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Recomendaciones para comenzar a cuidar la salud cardiovascular desde la niñez

Ante la llegada de un hijo surgen múltiples sentimientos, emociones, preocupaciones y también ocupaciones. Mientras que la administración de las vacunas y las visitas al pediatra encabezan la lista de obligaciones, son pocos los papás que ante la presencia de un bebito saludable piensan en su futuro.

De hecho, al ser consultado sobre este tema el Dr. Domingo F. Turri, director del Centro de Prevención Cardiovascular del servicio de Cardiología del Hospital Universitario Austral (HUA) a su vez se preguntó: ¿existe en los padres el planteo de preservar a sus hijos de la enfermedad cardiovascular, hecho que ocurrirá probablemente unos treinta o cuarenta años después?

“Cuando pensamos en el concepto de prevención la mente se dirige automáticamente a las vacunas y las enfermedades propias de la niñez. Sin embargo, es necesario afianzar el concepto de que también algunas enfermedades de adultos pueden comenzar a prevenirse en los primeros años de vida”, comentó el especialista.

“Es mucho lo que se puede hacer, por ejemplo, para prevenir la enfermedad cardiovascular, aunque es asombroso cómo en la práctica hacemos poco. Habitualmente esto se debe a la falta de información, e inclusive a que los adultos jóvenes hacen poco por ellos mismos. Entonces, si se desconoce qué implica llevar un ‘estilo de vida saludable’, no se podrá educar a los niños en el cuidado de la salud”, agregó el Dr. Turri.

Las enfermedades cardiovasculares –cuyo paradigma es el infarto de miocardio y el accidente cerebrovascular (ACV)- parecen muy lejanas cuando se las observa desde la niñez. Sin embargo, no pensar en ellas es tan grave como no cumplir con el calendario de vacunaciones.

¿Por qué? debido a que estas enfermedades se definen por la genética y la influencia del ambiente, especialmente la forma y el tipo de alimentación, el grado de actividad física, las adicciones y la manera de relacionarnos.

De hecho, el tener conductas de riesgo en alguno o varios de estos campos se traduce con el tiempo en el desarrollo de factores de riesgo como la hipertensión arterial, las grasas sanguíneas elevadas, la diabetes, el tabaquismo y el estrés.

“La genética juega su rol, pero en la mayoría de los casos se puede afirmar que estas enfermedades surgen por la dejadez y la persistencia en los comportamientos de riesgo. Dicho en otras palabras: la enfermedad cardiovascular es hija de una sociedad de tecnología y consumismo”, enfatizó el Dr.

Por ejemplo, el tipo de alimentación pone en riesgo de hipertensión a los niños gracias a las dietas hipercalóricas o con exceso de grasas saturadas y consumo habitual de bebidas gasificadas.

Lo mismo ocurre cuando en la casa se pierde noción de las porciones o se repiten platos hipercalóricos, se agrega sal a las comidas en la mesa o no se consume la cantidad adecuada de vegetales y frutas, y sí comidas rápidas o snacks.
“Del mismo modo, mirar televisión a la hora del almuerzo o de la cena afecta negativamente la forma de alimentarse, así como también dedicar tiempo excesivo a mirar televisión, jugar juegos electrónicos o navegar en Internet”.

“Hoy estamos frente a una epidemia global de obesidad que nos hizo acostumbrar a ver niños y adolescentes obesos. En los años´70 la obesidad infantil en las sociedades industrializadas era de alrededor del 5%. Al final del siglo XX ascendió a 17%, y hacia el 2025 se estima que, de no modificarse la tendencia, crecerá hasta alrededor del 25%”, comentó el especialista del servicio de cardiología del HUA.

Por todo esto, el Dr. Domingo Turri destacó que es imperativo para la generación joven actual formular una pedagogía familiar coherente con las necesidades de salud que enfrentarán en la adultez.

Niños y adolescentes están permaneciendo ajenos a la realidad de una patología que los incluye de momento en forma silenciosa, pero que los involucrará mucho antes que a sus padres y abuelos. Es por eso que tienen derecho a ser protegidos.

“La influencia de la alimentación hipercalórica e hipergrasa, la inactividad física, el estrés psicosocial y el apego a adicciones como el tabaquismo, es masiva. Esto quiere decir que a menos que se cuente con información y por ende se opte por un estilo de vida saludable, nadie está exento de sus efectos. Por eso, partiendo desde la comunicación es importante trabajar para que no se desarrollen factores de riesgo”, concluyó el Dr.

Algunos parámetros para evaluar si su familia es saludable
– ¿Se agrega sal a las comidas en la mesa?
– ¿Se repiten platos habitualmente?
– ¿Cuál es el tamaño de las porciones que se usan en casa?
– ¿Se consumen habitual o frecuentemente alimentos manufacturados con mucha sal, como los fiambres, snacks o chizitos (palitos, papas fritas), quesos duros o fermentados, caldo en cubitos, enlatados, milanesas precocidas (de carne de vaca, soja o pollo), medallones o patitas congeladas, o comidas compradas listas para consumir?
– ¿Se consumen habitualmente bebidas gaseosas? (las azucaradas tienen azúcar, y las “dietéticas” tienen sodio)
– ¿Se usan aderezos con frecuencia, como mayonesas, ketchup, etc?
– ¿Tienen incorporado el hábito y el gusto por los vegetales y las frutas?
– ¿Se cumple regularmente con el desayuno y la merienda?
– ¿Se come fuera de los horarios estipulados?
– ¿Hay televisión en el lugar donde se almuerza y cena? ¿Funciona mientras se come?
– ¿Hay televisión en el dormitorio?
– ¿Se controla el total de horas que se está frente a pantalla?
– ¿Estoy informado acerca de cuántas horas debe permanecer mi hijo frente a una pantalla? (tiempo máximo según edad, incluyendo televisión, Internet, juegos electrónicos)
– ¿Se come frecuentemente fuera de casa?
– ¿Frecuentan mis hijos casas de comidas rápidas, del tipo de venta de hamburguesas?
– ¿Es un buen hábito en mis hijos tomar simplemente agua para acompañar las comidas?
– ¿Me preocupé por controlar alguna vez la presión arterial de mis hijos?
– ¿Están excedidos de peso?
– Si soy hipertenso ¿analicé que mi hijo tiene probabilidad de serlo, y que si ambos progenitores somos hipertensos la posibilidad es del 50%?
– Si fumo cigarrillos ¿tengo presente que mi hijo muy probablemente adquirirá el hábito?
– ¿Ve mi hijo que se fuma en casa?
– ¿Mantiene mi hijo una actividad física regular? ¿Tengo con él juegos de actividad física?
– ¿Practican higiene dental al levantarse y luego de cada comida?
– ¿Me preocupo de que en mi hogar exista un ambiente alegre, afectuoso y emocionalmente equilibrado?

Contacto:
*Dr. Domingo F. Turri
Director del Centro de Prevención Cardiovascular
Servicio de Cardiología
Hospital Universitario Austral
DTURRI@cas.austral.edu.ar

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