muchas personas consultan en guardias temiendo estar cursando un evento cardíaco.

Tipos de trastornos de ansiedad

Dentro de este grupo se incluyen varias condiciones clínicas en las que la ansiedad es el síntoma predominante. Entre las más comunes, se encuentran:

  • Trastorno de pánico. Se presenta como un episodio súbito de ansiedad muy intensa que alcanza su máximo en pocos minutos. Durante estas crisis aparecen palpitaciones, dificultad para respirar, temblor, sudoración, opresión en el pecho, mareos o marcada inestabilidad. A esto suele sumarse una sensación de pérdida de control o de fatalidad inminente.
  • Agorafobia. Se caracteriza por una ansiedad intensa ante situaciones en las que la persona teme no poder recibir ayuda o retirarse con facilidad si aparecen síntomas. Esa percepción de encierro o falta de control genera un malestar que puede llevar a evitar determinadas circunstancias de la vida cotidiana.
  • Fobias específicas. Son temores persistentes y desproporcionados frente a objetos o situaciones particulares. La exposición al estímulo temido provoca ansiedad inmediata y puede afectar actividades habituales si conduce a evitación sistemática.
  • Fobia social (ansiedad social). Implica un miedo intenso a situaciones en las que la persona siente que puede quedar expuesta o ser evaluada negativamente. Esta ansiedad anticipatoria puede afectar el desempeño académico, laboral o social, y favorecer conductas de evitación.
  • Trastorno de ansiedad generalizada (TAG). Se caracteriza por una preocupación persistente y difícil de controlar acerca de múltiples aspectos de la vida diaria. Suele acompañarse de inquietud, tensión muscular, irritabilidad, problemas de concentración y alteraciones del sueño.
  • Trastorno de ansiedad debido a una afección médica. Se diagnostica cuando los síntomas de ansiedad o pánico son provocados directamente por un problema de salud física. 

Causas

Las causas de los trastornos de ansiedad no están del todo definidas. Se sabe que intervienen distintos factores —biológicos, psicológicos y ambientales— que, combinados, pueden aumentar la vulnerabilidad a desarrollarlos. Entre los factores biológicos puede influir cierta predisposición genética, mientras que la historia personal, los modos de afrontar el estrés y determinados acontecimientos vitales también pueden tener un papel.

La ansiedad puede aparecer, además, en el contexto de algunas afecciones médicas o junto con otros trastornos psiquiátricos, como la depresión. Por eso es importante una evaluación clínica que permita entender su origen en cada caso.

Factores de riesgo

Los trastornos de ansiedad pueden manifestarse a cualquier edad, pero ciertos factores pueden aumentar la probabilidad de que aparezcan. Entre ellos se incluyen los antecedentes familiares, así como la vulnerabilidad individual, que guarda relación con la historia emocional de cada persona y con sus modos de afrontar el estrés. Algunos rasgos personales —como una mayor tendencia a la preocupación o a anticipar escenarios negativos— también pueden favorecer la aparición de síntomas.

Las experiencias adversas o traumáticas, los acontecimientos vitales significativos y los períodos prolongados de tensión emocional pueden incrementar la susceptibilidad. En la misma línea, atravesar una enfermedad física que genere incertidumbre o preocupación puede intensificar la respuesta ansiosa.

La presencia de otros trastornos psiquiátricos, como depresión, aumenta el riesgo de desarrollar ansiedad o de que ésta se agrave. Haber tenido episodios previos de ansiedad también puede facilitar que los síntomas reaparezcan en situaciones de estrés. Asimismo, el consumo o uso indebido de alcohol y drogas —o la posterior abstinencia— pueden provocar o empeorar los cuadros.

 

Diagnóstico

El diagnóstico de un trastorno de ansiedad se establece a través de una evaluación clínica integral, que analiza los síntomas, su duración, su intensidad y el impacto que generan en la vida diaria. Para distinguir entre la ansiedad esperable ante situaciones estresantes y un trastorno de ansiedad, se consideran la proporcionalidad de la respuesta, su persistencia y el grado en que interfiere en el funcionamiento habitual.

La evaluación también busca descartar afecciones médicas que pueden producir síntomas similares —como palpitaciones, falta de aire u opresión en el pecho— y que con frecuencia llevan a consultar en guardia por temor a una enfermedad física. Al mismo tiempo, ayuda a diferenciar la ansiedad de otros cuadros psiquiátricos, en particular la depresión, con la que puede coexistir.

El contexto emocional y vital de la persona, sus antecedentes y su historia de episodios previos aportan información esencial para comprender el origen del malestar y llegar a un diagnóstico preciso.

 

Tratamiento

El tratamiento de los trastornos de ansiedad combina intervenciones que ayudan tanto a aliviar los síntomas como a comprender los factores que los generan. Mantener hábitos saludables —como dormir adecuadamente, realizar actividad física con regularidad y sostener una alimentación equilibrada— favorece el bienestar emocional y acompaña el proceso terapéutico, aunque no reemplaza la consulta profesional cuando los síntomas son persistentes o intensos.

La psicoterapia ocupa un lugar central. Algunos abordajes trabajan los factores emocionales implicados, mientras que las terapias cognitivo-conductuales (TCC) se enfocan en identificar y modificar los pensamientos y conductas que sostienen la ansiedad, e incorporan recursos como la exposición gradual para disminuir el miedo y la evitación. En ciertos cuadros, estos tratamientos pueden resultar suficientes por sí solos.

En otros casos, la psicoterapia se complementa con tratamiento farmacológico. Los psicofármacos más utilizados incluyen benzodiacepinas, que actúan con rapidez sobre los síntomas físicos y subjetivos de la ansiedad y cuyo uso suele indicarse por períodos breves, y antidepresivos, que requieren un período de latencia antes de hacer efecto. En todos los casos, la indicación, la dosis y la duración del tratamiento farmacológico deben quedar en manos de un médico, que evaluará los antecedentes, la intensidad del cuadro y la evolución en el tiempo.

Los trastornos de ansiedad suelen mostrar una buena evolución cuando se implementa un tratamiento adecuado, combinando herramientas que permiten aliviar los síntomas que afectan la vida cotidiana y trabajar, a la vez, los factores que originan la ansiedad.

Prevención

Si bien no siempre es posible evitar la aparición de un episodio, ciertos hábitos suelen reducir la vulnerabilidad y mejorar la respuesta frente al estrés; por ejemplo, mantener rutinas regulares, dormir bien, realizar actividad física y sostener una alimentación equilibrada. Además, se puede recurrir a técnicas de control de estrés y relajación —como la meditación y el yoga—. También es importante evitar el consumo de alcohol, drogas psicoactivas y nicotina, ya que pueden aumentar la ansiedad o dificultar su control.

Acontecimientos vitales significativos, cambios bruscos o períodos prolongados de tensión pueden favorecer la desestabilización, por lo que resulta útil desarrollar estrategias de afrontamiento saludables, reconocer señales tempranas de malestar y apoyarse en redes confiables. En personas con antecedentes de ansiedad, el seguimiento clínico ayuda a detectar recaídas de manera oportuna y a adaptar las intervenciones según cada contexto.

Consultar de forma temprana ante síntomas persistentes o que interfieren con la vida cotidiana facilita un abordaje más eficaz y disminuye el riesgo de cronificación de estos trastornos. 

Cuándo consultar al médico

Es recomendable solicitar una evaluación profesional cuando los síntomas de ansiedad persisten en el tiempo, aparecen sin un motivo claro o comienzan a interferir con la vida cotidiana, ya sea en el estudio, en el trabajo, en el descanso o en los vínculos. También conviene consultar si la persona evita situaciones por miedo, si experimenta malestar físico recurrente asociado a la ansiedad o si los síntomas generan preocupación constante por la propia salud.

En episodios súbitos de ansiedad intensa —como los ataques de pánico— es frecuente que los síntomas se confundan con problemas médicos, especialmente cardiovasculares. Ante dudas, es importante realizar una consulta para descartar otras causas y recibir orientación adecuada.

Las personas con antecedentes de ansiedad o depresión, o que están atravesando períodos de estrés significativo, pueden beneficiarse de una consulta temprana, incluso si los síntomas son leves. Esto permite identificar factores de riesgo, prevenir recaídas y comenzar intervenciones oportunas.

Cuando la ansiedad se acompaña de ideas de hacerse daño, de un deterioro marcado del funcionamiento o de un consumo creciente de alcohol o drogas, la consulta debe ser inmediata.

 

Si estás atravesando síntomas de ansiedad que interfieren con tu bienestar o con tu vida diaria, o si tenés cualquier duda, no dudes en solicitar un turno. El Servicio de Salud Mental del Hospital Universitario Austral ofrece evaluación diagnóstica, acompañamiento terapéutico y abordajes interdisciplinarios adaptados a cada paciente.

Información elaborada por el Hospital Universitario Austral con la colaboración y supervisión del Dr. Tomás Fazio, psiquiatra del Servicio de Salud Mental del Hospital Universitario Austral. 

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