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Las complicaciones asociadas: el principal riesgo de sufrir Hipertensión Arterial

El infarto agudo de miocardio, la insuficiencia renal, el accidente cerebrovascular y la demencia se cuentan entre las principales. Respecto a ésta última, una reciente investigación cuestiona las posibles “ventajas” de la presión arterial elevada en adultos mayores.
La Hipertensión Arterial (HA) es una de las enfermedades más prevalentes en Argentina y en el mundo. De hecho, se estima que en nuestro país 4 de cada 10 personas la tiene, y que muchos no lo saben porque no tienen síntomas característicos.

Sin embargo, más allá de la patología en sí, el principal riesgo de padecer esta enfermedad reside en la posibilidad de desarrollar complicaciones severas que tienen sus propios signos y síntomas: el infarto agudo de miocardio, la insuficiencia renal, el accidente cerebrovascular y la demencia.

Si bien éstas se encuentran entre las más conocidas, lo cierto es que según la Dra. Carol Kotliar, directora del Centro de Hipertensión Arterial y directora asociada del Departamento de Desarrollo Académico del Hospital Universitario Austral (HUA), “la muerte asociada a la presión alta sigue un derrotero íntimamente vinculado a estas complicaciones, pero especialmente a la aparición de enfermedad arterial conocida como arterioesclerosis, en el marco de la cual las arterias se endurecen y van perdiendo prematuramente su elasticidad”.

En cuanto a la demencia vascular, la Dra. explicó que se trata de la segunda causa de demencia (solamente precedida por la enfermedad de Alzeheimer; y junto con la

Leucoaraiosis considerada entre las 3 principales), que se manifiesta provocando la pérdida de funciones importantísimas del cerebro como por ejemplo la memoria, el pensamiento, el juicio o criterio, el lenguaje y el comportamiento, que a su vez llevan a la desestructuración de la personalidad, rasgo característico de la demencia.

“Este tipo de demencia aparece especialmente en personas mayores de 65 años y afecta con mayor frecuencia a los hombres que a las mujeres. Los síntomas pueden desarrollarse gradualmente y habitualmente se observa deterioro después de cada pequeño ataque cerebrovascular –la demencia vascular se caracteriza por pequeños episodios de este tipo- aunque en general pasan desapercibidos durante largos períodos de tiempo, o se confunden con estrés o trastornos cotidianos minimizándose su importancia”, destacó Kotliar.

Por esta razón es importante prestar atención y consultar si aparece alguno de los siguientes tratarnos:

-Dificultad para realizar tareas habituales que solían ser fáciles.

-Olvido de nombres de objetos de uso cotidiano y de nombres de personas cercanas. En este sentido, es posible que se describa el objeto o la persona pero no se recuerde el nombre.

-Pérdida de objetos.

-Olvido de rutas de uso habitual.

-Cambios del carácter y reacciones inusuales, delirios, depresión o ansiedad, irritabilidad, aislamiento.

-Trastornos del patrón de descanso, despertares nocturnos que previamente no padecía.

-Pérdida de las destrezas usuales de la persona: conducir vehículo o bicicleta, preparar comidas, elegir la ropa apropiada.

-Olvidar hechos de la propia vida.

-Trastornos del lenguaje, problemas para escoger las palabras que desea usar para comunicarse.

Hasta el momento se considera que la presión alta se asocia al riesgo de desarrollo de demencia a partir de la lesión microvascular cerebral (los pequeños ataques mencionados anteriormente), que inicialmente puede ser silente, hasta que con el tiempo evolucionan impactando en más áreas del cerebro que son dañadas.

“En mi práctica habitual he visto pacientes sin factores de riesgo cardiovasculares conocidos, con presión arterial normal, sin exceso de peso, deportistas, con colesterol normal y sin diabetes que evolucionaron a enfermedades cognitivas como la demencia; mientras que otros pacientes que presentaban factores de riesgo se encontraban sin lesiones de ningún tipo cerebrovasculares y no desarrollaban alteraciones cognitivas a lo largo de su vida. Estas observaciones existen en la literatura médica y han sido causa de controversias e investigaciones”, comentó la especialista y continuó: “Las conclusiones hasta ahora más aceptadas han sido que cuando el sujeto presenta signos de enfermedad cerebrovascular en estudios de imágenes, se encuentra más predispuesto a presentar más tempranamente una demencia degenerativa como el Alzheimer. Sin embargo, durante décadas no ha sido clara la relación entre enfermedad vascular y esta enfermedad”.

Pero más allá de los análisis y las relaciones, una cosa es clara: la hipertensión arterial parecería ser clave en este proceso, a partir de su asociación con el incremento de la rigidez de las paredes arteriales o de la pérdida de su elasticidad normal, especialmente en lo que afecta a las pequeñas arterias cerebrales o microvasculatura. De ahí que el manejo de la rigidez vascular tenga un papel crucial en las perspectivas de prevención de la demencia.

Sin embargo, recientemente se conocieron los resultados de un estudio encabezado por la Dra. María Corrada y su equipo de la Universidad de California, según el cual el riesgo de presentar demencia es menor en las personas que desarrollan hipertensión desde los 90 años, comparadas con otros de la misma edad que tienen presión normal.

“Una posible explicación desde la fisiopatología es necesaria para tratar de comprender estos resultados, que de ninguna manera deben promover la presión alta como objetivo en los pacientes ni en los profesionales. Más aún: es necesario individualizar cada caso en particular en lugar de invitar a generalizaciones que harían más daño que beneficios. Puntualmente, es probable que los sujetos que mostraron beneficios en el estudio de la Universidad de California presentasen arterias endurecidas o rígidas”, dijo la Dra. Carol Kotliar.

“Esta es una forma de envejecimiento vascular que reduce el flujo sanguíneo, y por eso en estos casos es posible considerar que el incremento de la presión arterial contribuya a compensar la reducción del flujo sanguíneo cerebral, y consecuentemente el riesgo de deterioro cognitivo y de demencia vascular”, completó.

Por su parte, el Dr. Sebastián Obregón, cardiólogo del Centro de Hipertensión Arterial del HUA refirió que en función del envejecimiento de la población –en el sentido de que cada vez hay más personas añosas, en pleno ejercicio de sus funciones- es importante contar con investigaciones, y que el mayor estudio antropológico que llevó a estas definiciones se realizó a finales de la década de 1970, y abarcó poblaciones de todo el mundo, inclusive tomando el África subsahariana.

“En los últimos 10 años, a partir de estudios europeos y asiáticos, quedó en evidencia que el tratamiento activo con medicamentos para bajar la presión arterial en octogenarios y nonagenarios, ha resultado beneficioso, especialmente en lo referido a la disminución del riesgo de muerte por problemas de salud relacionados con la presión, pero también con disminución de otros riesgos, probablemente debido a la mejoría en los cambios en el estilo de vida en general”, postuló el especialista.

Para finalizar vale mencionar que la recomendación actual de las sociedades científicas referentes, es controlar la presión periódicamente con un agente de salud certificado, así como también realizar controles domiciliarios protocolizados con dispositivos automáticos de medición en el  brazo.

“En este sentido, debido al endurecimiento (esclerosis) de las arterias en esta población, las mediciones con dispositivos manuales y por parte de personas sin el entrenamiento adecuado resultan frecuentemente en valores que no son reales y provocan un estrés importante en el paciente y su familia, así como también consultas innecesarias en servicios de emergencias”, aclaró Obregon.

Contacto:

*Dra. Carol Kotliar
Directora del Centro de Hipertensión Arterial y Directora Asociada del Departamento de Desarrollo Académico.
Hospital Universitario Austral
CKotliar@cas.austral.edu.ar

*Dr. Sebastián Obregon
Cardiólogo del Centro de Hipertensión Arterial
Hospital Universitario Austral
sobregon@cas.austral.edu.ar

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