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Descripción


La neumonía es un tipo de infección respiratoria aguda que afecta a los pulmones. Éstos están formados por pequeños sacos, llamados alvéolos, que -en las personas sanas- se llenan de aire al respirar. Los alvéolos de los enfermos de neumonía están llenos de pus y líquido, lo que hace dolorosa la respiración y limita la absorción de oxígeno.

Esta enfermedad puede ser provocada por diversos microorganismos, como virus, bacterias, hongos y parásitos. A menudo, empieza tras una infección de las vías respiratorias altas (de nariz y garganta). En estos casos los síntomas se ponen de manifiesto dos o tres días después de haber contraído un catarro o dolor de garganta.

Los virus y bacterias que provocan la neumonía son contagiosos y se suelen encontrar en los fluidos y secreciones de la boca y de la nariz de una persona infectada, por lo que se contagia al toser o estornudar. También hay que evitar compartir vasos, cubiertos y tocar los pañuelos utilizados por una persona infectada.

La neumonía por aspiración ocurre cuando una sustancia extraña, como alimento o líquido, entra en los pulmones.

Síntomas

Algunos de los síntomas más frecuentes son:

  – Fiebre (que puede ser leve o alta)
  – Escalofríos con temblores
  -Tos (con algunas neumonías se puede expectorar una mucosidad amarillenta o verdosa)
  – Respiración inusualmente rápida
  – Emisión de sonidos sibilantes y ruidos roncos al respirar
  – Respiración trabajosa que hace que los músculos intercostales se retraigan (los músculos de la caja torácica o entre las costillas se hunden con cada respiración)
  – Vómitos
  – Dolor torácico
  – Dolor abdominal
      – Inapetencia, baja energía y fatiga
  – En casos extremos, color azulado, gris o amoratado en los labios y las uñas de las manos.
  
Cuando la neumonía es de origen virósico, los síntomas tienden a aparecer de forma más gradual y suelen ser menos intensos que en la neumonía bacteriana. La respiración sibilante es más frecuente en la neumonía vírica.


Prevención y Tratamiento:

Para prevenir es importante:
– Lavarse las manos frecuentemente, en especial después de sonarse la nariz, ir al baño, cambiar pañales y antes de comer o preparar alimentos.
– Conservar los ambientes aireados y limpios
– Mantener la lactancia materna
– No fumar cerca de los chicos, ni en ningún ambiente de la casa
– Evitar los cambios bruscos de temperatura y las aglomeraciones
– Tener la vacunación al día

Existen vacunas para prevenir las infecciones por virus o bacterias que pueden provocar algunos tipos de neumonía. Los niños suelen recibir vacunaciones sistemáticas contra la Haemophilus influenzae y la tos ferina (pertusis) a partir de los 2 meses de edad (es parte de la “triple” o DPT que también protege contra la Difteria y Tétanos).

También existe la vacuna contra el neumococo, una causa habitual de neumonía bacteriana y la antigripal (incluida la pandémica H1N1), teniendo en cuenta que la neumonía suele ser una complicación de la gripe, especialmente entre los grupos de riesgo.

Los bebés prematuros, al estar en mayor situación de riesgo de desarrollar complicaciones graves, pueden recibir tratamientos que protegen temporalmente contra el virus sincicial respiratorio (VSR), que puede provocar neumonía en los niños pequeños.

Los médicos suelen hacer el diagnóstico después de explorar al paciente y pedirles diversas pruebas. Pueden solicitar radiografías de tórax, análisis de sangre y a veces cultivos bacterianos de las mucosidades o flemas producidas al toser.

El médico decidirá, entonces, si se debe permanecer o no en el hospital. Si el paciente debe quedarse internado recibirá líquidos y antibióticos por vía intravenosa, oxigenoterapia y posiblemente tratamientos respiratorios.

Aumenta la probabilidad de ser hospitalizado si:

-Existe otro problema serio de salud
-Hay síntomas graves
-El paciente es incapaz de cuidar de sí mismo o es incapaz de comer o beber
-Es un niño pequeño o tiene más de 65 años
-Ha estado tomando antibióticos en su casa y no mejoró.

Sin embargo, muchas personas pueden tratarse en su casa. Si las bacterias están causando la neumonía, el médico intentará curar la infección con antibióticos. Si la causa es un virus, los antibióticos típicos no serán eficaces. En algunos casos, el médico recetará medicamentos antivirales.

Con tratamiento, la mayoría de los tipos de neumonía bacteriana se curan en un plazo de entre una y dos semanas. La neumonía virósica puede durar más.

 

Fuentes: Organización Mundial de la Salud, Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Ministerio de Salud de la Nación, Fundación Nemours, Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria.


 

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