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Descripción


La psoriasis es una enfermedad inflamatoria, crónica, no contagiosa. Provoca lesiones inflamatorias y con descamación en la piel, que pueden producir dolor o picazón. Aparece más frecuentemente en los codos, rodillas, cuero cabelludo y en la región lumbar, sin embargo también hay casos en los que se presenta en las palmas de las manos, plantas de los pies, los labios y la mucosa genital, generalmente, en el mismo lugar a ambos lados del cuerpo.

Normalmente las células de la piel se renuevan desde sus capas más profundas, emergiendo lentamente hacia el exterior. De este modo, las células nuevas reemplazan de manera constante a las células muertas de la superficie, en un proceso imperceptible que se conoce como renovación celular. Una célula nueva tarda aproximadamente un mes en llegar a la superficie de la piel, pero cuando alguien padece psoriasis la renovación celular está acelerada y demora apenas tres o cuatro días, lo que provoca que las células nuevas, que emergen demasiado rápido, se acumulen en la superficie de la piel generando las características lesiones de la psoriasis.

En la mayoría de las personas aparece entre los 15 y los 35 años, aunque puede darse en cualquier momento de la vida. No es una enfermedad infecciosa, ni siquiera las lesiones son contagiosas, no tiene consecuencias importantes para la salud. El problema más severo para quien padece psoriasis, sobre todo cuando se extiende en grandes superficies de la piel, es su impacto estético y psicológico.

Se desconocen sus causas, aunque parece tener incidencia el factor hereditario. Algunas de las últimas investigaciones sostienen que se trata de un proceso autoinmune, por una activación indebida de los linfocitos T (células blancas que normalmente intervienen para combatir infecciones).

La enfermedad se expresa en brotes o episodios, con períodos agudos y otros de menor actividad. Pueden ser desencadenantes los factores infecciosos (bacterias, virus, hongos), determinados medicamentos, el consumo de alcohol y tabaco, el estrés, el frío, una fricción o raspadura en la zona afectada por la psoriasis, y cambios hormonales.

Las lesiones de la psoriasis pueden tener distintos aspectos. Esto depende del grado de la enfermedad y la localización en el cuerpo, entre otros factores. Pero además existen distintos tipos de lesiones:
 
– Psoriasis de placas: es el tipo de psoriasis más frecuente. Las lesiones son rojas, están inflamadas y cubiertas por escamas blancas (formadas por células muertas). Generalmente aparece en rodillas, codos, cuero cabelludo y torso.
– Psoriasis Guttata (en forma de gota): este tipo se da más frecuentemente en la adolescencia. Las lesiones son en forma de pequeños puntos rojos, un poco alargados, como en forma de gota. Suele aparecer en el torso y en las extremidades, más raramente en el cuero cabelludo.
– Psoriasis Invertida: este tipo se presenta con lesiones inflamadas y rojas, pero sin escamas. Aparece en pliegues de la piel, debido al sudor o fricciones. Por ejemplo: axila, ingle, debajo de los senos.
– Psoriasis Eritrodérmica: este tipo de psoriasis es muy inflamatoria y afecta a buena parte del cuerpo. Suele ser una evolución de la psoriasis en placas. Generalmente duele y pica.
– Psoriasis Pustulosa: se caracteriza por la aparición de pequeños granitos con pus, rodeados de piel enrojecida. Puede darse en zonas pequeñas de la piel o extendida en buena parte del cuerpo.
– Artritis psoriásica: es una inflamación en las articulaciones que afecta a algunas personas que tienen psoriasis. Puede darse en cualquier articulación. Junto con las lesiones en la piel, la inflamación en las articulaciones avanza y retrocede.


Síntomas

– Zonas enrojecidas e irritadas en la piel
– Zonas de piel seca y cubierta de escamas blancas
– Dolor y picazón en las áreas afectadas de la piel
– Lesiones genitales en los hombres
– Cambios en las uñas, tales como engrosamiento, manchas, hendiduras, etc
– En la artritis psoriásica: rigidez, inflamación y dolor en las articulaciones


Prevención y tratamiento

No es posible prevenir la psoriasis, sin embargo es importante el diagnóstico adecuado para confirmar que no se trata de otro trastorno y encarar el tratamiento apropiado.

Al ser una enfermedad crónica para la que no se dispone de una cura, el objetivo del tratamiento es controlar los síntomas y prevenir infecciones que pueden producirse por lastimaduras en la piel lesionada. La elección del tratamiento dependerá de la severidad y tipo de psoriasis; para lo que existen varias alternativas.

Se pueden indicar medicamentos tópicos (para aplicar en la piel) que ayudan a reducir la inflamación, la picazón, retardan el reemplazo celular y ayudan a descamar la piel y destapar los poros.

En los casos en que la psoriasis está muy extendida, el médico podrá evaluar un tratamiento sistémico, es decir pastillas o inyecciones, que tendrán un efecto más generalizado que la aplicación tópica.

También se utiliza la fototerapia, que consiste en la exposición a los rayos ultravioleta, ya que estos logran detener la renovación celular. Es una alternativa que tiene efectos secundarios como el envejecimiento de la piel, daño ocular y cáncer de piel, por lo que debe efectuarse bajo indicación médica.

También se realizan tratamientos combinados de varias de estas alternativas. En función de la respuesta del paciente y de su estilo de vida, pueden buscarse las terapias que mejor se adapten a cada caso particular.

 

Fuentes: CILAD Colegio Ibero Latinoamericano de Dermatología, NIAMS Instituto Nacional de Artritis y Enfermedades Musculoesqueléticas y de la Piel, American College of Reumatology, University of Maryland Medical Center, American Academy of Dermatology.

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