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Cuidados integrales, una forma de cuidado competente y compasivo

En una entrevista para lanacion.com el Dr. Matías Najún, jefe de Cuidados Integrales del Hospital Universitario Austral y fundador del Hospice Buen Samaritano, habló sobre las personas al final de sus vidas, cómo se aborda a un enfermo terminal e historias que lo conmovieron a lo largo de estos años de trabajo junto a los pacientes más vulnerables.

“Nadie puede juzgar a nadie, porque las situaciones, las historias son muy personales. Lo primero que uno haría ante una persona que está por finalizar su vida es ponerme a disposición, tratar de revisar qué le sucede y ofrecerle esta oportunidad de que se pueden mirar las cosas desde otro lugar”, explica Matías Najún. Y agrega: “La gente piensa que las otras personas van a decidir por uno, que pierde libertad. Sin embargo, los cuidados paliativos ofrecen un frente competente y compasivo frente al exceso terapéutico. A una persona que está atravesando una enfermedad terminal le diría que acá estoy, que el tiempo del final de la vida puede ser un momento de gran crecimiento personal, de gran cuidado”.

Los cuidados integrales consisten en un cuidado competente y compasivo. Proponen cuidar a las personas en esos momentos tan especiales en que se encuentran ante una enfermedad terminal. Se trata de un equipo de profesionales que se ponen al servicio y que entrenan para eso. Son médicos, psicólogos, enfermeras y voluntarios.

“Al cuidado le agregamos hospitalidad y profesionalismo. Es una combinación maravillosa”, asevera el Dr. Najún.
Lo más importante con lo que cuenta este servicio es el trabajo en equipo. “Uno se encuentra con un otro que está sufriendo que está haciendo un camino personal que no solamente es físico, sino anímico, familiar, social, emocional, entonces no alcanza con un calmante. Hay que abrazar a esa persona que necesita muchas manos, de repente necesita a un médico, encontrarse con la mirada de la enfermera, hablar con un voluntario o con un psicólogo. Las personas con enfermedad terminal suelen quedar tapadas por el diagnóstico muchas veces. El gran trabajo es aliviar sus síntomas pero también que vuelvan a ser ellos mismos, y ayudarlos a afrontar ese momento. Eso requiere un trabajo interdisciplinar”.

En relación a los casos que más lo conmovieron el especialista aclaró: “Cada persona es una historia y llegás en un momento a la vida de ellos. Siempre me conmueve la llegada del primer huésped del hospice, Roque, un chaqueño que conocimos. Al preguntar ‘¿Cómo te recibieron?´, él respondió: ‘familiarmente’. Eso resumió lo que nosotros queríamos ser: familia para los que no la tienen”.

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