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La relación entre el cigarrillo y la artritis reumatoide

Revelaciones de un nuevo estudio confirman algo que se sabía hace ya algún tiempo: las mujeres fumadoras, así como también las ex fumadoras, cuentan con mayor riesgo de sufrir artritis reumatoide.

Los investigadores analizaron datos de 34 mil mujeres residentes de Suecia, de entre 54 y 89 años de edad. 219 de ellas sufrían artritis reumatoide.

Esta enfermedad, también conocida como artritis reumatoidea o AR provoca la inflamación de las articulaciones, generando hinchazón, rigidez y dolor, pero también la reducción de la función articular. Además de las articulaciones, puede afectar otras partes del cuerpo.

En cuanto a su relación con el tabaquismo, los profesionales aseguraron en la revista Arthritis Research & Therapy que tanto la cantidad de cigarrillos fumados al día como el número de años que una mujer había pasado fumando condicionan el riesgo de AR.

“La AR es una enfermedad inflamatoria crónica, autoinmune y sistémica de causa desconocida.  Lo que sí sabemos es que afecta aproximadamente a entre el 0,5 y 1% de la población general, registrándose una mayor prevalencia en mujeres (relación 3 o 4 a 1 respecto a los hombres). Si bien la enfermedad puede darse en cualquier momento de la vida, el grupo etáreo más afectado es el que se ubica entre los 30 y 55 años”, sostuvo el Dr. Pedro Aicardi, médico del staff de Medicina Interna y médico del staff de Reumatología del Hospital Universitario Austral (HUA).

“Aunque, como se dijo, no se conoce la causa exacta de esta patología se sabe que existen múltiples factores tanto de mal pronostico como predisponentes para su desarrollo. Entre éstos se cuentan el tabaquismo y también la presencia de ciertos genes (los dos factores más estudiados y conocidos); aunque también el estrés físico o psíquico, el bajo nivel socio económico y el desarrollo de infecciones por agentes virales”, consignó el especialista.

De hecho, entre los factores de riesgo, el tabaquismo ha sido ampliamente estudiado, desarrollándose la primera descripción en 1987. Esto se confirmó luego a través de múltiples estudios.

En cuanto a qué dicen los hallazgos, los responsables del estudio –integrantes del Instituto Karolinska y del Hospital de la Universidad de Karolinska, ambos de Estocolmo- indicaron que “las mujeres que habían fumado por un periodo de hasta 25 años tenían muchas más probabilidades de contraer la enfermedad que las que nunca fumaron. Inclusive fumar poco (definido como entre uno y siete cigarrillos al día) provocó que el riesgo fuera más del doble”.

“Por su parte, continuaron, dejar de fumar rebajó el riesgo, aunque éste era mucho más alto en comparación con el de las mujeres que nunca habían fumado”.

Lo que no pudo determinarse con el estudio es la relación de causalidad entre ambos factores.

Sin embargo, tal como estableció Aicardi, “tanto éste como otros estudios realizados coinciden en que existe mayor predisposición a desarrollar AR seropositiva (técnicamente, Factor Reumatoideo positivo y Anticuerpos anti pepito cíclico citrulinado positivo) en fumadores activos y ex fumadores, en comparación con no fumadores. Más aún: en varios estudios se observó que el riesgo aumentado persistía durante 10 o 20 años aún dejando de fumar”. 

Al ser consultado respecto a las posibles causas, el Dr. consideró: “Una de las hipótesis es que en personas genéticamente predispuestas el tabaquismo induciría una ruptura en el balance del sistema inmunológico, generando así una respuesta inflamatoria crónica así como también `autoanticuerpos´ que desencadenan la enfermedad”.

Por último, el médico del HUA comentó que es importante diferenciar entre herencia y predisposición genética, ya que la AR no es una enfermedad que se hereda (es decir no se trasmite en los genes), aunque hay ciertos individuos que tienen determinados genes y por ende son mas susceptibles a padecer la enfermedad.

En cuanto al abordaje de la patología, cabe señalar que si bien en la actualidad no existe tratamiento que permita la curación de la AR, sí hay múltiples opciones para lograr su control y remisión.

Para esto es fundamental contar con un tratamiento precoz, para lo cual ante la mínima sospecha de la enfermedad el paciente debe ser derivado lo antes posible al medico reumatólogo.

En este sentido, según el Dr. Aicardi, la presencia de tan solo una articulación inflamada acompañada o no de rigidez matinal, debe hacer sospechar el diagnostico de AR; y por ende motivar la puesta en marcha del tratamiento que debe ser multidisciplinario.

Contacto:
*Dr. Pedro Aicardi
Médico del staff de Medicina Interna
Médico del staff de Reumatología
Hospital Universitario Austral

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