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Apnea del sueño, un enemigo nocturno

La apnea del sueño consiste en el desarrollo de breves interrupciones respiratorias –cambio en el ritmo de la respiración– que despiertan a quien está durmiendo como consecuencia de la falta de aire.

El problema surge ante la cantidad de interrupciones, ya que puede haber cientos en una misma noche y mantener el sueño se vuelve realmente una misión imposible. Además, la apnea puede asociarse a un tercer enemigo del descanso propio pero sobre todo ajeno: los ronquidos.

“El Síndrome de Apneas-Hipopneas Obstructivas del Sueño (SAHOS) es un grupo de enfermedades del sueño que se ubica entre las más frecuentes. Consiste en la sucesión de episodios de pausas respiratorias que generan cambios en la saturación de oxígeno, la frecuencia cardíaca y la presión arterial, así como también en la estabilidad del sueño. Los eventos obstructivos, que son los más frecuentes dentro de las apneas, finalizan cuando se produce un breve despertar, permitiendo que transitoriamente se normalice la respiración, hasta que la persona se duerme otra vez, dando lugar a un nuevo ciclo de inestabilidad”, especificó el Dr. Daniel Pérez Chada, jefe del Servicio de Neumonología del Hospital Universitario Austral (HUA).

Por su parte, el Dr. Facundo Nogueira, médico neumonólogo, especializado en trastornos del sueño y jefe del Laboratorio de Sueño del Instituto Argentino de Investigación Neurológica (IADIN), comentó: “El síndrome de apneas del sueño es un cuadro caracterizado por la aparición de pausas en la respiración que, por lo general, se deben a una obstrucción de la vía aérea superior a la altura de la faringe o garganta. Mientras que cuando lo que se produce es una reducción significativa en la amplitud de la respiración, debemos hablar de hipopneas”.

De cualquier manera, en ambas situaciones, las características y consecuencias son similares. “Las pausas pueden durar entre unos pocos segundos y más de un minuto, y suelen ocurrir entre 5 y 30 veces o más por hora. Por lo general, la respiración vuelve a la normalidad con un ronquido fuerte o con un sonido parecido al que una persona hace cuando se atraganta”, detalló el Dr. Pérez Chada y comentó que “casi siempre la apnea constituye un problema crónico, en el marco del cual la persona oscila permanentemente entre el sueño profundo y el sueño liviano”.

Esta es la razón por la cual quienes padecen apnea sienten un profundo cansancio al día siguiente, estado en el que muchos permanecen por años debido a que la apnea suele no ser diagnosticada.

“Los médicos no pueden detectar un cuadro de apnea en una consulta tradicional. Si a eso le sumamos que quienes la padecen no lo advierten porque están dormidos, entendemos la demora que existe respecto a la consulta, que por lo general es impulsada por alguien de la familia que advierte los síntomas”, consignó el especialista del HUA.El principal problema respecto al retraso en la consulta y posterior diagnóstico son las complicaciones, ya que una apnea no advertida puede incrementar el riesgo de sufrir presión arterial alta, infarto cardíaco, accidente cerebrovascular, obesidad y diabetes, insuficiencia cardíaca, arritmias y accidentes de tránsito o laborales.

Abordaje y tratamiento

“Dependiendo de la gravedad del cuadro, pueden adoptarse diferentes estrategias terapéuticas. Ocurre que mientras en algunos pacientes es posible controlar los eventos obstructivos con solo modificar los hábitos o evitando que duerman en posición de decúbito dorsal (acostado sobre su espalda), en otros casos es necesario recurrir a tratamientos más complejos”, expuso el Dr. Pérez Chada.

“Así, nos encontramos con algunas alternativas de orden general que tienden a reducir factores de riesgo como la obesidad, el tabaquismo, la ingesta de psicofármacos y el consumo de alcohol. También otras más complejas que incluyen el uso de dispositivos orales conocidos como ‘de avance mandibular’, la utilización de una amplia gama de equipos de asistencia ventilatoria –que han demostrado muy buenos resultados– y la realización de procedimientos quirúrgicos de distinta complejidad sobre los cuales no hay conclusiones precisas”, continuó.

En este sentido, cabe destacar que si bien se han sometido a ensayo numerosos medicamentos, en términos generales el tratamiento con fármacos ha fracasado.

Es importante mantener una adecuada higiene del sueño. Eso quiere decir que los hábitos respecto al descanso sean saludables y que, por ejemplo, se evite el café, la sobrealimentación y la práctica de actividad física poco antes de irse a dormir; así como también que el televisor y la computadora no estén en el dormitorio –solo debe ser utilizado para dormir– y que los horarios para acostarse y levantarse sean siempre más o menos los mismos.

La apnea “por dentro”

“Las paredes de la faringe están constituidas por músculos y carecen de soporte óseo o cartilaginoso. Esos músculos, que mientras la persona se encuentra despierta están contraídos y con sus paredes rígidas manteniendo así la vía respiratoria abierta, se relajan durante el sueño. Por esta razón, sus paredes se tornan flácidas, permitiendo el colapso de la vía respiratoria y dando origen a las apneas obstructivas. Esto ocurre en sujetos predispuestos o ante situaciones específicas”, puntualizó el especialista Dr. Facundo Nogueira.

“Es la falta de oxígeno en los pulmones primero y en la sangre después lo que genera que los receptores neurológicos registren la caída y aumenten el esfuerzo respiratorio que es el que termina despertando a la persona. Si esto ocurre más de 5 veces por hora de sueño, el trastorno se considera patológico, aunque con frecuencia quienes lo padecen soportan más de 30 o inclusive más de 100 apneas por hora de sueño”, agregó el Dr. Nogueira.

Cerca del 70% de los pacientes con apneas tienen exceso de peso, mientras que la mitad de los pacientes con obesidad mórbida o severa sufren de apneas. La relación se explica, fundamentalmente, por la presencia de tejido graso alrededor del cuello. Asimismo, el Dr. Nogueira deslizó que la apnea también es frecuente en las personas con alteraciones anatómicas de la vía aérea superior (retracción o reducción de tamaño del maxilar inferior o aumento del tamaño de la lengua, adenoides o amígdalas), y que las personas con hipotiroidismo no tratado correctamente tienen mayores posibilidades de presentar apneas.

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