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Niños tecnológicos: familias desesperadas

¡¡¡“… Chicas, estoy desesperada, ¡Santi se está angustiando y rompiendo todo porque no lo aceptan en el equipo de Fortnite…!!!!”. Esta expresión se escucha cada vez más a menudo, sobre todo en los grupos de whatsapp escolares.

Maratones nocturnas, aislamiento, falta de deseo de salir a jugar, etc. es lo que está generando el fenómeno “Fortnite” que cuenta con 45 millones de jugadores en todo el mundo, abarcando 16 países.  Existen dos modalidades de juego: «Fortnite Save de Word» y «Battle Royal» siendo este ultimo el mas usado por ser gratuito. Se puede jugar de manera individual o en equipos de 2 o más personas.

El boom de este juego se suma a la reciente alarma sobre la adicción a estos productos, reconocido este año por la OMS como una enfermedad. La obsesión por este juego está repercutiendo en la trayectoria escolar y en las relaciones familiares y sociales. El uso, abuso y adicción alcanza a niños, adolescentes y adultos.

Muchos jóvenes permanecen conectados y alejados de la vida real durante más horas de las que los expertos consideran saludables, dado el uso cada vez mayor, de diferentes dispositivos electrónicos (celulares, tablets, computadoras, consolas de videojuegos).

Las reuniones de amigos pasaron a ser maratones de play, perdiéndose el juego real. Más de una vez se puede ver como a la salida de la escuela, los niños organizan juntarse en diferentes casas a jugar con diversos dispositivos, dejando de lado la plaza, la pelota, y otros juegos. La virtualidad sincronizada a determinada hora se erige como único lugar de encuentro generando dependencia y convirtiendo en «zombies» a los jóvenes, perdiendo la variabilidad de disfrutar de otras muchas cosas.

Los niños y adolescentes de hoy se caracterizan por tener la tecnología incorporada. Encuestas recientes de la Sociedad Argentina de Pediatría reflejan, que los niños pasan 5 horas/día conectados –y los adultos cuidadores también se encuentran absortos en las pantallas – generando un vacío importante en la comunicación familiar. El cuidador debe pregonar con el ejemplo (padres tecnológicos=hijos tecnológicos).

La tecnología mal utilizada, es un sustituto negativo de la interacción personal. Los niños tienen que saber que la vida es atractiva fuera de una pantalla. Es sano sentir curiosidad por otras personas, aprender a escuchar, e interactuar. Esto les enseña sobre la inteligencia emocional y social, indispensable para alcanzar el éxito en la vida.

Muchos especialistas explican que, en el entorno virtual del videojuego, los niños se sienten hábiles, capaces, admirados, sin responsabilidades y con pocas posibilidades de fracasar.

Existe evidencia suficiente que el uso excesivo de pantallas produce sedentarismo, sobrepeso, alteraciones vinculares, aislamiento y trastorno del sueño.

Si bien los padres agradecen esta forma de entretenimiento para calmar a los niños y evitar que interrumpan su propio tiempo con los artefactos tecnológicos, parecen no advertir los posibles riesgos del tiempo excesivo que sus hijos pasan en el mundo virtual.

Recomendaciones:

  • Los niños de 0-2 años tienen contraindicado el uso de pantallas, dado que su cerebro se desarrolla rápidamente durante estos dos años, y aprenden mejor interactuando con personas que con las pantallas. Los niños de 2-4 años no debieran pasar más de 1 hora/día. Niños entre 5-17 años: máximo 2 horas/día.
  • Tratar de identificar si el uso de estos artefactos está generando un problema en el niño/adolescente, tanto a nivel escolar como social y familiar.
  • Las familias deben contribuir limitando la accesibilidad y dando el ejemplo. No es conveniente prohibir su uso, sino educar en el uso responsable desde edades tempranas estimulando el pensamiento crítico para lograr a la autorregulación.
  • Familiarizarse con los recursos tecnológicos y con los contenidos de los juegos, haciendo uso de los mismos.
  • Supervisar los contactos virtuales.
  • Monitorizar el tiempo de uso, consensuar horario de inicio y fin y ser firmes con el mismo. Desaconsejar jugar antes de irse a dormir, durante las comidas o al realizar las tareas escolares.
  • Evitar la ingesta de snacks o «picoteos» durante el uso de los juegos y tablets.
  • El rol del adulto es crucial para generar alternativas, abrir espacios compartidos, que tengan un significado especial para todos los involucrados. Actividades tales como cocinar, hacer una tarea doméstica, jugar, salir a pasear, estimular la lectura y los juegos de palabras, pueden adquirir importancia para el niño si el adulto se involucra.
  • Fomentar siempre la actividad física como habito saludable, incorporándola a la rutina diaria, generando diferentes opciones. Fomentar la lectura, el juego al aire libre y a “usar la imaginación en los juegos”
  • Evitar el uso de la tecnología ante el primer reclamo de aburrimiento o como forma de calmar al niño. Hacer el esfuerzo en brindar alternativas.
  • Ayudarlos a manejar la frustración, desde la compresión y no desde el reto y la intolerancia.

Los médicos de familia y pediatras deben investigar sobre el uso de artefactos tecnológicos en todas las consultas. Recomendar, indicar y prescribir la actividad física siempre en la consulta médica y en los 3 niveles de atención.

Tanto la familia, como sistema de salud y escolar deben acompañar a los niños para generar hábitos saludables.

Un niño sano es un adulto saludable.

*Dra. Camila Giménez
*Dra. Celeste Berecoechea
Servicio Medicina General Ambulatoria HUA

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